martes, 24 de julio de 2012

Grupos de Investigación

La violencia y los medios de comunicación
Dentro del marco del VEL (Departamento de estudios lacanianos sobre la violencia) este grupo de investigación pretende abordar los fenómenos de violencia en los medios. Tanto en la violencia que se ejerce en los medios como en el tratamiento que los medios hacen de la violencia. Como psicoanalistas sabemos que la comunicación no existe, y nos proponemos abordar eso que está más allá de todo enunciado al respecto. Queremos saber que puede decir el psicoanálisis sobre esta cuestión.

Gustavo Kroitor: psicoestudio1@gmail.com



Violencia escolar y familiar

Proponemos la apertura de un grupo de investigación que se dedicará a abordar, los llamados fenómenos de violencia escolar y familiar desde la orientación lacaniana.
Se abrirán una serie de interrogantes, a partir de la enseñanza de Freud y Lacan, para dirimir las características especificas de los fenómenos actuales de violencia, en el ámbito de las familias y la escuela. ¿Qué es lo realmente nuevo?
La investigación se referirá a los lazos libidinales entre padres e hijos, docentes y alumnos y sus procesos de disolución.
Las instituciones escuela y familia se anuda al discurso jurídico.

Maria Cristina Fierro Verri: macfiever@hotmail.com

Tanto en las familias, como en las instituciones escolares, se produce la paradoja que se genera entre la universalización –como derecho de todos – y los procesos de segregación concomitantes.
Proponemos la consideración del estatuto juridico del niño y sus cambios.
¿Cuáles han sido las modificaciones legales respecto del estatuto jurídico del niño a partir de la Revolución Francesa?
La perspectiva del niño como sujeto de derecho se diferencia del estatuto del niño como objeto plus de goce según la articulación del discurso analítico.

Maria Laura Marandino: mlmarandino@hotmail.com


"Modernidad y Violencia: una mirada desde la filosofía

Coordinación: Laura Arias
lauriarias@yahoo.es

- En la reflexión filosófica contemporánea sobre teoría y praxis, la violencia ocupa un lugar central. Por lo cual esta propuesta consiste en investigar las raíces de la violencia en la modernidad y las consecuencias que produjeron  la alianza entre la técnica moderna y la más racional negación y mecánica aplicación de la violencia: las políticas totalitarias. Solo así pudo el nazismo desarrollar el proyecto único en la historia de destrucción de una raza. La  teórica voluntad de poder en una apropiación indebida de Nietzsche- acabó en la fatal  exaltación del cuerpo biológico. Por esto, teniendo en cuenta en nuestro contexto psicoanalítico la admisión de Freud en El malestar en la cultura de la presencia de una pulsión de muerte, trataremos de investigar su manifestación en la modernidad bajo las formas discursivas que condujeron a la barbarie nazi, a los fenómenos de segregación, al racismo, a la exclusión y a la pregnancia superyoica de la modernidad.

- La cuestión de la violencia siempre ha estado presente en la filosofía occidental desde su origen en la Grecia Antigua.  Varios son los autores que inciden en el carácter originario de la violencia en el pensamiento y la cultura occidental y en su vinculación con la violencia de los acontecimientos. Asimismo, el primer asesinato que narra la Biblia es el de Caín matando a Abel.  Los encadenados en la caverna (Platón), una vez liberados y obligados a caminar hacia la luz, son índice de una doble violencia: la de su esclavitud a la ignorancia y la consiguiente de su forzada liberación. El mismo discurso filosófico no ha dejado de hacer referencia a la violencia: Estado de naturaleza (Hobbes), "la insociable sociabilidad (Kant), el resentimiento (Nietzsche) o la necesidad de reconocimiento y las violencias asociadas a este (Hegel). En su prólogo al libro de Fanón, Sartre dice: Hay que matar.  Hannah Arendt nos desafía a pensar lo impensable. Pero ya Montaigne había advertido: "Cada uno designa como barbarie lo que no es de su uso.

- La constante presencia de este rasgo de violencia, aunque larvado en el pensamiento occidental, se manifiesta en la violencia de los conceptos, en la misma discusión filosófica y en el establecimiento de cierta idea de Occidente que se proyecta desde un monoteísmo dogmático hasta una racionalidad excluyente. Es decir, ancestrales violencias epistemológicas, ejercidas por el saber hegemónico de turno, tratan de imponer su paradigma y alcanzan su culmen en la modernidad, cuyo saber ilustrado acaba siendo el saber absoluto de una razón técnico instrumental: dialéctica de la razón ilustrada (Adorno) o ciencia y técnica como ideología (Habermas). En la comprensión ilustrada-idealista, late, entonces, el reconocimiento de una fuente de la razón que, por así decir, no es racional, y que acompaña y constituye a esa misma razón a lo largo de un progreso que a lo sumo se podrá domesticar bajo algunas formas, pero no erradicar.

