Damien Hirst

Damien Hirst
Damien Hirst, arte con el objeto "a"

viernes, 22 de febrero de 2019

"Eh, tú, lámpara, pañuelo, plato"

..........me atreví a formular una construcción: de niño,  a la edad de 6 año, él ha cometido algún desaguisado sexual entramado con el onanismo, y recibió del padre una sensible reprimenda. Este castigo abría puesto fin al onanismo, si pero por otra parte dejó como secuela una inquina inextinguible contra el padre y fijo para todos los tiempos su papel como perturbador del goce sexual. Para  mi gran asombro, el paciente informo entonces que su madre le había contado repetidas veces un suceso así de primera infancia, y evidentemente no había caído en el olvido porque se anudaban al suceso cosas bien singulares. Pero su propio recuerdo no sabía nada de eso. Ahora bien, he aquí el relato:
Cuando él era todavía muy pequeño, ....debe de haber emprendido algo enojoso, por lo cual el padre le pegó. Y entonces el pilluelo fue presa de una ira terrible e insultaba todavía bajo los golpes de su padre. Pero como aun no conocía palabras insultantes, recurrió a todos los nombres de objetos que se le iban ocurriendo y decía: "Eh,tú, lámpara,pañuelo, plato."   etc.  El padre sacudido cesó de pegarle y expresó: "¡Este chico será un gran hombre o un gran criminal!

lunes, 11 de febrero de 2019

El insulto, el odio y la cólera




……..el uso del significante como insulto apunta al ser del otro, apunta al otro en el lugar de lo indecible, allí donde el ser mismo excede las posibilidades de la lengua. Por eso el insulto- primera y última palabra del diálogo, según Lacan- es un intento de decir la cosa misma para tratar de circunscribirla como objeto “a” y de ese modo atrapar al otro, aislarlo y atravesarlo en su ser ahí, en su Dasein, en la mierda que es………Lacan compara el insulto con el juicio final……la sentencia final implica que el sujeto ya fue pesado y contado. En otras palabras el insulto encarna el "tú eres eso", lo que el sujeto encuentra al final del análisis. De manera general el "tú eres eso" es más bien despectivo.

Considerando el caso "Marrana" se entiende el lugar fundamental del insulto en la teoría de la psicosis en Lacan.

.............La formula del insulto aparece cuando en el desfallecimiento del Otro como lugar del significante (A/) emerge el ser del sujeto como "a", y entonces surge del fondo de la lengua un significante que intenta atrapar precisamente el momento de lo indecible. Por eso el epíteto apunta a decir lo propio de un sujeto. Y por eso el odio es uno de los caminos al ser.

Evidentemente el insulto está ligado a un afecto y se presenta cuando no hay más palabras para decirlo, cuando ya no es posible razonar, y uno se sofoca de cólera. Que se haya hecho de ella un pecado capital ya indica su importancia...todos los pecados se relacionan con el objeto "a".....Lacan nos recuerda que la cólera surge "cuando las clavijitas ya no encajan con los agujeritos". la cólera que rodea al insulto aparece en el momento en que , cuando surge "a", el se del Otro en su abyección, por más que recorra los significantes no logra encajar en ese pequeño agujerito. Luego se selecciona uno ¡cualquiera! que en la caída en la anulación de todos los significantes - que escribe A/- se salva del desastre y aparece como una flecha para intentar convertirse en el significante del ser del Otro, esto es el significante del Otro como objeto "a". Por eso la cólera es un afecto de "a".

.........................se podría definir el objeto "a" como principio de un determinismo irracional.

El banquete de los analistas, curso de J.-A. Miller pág 105, 106, 107 y 108

viernes, 1 de febrero de 2019

La cólera


Según Lacan, el odio – al igual que las demás pasiones relativas a lo simbólico – debe distinguirse con claridad de la cólera como irrupción de lo real que surge cuando, en una trama simbólica bien establecida, las clavijas dejan de entrar en los agujeritos (según la expresión de Péguy). Ello no significa que odio y cólera carezcan de relación – se puede pasar de uno a otro. ¿Pero cuál es la especificidad de la cólera? Este afecto no fue objeto de una atención especial por parte de Freud, pero en los Estudios sobre la histeria (Tomo II, pág 212-214) Breuer lo vinculó con la ruptura de la asociación y con la pérdida del sentido – algo que hoy caracterizaríamos como un quiebre en el enlace entre S1 y S2. De hecho, Lacan considera que ningún afecto y ninguna pasión, de la angustia a la cólera, puede comprenderse sino en relación con el significante.
Luego, resaltamos que si la cólera, como irrupción de un real, está necesariamente vinculada al significante, diferenciarla de la violencia nos lleva a constatar que ésta puede ser la consecuencia de aquella, en la medida en que la separación respecto del Otro puede llevar a un cortocircuito donde la palabra falta al discurso.



