martes, 21 de junio de 2016

Un caso de femicidio

La siguiente viñeta clínica fue trabajada en el marco de las actividades que tuvieron lugar el pasado mes de mayo en el IOM2-CID-Jujuy. 
El caso fue presentado por Sergio Higa, miembro y docente del CID Jujuy y los comentarios estuvieron a cargo de Graciela Ruiz como docente del IOM, miembro de la EOL y de la AMP. Luego de los comentarios se dio lugar a un debate con la participación de los asistentes al curso que organiza este año el Cid Jujuy titulado "¿Cómo se forman las parejas?".
Se trata de un hombre que mató a su pareja y estando en prisión  consulta por no saber cómo decirle a sus hijos pequeños lo sucedido.
La conversación clínica sobre este caso de “femicidio”, apuntó a despejar las coordenadas del pasaje al acto, o sea ese  real que aparece en los bordes del discurso a causa del discurso mismo.  


Presentación de Sergio Higa:

A. asiste al Consultorio Externo de psicología y  a un Grupo para hombres con problemas de violencia, de un hospital público. Es reconocido por sus pares debido a su talante siempre rígido, y a que cuando saluda ejerce una fuerte presión al dar la mano. Tiene la apariencia estética de un hombre de los años 80: esconde su rostro detrás de unos grandes anteojos con un viejo marco de metal, viste ropa impecable, no dejando ningún detalle al azar. Siguiendo la misma línea de su cuerpo, tiene una visión hipercrítica de todo, anteponiendo siempre el deber y la moral.

El motivo por el cual solicitó hacer psicoterapia es porque no sabe cómo decirles a sus hijos la causa de su estadía en prisión, ellos saben que él está preso porque hizo algo malo pero no saben qué, saben que la madre de ellos está muerta pero no saben cómo murió. Actualmente tienen 9 y 11 años, viven con una hermana de A., quien utiliza el dinero de los alquileres de propiedades de A. para criarlos. Sólo mantienen comunicación telefónica y, respecto de su encierro, se limita a decirles que está preso porque hizo algo malo y que pronto volverán a estar juntos.

Es el menor de seis hermanos y como tal “siempre ligaba los trapos rotos pero para navidad nos compraban algo nuevo a todos”. Dice que de chico recibió una educación muy estricta por parte de su padre quien lo golpeaba a menudo, no dejándole pasar ningún error. Estuvo internado como pupilo en un colegio católico desde los ocho hasta los quince años. Se encoleriza cuando dice haber visto varias veces a los curas abusar sexualmente de sus compañeros “yo sé la porquería que es la Iglesia Católica, por eso me hice Testigo de Jehová… entre el internado y la cárcel llevo diez y siete  años en cautiverio”.

La mayoría de las veces, sus dichos se tiñen de una moral llevada al fundamentalismo, testimoniando acerca de los momentos en que hizo existir la justicia, como aquella vez que, volviendo del campo con su familia, se detuvieron a recolectar frutos de un árbol dentro de una finca, hasta que fueron sorprendidos y atacados a pedradas por el sereno del campo, entonces A. organizó a sus familiares para capturarlo, golpeándolo hasta el punto de dejarlo inconsciente, dice que a pesar que tuvieron que dividirse para escapar de la escena sin dejar rastros “ese infeliz no se escapó”. Es que si el Otro de la transgresión se le escapa, experimenta un tormento constante que no cesa. Una vez, unos desconocidos entraron a robar a la casa de su madre y la golpearon fuertemente, dándose luego a la fuga, desde entonces llevaba consigo un arma con la esperanza de encontrar a los delincuentes.

Comenzó a trabajar de muy joven como ayudante de un hombre mayor en el comercio de comestibles, y valiéndose de una estricta disciplina, consistente en mentalizarse todo el tiempo en sus objetivos a corto, mediano y largo plazo, logró independizarse en pocos años y se abrió camino en el mismo rubro.

Cuando su situación económica mejoró decidió contratar una empleada doméstica, eligiendo a una joven de  diez y ocho años que trabajaba limpiando el negocio de un amigo. Ella era veinte años menor y al poco tiempo de comenzar a limpiar su casa iniciaron una relación amorosa. Entonces la llevó a la casa de su madre para que aprenda a cocinarle las mismas recetas y a realizar los quehaceres del hogar igual que ella: limpiar, planchar, acomodar la ropa, etc. Luego la inscribió en el monotributo y sin preguntarle, la puso a trabajar “para que avance económicamente, era buena pero muy quedada no tenía ambiciones, yo tenía que andar detrás de ella para que haga las cosas, sino no hacía nada… con ella tuve que ser muy estricto”. Hasta allí había logrado una continuidad sin falta entre su madre y su mujer ya que le hacía aprender todo tal cual los modos de cocinar, planchar y limpiar de su madre.

Paralelamente dice que nunca pensó que la mujer estuviera disconforme con la vida que llevaban ya que nunca le cuestionaba nada, ni siquiera cuando le dijo que quería tener dos hijos “una mujer y un varón para que siga el apellido”. Cuando se lo indaga acerca de ¿qué opinaba ella? de trabajar, tener esos hijos, aprender a hacer los quehaceres tal como su madre, etc. responde “cuando yo le decía que tenía que hacer las cosas nunca me dijo nada”.
Su vida  por ese entonces le parecía perfecta, salvo por el trago amargo del robo a su madre que le dejó un tormento psíquico que no cesaba, las cosas le venían saliendo tal como las planeaba. Fue por esos días que su esposa le comunicó una noticia que cambiaría el curso de su vida.

Aproximadamente un mes después del robo a su madre, su mujer, por primera y única vez, le dijo que necesitaba decirle algo, le pidió que se siente y le confesó que no era feliz con él, que su vida era una tortura, que había conocido a otro hombre y que había decidido irse con él. Le dejaría a los chicos y no le haría ningún problema por la parte económica. La presentificación de su mujer como distinta de su madre, del momento en que le mostró su deseo, tuvo una respuesta instantánea, sin intermediación del pensamiento: la mató disparándole con la pistola que llevaba siempre consigo para capturar a los ladrones que habían asaltado a su madre.

En la cárcel ha logrado acceder al periodo de confianza de manera muy anticipada si se lo compara con el resto de los internos. Es que a pesar de haber asesinado de un tiro en la cabeza a su esposa y madre de sus dos hijos de tres y cinco años, al momento del hecho, ha logrado ganarse la confianza de todo el personal como así también el respeto de sus compañeros de pabellón. No quiere volver a hacer pareja cuando salga. No registra la posibilidad de que su mujer no haya aceptado su plan de vida, considera que si bien hizo mal en matarla y mucho más en dejar sin madre a sus hijos, la responsable fue ella por haber querido abandonar a sus hijos, por querer dejarlo sólo con todo ese proyecto de vida, por no haber mostrado su desacuerdo cuando él le iba diciendo el paso a paso del plan de vida que tenía proyectado.


Antes de irse en la última entrevista me pide un papel y escribe “también los perros tienen testículos, pero eso no los hace a unos más machos que otros, no te vanaglories de tus conquistas, todo eso es vanidad. Serás el hombre que debas ser el día que tengas un corazón limpio, sólo entonces agradecerás a Jehová”, al respecto dice “es que hay hombres que siembran hijos por todos lados y las dejan a las mujeres sufriendo… yo me considero un edificio en construcción que vino un temblor y se derrumbó, pero ahora estoy construyendo con  firmeza desde abajo”. 

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