- ¿Estaríamos, pues, ante la violencia en sí misma como  hecho insoslayable que indicaría un defecto o factor constitutivo de la razón? En un contexto político, la violencia se distingue del poder. En opinión de Hannah Arendt, la violencia es la negación de la política, se aleja del poder que es lo contrario de la violencia. En su contribución a una crítica de la violencia, Benjamin elabora una exposición de los dos momentos principales de violencia jurídica: la que instaura al Derecho y la que lo conserva, es decir, la violencia que persigue imponer una ley y aquella que trata de conservarla: la naturaleza del gobierno. Al momento de reconocer la libertad moderna, hemos de atestiguar que el primer acto de violencia no proviene de otro, sino de nuestras propias acciones. En ese sentido, la segregación expresa una derrota: no poder tomar al otro como un fin en sí mismo -tal como lo postulado por Kant- constituye uno de los problemas de la filosofía idealista occidental: el olvido del otro. Filosofía que reduce, violentándolas, todas las formas de alteridad.

- Temas centrales: Derecho romano y cristianismo, Modernidad, Viena fin de siglo, pensamiento trágico,  totalitarismo, Auschwitz, malestar en la cultura, superyó.

Autores de referencia: Max Weber, Hannah Arendt, Walter Benjamin, Adorno, Horkheimer, Marcuse, Michel Foucault, Habermas, Giorgio Agamben, Peter Sloterdijk, George Steiner, Lévinas, Sartre, Camus, Sorel et alter.

Bibliografía: Se indicará con anterioridad a cada una de las reuniones en las que se vayan a tratar y discutir los correspondientes contenidos temáticos.


Editado por Sandra Pazos

sábado, 16 de junio de 2012

Segregación y racismo

La Segregación constitutiva

Marcelo Marotta (*)

En el marco de lo que, a mi entender, caracteriza la tarea de un Ateneo de Investigación presentaré un estado de trabajo referido a la investigación que me suscitó la lectura de dos párrafos de la versión oral de la Proposición de Octubre, donde Lacan afirma:

“La solidaridad de las tres funciones capitales que acabamos de trazar halla su punto de reunión en la existencia de los judíos. Lo cual no ha de asombrar cuando se conoce la importancia de su presencia en todo su movimiento.

Es imposible liberarse de la segregación constitutiva en esta etnia con las consideraciones de Marx, y mucho menos con las de Sartre. Por este motivo especialmente la religión de los judíos debe ser cuestionada en nuestro seno".

Conviene en primer lugar ubicar el contexto conceptual en el cual Lacan produce estas afirmaciones. Acababa de indicar que, como condición previa de una crítica al nivel del psicoanálisis en extensión, se deben tomar tres puntos de referencia, que a su vez se reparten en los tres registros de lo simbólico, lo imaginario y lo real. Para una mejor comprensión podemos tomar los párrafos que se refieren al mismo tema en la versión escrita de la Proposición. (También contamos con un artículo de la revista Uno por Uno N° 35, donde Diana Etinger trabaja estas cuestiones.)

El primer punto de referencia que toma Lacan y que ubica en lo simbólico, es la discusión acerca del lugar que ocupa el mito edípico en la doctrina. En lo imaginario habrá que estudiar el “tipo existente” de sociedad psicoanalítica, aquí se refiere a la IPA, que se caracteriza por la estructura de grupo, tal como lo quiso Freud. La promoción de los efectos de identificación que allí se producen, se encadenan a la manera de concebir los finales de análisis. Por fin en lo real, habrá que considerar el “advenimiento, correlativo a la universalización del sujeto procedente de la ciencia, del fenómeno fundamental cuya erupción puso en evidencia el campo de concentración.” Se trata entonces del nazismo como precursor de los procesos de segregación cada vez mayores. Lacan encuentra una congruencia entre esos fenómenos de segregación y la segregación intelectual del psicoanálisis mismo, lo que conlleva a la extraterritorialidad científica de la IPA, algo que ya había tratado en su escrito “Situación del Psicoanálisis y formación del psicoanalista en 1956” y que presenta como prefacio de la Proposición. Es así como considera que el psicoanálisis se mostró sensible a esas formas de segregación, no dejando, dice, “a ninguno de sus miembros reconocidos en los campos de exterminio”. Pero, podemos agregar, que eso también tuvo como correlato un mayor retorno al grupo y una disminución en la producción de la doctrina: “El análisis aparece así protegiendo a sus partidarios por una reducción de los deberes implicados en el deseo del analista.” Así es como lo plantea Lacan en la primera versión de la Proposición, marcando “el horizonte complejo... sin el cual no se podría configurar la situación del psicoanálisis “, luego de lo cual vienen los párrafos por los que nos interesamos al inicio: “La solidaridad de las tres funciones capitales que acabamos de trazar halla su punto de reunión en la existencia de los judíos....etc, etc."