(argumento del Enapol 2019)

El Odio



A partir de Freud, podemos resumirlo como sigue. En el complejo de Edipo, el odio corresponde al deseo de muerte alimentado por el sujeto hacia el rival en el amor. Si la libido se enlaza con la crueldad, el odio puede derivarse del amor. Reprimido, el odio puede reforzar un amor intenso, o bien constituir la fuente de una hipermoral o de síntomas obsesivos. Un enamoramiento incipiente suele ser percibido como odio, un amor al que se deniega satisfacción se traspone fácilmente en odio, y en ciertos estadios del enamoramiento ambos sentimientos pueden coexistir. Lo que Freud llama ambivalencia tiene su fuente en el complejo paterno vinculado al crimen primordial. Pero amor y odio no tienen un origen común, sino desarrollos diversos antes de devenir opuestos bajo el influjo de la polaridad placer-displacer y de la organización genital. El odio es más antiguo que el amor: es rechazo, expulsión del Otro, y se remonta a la Ausstoßung aus dem Ich (expulsión fuera del sujeto) que constituye a lo real como lo que subsiste fuera de la simbolización. Ese aspecto original del odio es relevante, no sólo en lo que dice de la vida amorosa de un sujeto (incluida la transferencia analítica), sino también en relación con los fenómenos de masa.
Lacan propone leer el odio como una pasión del ser, al mismo título que el amor y la ignorancia. En efecto, el odio es, al igual que los otros dos, una vía en la que el ser puede formarse negando el ser del otro. Al insertar el odio en este triángulo, Lacan inaugura su crítica de la noción freudiana de ambivalencia, reconociendo el par amor-odio como la cara única de una banda de Moebius, pero tomando en cuenta que Freud demostró que sus dos aspectos no tienen soporte común. Los tres registros (imaginario, simbólico y real) permitieron situar en lo imaginario el odio nacido del interés que en los celos manifiesta el sujeto por la imagen del rival, y también la destrucción del otro situada en un polo de la relación intersubjetiva.
La crítica de la ambivalencia culminará en la noción de odioamoramiento, neologismo acuñado por Lacan (Seminario XX pág 118) como un modo de poner en su lugar el odio –que se dirige al ser– y el amor –que no implica el bienestar del otro.
J.-A. Miller enlaza la castración femenina con el odio a la feminidad y, de manera similar, el goce del Otro al odio racista. Ambas fórmulas podrían reducirse a una sola: se odia la manera particular en que el Otro goza, justamente porque no es la propia o porque sustrae la propia. Pero ese Otro es Otro en mí, o sea que la raíz del racismo es el odio al propio goce. Sin embargo, ¿cómo entender la violencia que ese racismo puede suscitar? Hay aquí algo en lo que debemos detenernos: la distinción entre odio y violencia. El odio al goce del Otro es lo que Lacan refiere al kakón. ¿Es entonces el odio un modo de constituir al Otro, aunque más no sea mediante su exclusión?
Aquí afrontamos una cuestión crucial: el crecimiento del racismo en el mundo ¿obedece acaso a la tentativa de restituir al Otro? El avance del pensamiento xenófobo, junto al aumento de los movimientos de extrema derecha cuya consigna gira en torno al odio, ¿no están al servicio de eso mismo?
También nos interesará profundizar en la distinción entre las formas de racismo, con sus correspondientes modalidades de odio.