Debemos comentar que esta explicitación no aparece en la segunda versión de la Proposición, allí más bien se interroga si, considerando el origen de Freud, su introducción natal, dice, en el modelo secular de este proceso, (parece referirse aquí al proceso de segregación) debemos atribuirle el asegurar en su grupo el privilegio de la flotación universal con la que se benefician instituciones como la iglesia y el ejército. Podríamos referirnos aquí a la influencia que la tradición judía tuvo en la obra de Freud. Lo abordaremos más adelante.

Es evidente que Lacan no sólo busca respuestas, sino que al mismo tiempo propone que nosotros también las busquemos, que investiguemos sobre estos temas que se refieren al anudamiento entre el psicoanálisis en extensión e intensión. Y eso es lo que hoy intentaremos realizar.

1) Algo sobre las referencias

a) La cuestión judía según Marx
Si bien Lacan comenta que es imposible liberarse de la segregación constitutiva de esta etnia con las consideraciones de Marx, tomamos en cuenta que lo cita y, por lo tanto, fuimos a investigar.

En el texto de 1844, “La sagrada familia”, Marx y Engels, polemizan con Bruno Bauer y en el capítulo 6 presentan distintos planteos que fundamentalmente se centran en el modo de abordar y caracterizar la cuestión judía. Marx cuestiona, por ejemplo, que se considere el tema de la religión sólo desde el punto de vista religioso. La naturaleza de la cuestión judía es económica, política y al mismo tiempo religiosa. No se debe explicar al judío real por medio de la religión judía, sino que hay que explicar a la religión judía por medio de los judíos reales. Para Marx, entonces, el judaísmo real, profano, y como consecuencia el judaísmo religioso, es constantemente producido por la vida burguesa moderna y encuentra su última expresión en el sistema financiero. El judaísmo no se ha conservado por cuestiones religiosas y a pesar de la historia; sino que se conservó y se desarrolló por, en y con la historia y ese desarrollo hay que buscarlo en la práctica industrial y comercial y no en la teoría religiosa. La vida tenaz de la religión judía se la explica por los elementos prácticos de la sociedad burguesa, que encuentra en esta religión un reflejo fantástico. La emancipación humana y la liberación del hombre del judaísmo, debe ser considerada como una tarea práctica general del mundo moderno, del cual Marx afirma que es judío hasta lo más íntimo de su ser. Se comprueba cómo Marx busca la solución tomando al que denomina el judío real o profano identificándolo además con el mundo de las finanzas.

Para Lacan la cuestión de la segregación constitutiva pasa por la religión. Pero antes de ver cómo aconseja abordar este tema, recorramos un poco las consideraciones de Sartre

b) La cuestión judía según Sartre
Sartre, en su libro de 1944 “Reflexiones sobre la cuestión judía”, enmarca la autosegregación a partir de su idea del hombre como un ser “en situación”. Para él el ser humano forma un todo sintético con su situación biológica, económica, política, cultural, etc. Percibimos aquí un modo de conceptualizar opuesto al de al inadecuación estructural entre el sujeto y el Otro, tal como lo planteamos en psicoanálisis. Para Sartre todos tienen en común una condición, un conjunto de límites y sujeciones. Por lo tanto si queremos saber quién es el judío debemos indagar su situación. Luego de considerar que la comunidad judía se ha vaciado poco a poco de los caracteres nacionales y religiosos, a causa de la dispersión a que se vió obligada por las largas persecusiones padecidas; se pregunta qué es lo que le permite conservar una apariencia de unidad, y responde que es porque viven en el seno de una comunidad que los considera judíos, y porque tienen una situación común de judíos. El judío es perfectamente asimilable por las naciones modernas, pero se define como aquel que las naciones modernas no quieren asimilar. Desde esta perspectiva debemos considerar que la autoconciencia judía termina siendo una consecuencia del antisemitismo. Hipótesis con la cual Hannah Arendt presenta un desacuerdo, puesto que convertiría al antisemitismo en una doctrina por la cual el odio al judío sería una reacción normal y natural a la que la historia concedería más o menos oportunidades, y donde los estallidos de violencia no precisarían ninguna explicación porque serían consecuencia natural de un problema eterno.