(argumento del Enapol 2019)

martes, 15 de enero de 2019

Una nueva psicología de las masas


                                              "El reverso de la biopolítica" Eric Laurent (1)                     

"Finalmente, destacaremos que el síntoma como acontecimiento de cuerpo no condena a ningún solipsismo o individualismo. Le adviene a un cuerpo prendido en el lenguaje, es decir un cuerpo tomado en el cuerpo social con otros. Ya que el cuerpo en cuestión no es el del individuo. Mientras que la Massenpsychologie freudiana, se basa en la identificación, lo que se esboza a partir del acontecimiento del cuerpo es una nueva psicología de las masas. Los movimientos de las masas contemporáneas, las "multitudes"(2) se hacen y se deshacen en nombre de algo que desafía a la identificación. Es la contrapartida del objeto de goce en el puesto de mando de la civilización. La nueva forma política así producida no es la del sentimiento, como se dice demasiado a menudo, sino la de los afectos (3), en el sentido del acontecimiento del cuerpo"   


1) Laurent Eric. El reverso de la biopolítica Grama Ediciones 2016 pág. 24
2) Hardt M. y Negri A. , Multitude, Guerre et Democratie à l'age de l'Empire, La Découverte , Paris 2004, contraportada: La democracia a escala global se está convirtiendo....en el proyecto de la multitud.
3) London F. La societé des affects. Pour un structuralisme des passsions, Seuil, col. L Ordre philosophique, Paris, 2013 o, con otra sensibilidad polític, Hassner P., col. Les grandes éstudes internationales, París, 2015. 

sábado, 5 de enero de 2019

Indignación



De la triada que nos ocupa en este Encuentro Americano, la indignación fue la última en interesar a los psicoanalistas, a pesar de que ella se define en referencia a la dignidad, que desde siempre ha sido objeto del interés analítico.

Lacan entiende la indignación como respuesta ante una afrenta a la dignidad, tal como lo indica al comentar el choque, sufrido por Hamlet , entre la iniquidad del goce materno y el ideal encarnado por el padre asesinado.

Pensemos las pasiones del ser como pasiones del lazo con el Otro: amar al Otro, odiar al Otro,ignorar al Otro. De las tres, la ignorancia es la más próxima a la indignación, ya que ignorar al Otro puede ser el ataque más radical a su ser y debido a ello, indigna. Por otro lado alguien indignado no necesariamente es violento, u odia,o monta en cólera, de modo que la indignación tiene una especificidad que merece ser interrogada.

Lacan destaca que la raíz de agalma se vincula con el verbo agaíomai  , que significa estar indignado, y lo hace en un momento en que la agalma caracteriza a la singularidad; más aún, observa que la singularidad es la relación erótica privilegiada con un objeto que salva nuestra dignidad al hacer de nosotros una cosa única, incomparable y tempranamente hace mención de intervenciones capaces de restablecer el sentimiento de la propia dignidad. En consecuencia la indignación ha de estudiarse en su doble relación con  la dignidad y con su reverso, la indignidad.

En efecto, sabemos que la pérdida de la dignidad suele ser, desde siempre, motivo de análisis, y de hecho la indignidad puede caracterizar la posición inicial del sujeto en sus lazos sintomáticos. En nuestra práctica, podemos encontrar individuos que llegan al análisis a partir de la ruptura provocada en sus vidas por ciertas posiciones indignas desencadenadas por la violencia de la segregación u otras causas.

Hemos dicho que la indignación es el afecto que nos embarga cuando nuestra singularidad es cuestionada, desconocida o rechazada, por lo tanto hay que interrogar la relación entre la dignidad y esa singularidad que Freud llamó der Kern unseres Wesens, el núcleo de nuestro ser.

Correlativamente, el carácter digno o indigno de la posición del sujeto en las relaciones amorosas se torna un indicador del progreso de su análisis, un indice  ético-clínico del punto al cual llegó en él. Si el sujeto soporta su singularidad con dignidad y ya no precisa sacrificarla en el altar de sus lazos amorosos, puede decirse que su análisis valió la pena. Interrogar la indignación, cuando esta denuncia una afrenta a la dignidad, es entonces un modo de interrogar el análisis mismo.

Para concluir, la trama formada por estos tres significantes debe ser explorada en sus relaciones, así como en sus puntos firmes. Se plantea una cuestión ética que va desde la caracterización de la dimensión del odio, pasando por la irrupción del real del goce que caracteriza a la cólera, hasta lo que aquí llamaríamos la conquista, por parte del sujeto, de la dignidad de su síntoma.   
 

Argumento presentado por la Comisión Científica del IX Enapol, formada por:

Luiz Fernando Carrijo da Cunha (EBP) Coordinador
Gerardo Arenas (EOL)
Gustavo A. Zapata Machín (NEL)

Referencias bibliográficas:
Lacan J. El Seminario Libro 8, La transferencia , Buenos Aires : Paidós 2003 pp:167 y199
Lacan J. "La psiquiatría inglesa y la guerra" Otros escritos. p. 122
Arenas G. En búsqueda de lo singular. Buenos Aires: Grama 2010. p.140
Arenas G. La flecha de Eros. Buenos Aires: Grama 2012 p.150

martes, 1 de enero de 2019

Bassols Miquel. Sobre el Odio

El odio como vínculo y ruptura 
                                                     

                                                                                                          Miquel Bassols
                         
El odio aparece de entrada como una ruptura del vinculo social. si el amor une, el odio desune, separa.
Pero esta apreciación es sólo un primer acercamiento a las múltiples paradojas que debemos estudiar en la clínica y la pragmática de los modos de desinserción en psicoanálisis. De inmediato se hace patente que el odio es también uno de los vínculos más fuertes que el sujeto pueda mantener con el otro y sus objetos. De hecho, tal como Freud señalo en su texto princeps sobre "Las pulsiones y sus destinos", el odio es,como relación con el objeto, más antiguo que el amor, nace de la repulsa primitiva del mundo exterior. El odio llega a ser incluso el principio activo que genera ese "exterior"a partir de un rechazo original que trazará las fronteras, siempre vacilantes, con lo interior. Así, el amor y odio se muestran indisociables en su principioy no se opondrán el uno al otro sino ambos a la indiferencia. Jacques Lacan creo un neologismo, la "hainamouration", para indicar ese punto crucial de reversibilidad del amor y el odio.
Entonces el odio es también un vinculo con el objeto. Hay que precisar cuál.
En todo caso, si puede hablarse hoy de "odio social" incluso de "grupos de odio", para describir los vínculos grupales fundados en el rechazo de lo Otro es porque el odio mismo puede funcionar como un significante del vinculo social. Los grupos racistas y xenófobos, las respuestas de grupos sociales fundados en el rechazo a la inmigración o a la religión del Otro, son buenos ejemplos de ello.Es el lado  significante del odio, el que encuentra una representación en múltiples fenómenos subjetivos y sociales.
Del lado pulsional, la cuestión parece más abstrusa. Recordemos de nuevo el texto de Freud donde  afirma que la pulsión ni ama ni odia, solo se satisface.Y se satisface a expensas del amor y del odio, rodeando el objeto para volver de forma autoerótica sobre su fuente. En realidad, hace falta la aleación de la pulsión con el narcisismo, con la relación libidinal, con la imagen del propio cuerpo, para que surja el metal del amor y del odio. La satisfacción de la pulsión, que traducimos con el  término de "goce" (jouissance) puede ser entonces, ella misma, objeto del odio, del rechazo más radical del sujeto cuando lo experimenta como un goce del Otro.
Situamos en esta vertiente toda una serie de fenómenos que el término "desinserción" puede muy bien agrupar por los efectos que produce como formas de vínculo y de ruptura. Son los fenómenos subjetivos más paradójicos que encontramos en el odio a lo más querido, en el pasaje al acto de la violencia dirigida a lo más próximo, incluso a una parte del propio sujeto: la violencia llamada de modo tan inapropiado "violencia de género", la violencia ejercida voluntaria o involuntariamente hacia los niños, hacia los locos, hacia los sujetos que son objeto de la exclusión social, pero también el acto suicida que apunta a tocar la raíz de ese odio en el propio sujeto...
En esta vertiente , es cierto, no se promueven grupos o asociaciones fundadas en el odio dirigidos  estos objetos. El goce, en su vertiente más intolerable, no promueve el vinculo social sino su ruptura en el retorno más puro de la pulsión sobre el propio sujeto.
Quedan por ver entonces las formas que toman este retorno cuando el objeto del odio se revela como inseparable del propio sujeto.   

Contribución a la preparación del Encuentro Pipol 4 sobre "Clinica y pragmática de la desinserción en psicoanálisis". Barcelona 11 y 12 de Julio de 2008