c) La cuestión judía según Hannah Arendt
Esta autora se opone también a la idea de un eterno antisemitismo que algunos judíos tomaron erróneamente como garantía de la eterna existencia y cohesión de su pueblo, ya que la considera una superstición que es parodia de la idea de eternidad inherente a una fe en su calidad de pueblo elegido y con una esperanza mesiánica. Sostiene que los portavoces de cierta tradición judía convencieron al resto que su aislamiento se debía a la hostilidad de los gentiles y a su falta de ilustración. Esta teoría llegó entonces a constituirse en una prolongación del mito de pueblo elegido, desembocando en nuevas y complicadas prácticas de separación. Es así como propone que se estudie la disociación judía del mundo gentil y más específicamente del entorno cristiano, puesto que la auténtica supervivencia del pueblo judío dependió de tal separación voluntaria y no como se supuso, de la hostilidad de cristianos y no judíos. Sólo en los siglos XIX y XX , el antisemitismo desempeñó un papel para la conservación del pueblo

Precisamente es con esta última idea de la separación judía del entorno cristiano, con la que Freud concluye su “Moisés y la religión monoteísta”, lo que nos conduce a tomar en cuenta sus consideraciones, como una referencia obligada para tratar el tema que nos ocupa.

2) La segregación constitutiva según Freud
Cuando en la obra citada ya culminó su desarrollo del acontecer histórico objetivo del judaísmo, y luego de haber comentado la aparición de la doctrina cristiana, afirma que “ sólo una parte del pueblo judío aceptó la nueva doctrina. Los que se rehusaron se llaman todavía hoy judíos. Por esa división se segregaron de los demás todavía más tajantemente que antes.” Más adelante con la continuación del párrafo nos sugiere que, para ese momento histórico, no corresponde decidir si sólo son los judíos los que se segregan puesto que, simultáneamente, también son segregados por los otros, es así que leemos : “Tuvieron que oír de la nueva comunidad religiosa,(...)el reproche de haber dado muerte a Dios. Explicitado, ese reproche rezaría : “No quieren tener por cierto que ellos han dado muerte a Dios, mientras que nosotros lo admitimos y hemos sido purificados de esa culpa.”

Efectivamente el tema es ampliamente tratado en esta obra, “Moisés y la religión monoteísta“, que escribió entre los años 1934 y 1938 y fue editada en forma completa en 1939, cuando Freud ya estaba en Londres.

La primera referencia surge al describir la decisión de Moisés de mandar a circuncidar a su pueblo, constituyéndose éste en un signo que los aislaría y les impediría mezclarse con los pueblos que iban a encontrar en su éxodo, imitando así a los egipcios que se habían segregado de todos los extranjeros. Más adelante, cuando comenta la redacción final del Hexateuco, donde queda históricamente asegurada la fijación definitiva del tipo judío, aclara que “en esa reforma se tomaron en serio las estipulaciones que tenían por fin la santificación del pueblo todo, se estableció la segregación respecto de los pueblos vecinos mediante la prohibición de los matrimonios mixtos, se confirió forma definitiva al Pentateuco, el genuino libro de la ley, y se dio cima a aquella refundición conocida como “Código Sacerdotal.”

Una de las explicaciones que Freud encuentra con relación al odio al judío, se sostiene en la tesis de los celos de los otros pueblos por haberse presentado como el elegido de Dios; algo que les imponía la religión mosaica, elevándoles el sentimiento de sí y comprometiéndolos a segregarse de los demás para preservar su cohesión. Al mismo tiempo, esa religión, los constreñía a progresar en la espiritualidad, abriéndoles el camino de la alta estima por el trabajo intelectual y hacia ulteriores renuncias pulsionales. Como es el padre quien, en última instancia, pide esa renuncia y porque la paternidad es un supuesto edificado sobre un razonamiento y sobre una premisa, y no por el testimonio de los sentidos, para Freud, estas últimas condiciones demuestran que el judaísmo se sostiene en una religión que expresa una vuelta a las relaciones primordiales del sujeto con el padre. A su vez, este retorno al padre también expresa el carácter neurótico de la religión y de la posición del sujeto.

3) Algunas consideraciones de Lacan
El cuestionamiento que propone Lacan a la religión de los judíos, debe ponerse en serie con el otro cuestionamiento que él mismo realiza del papel y del deseo de Freud en el psicoanálisis, ya sea en la cura o en el movimiento psicoanalítico, donde el inventor del psicoanálisis, encontró un límite en el padre. Cuando critica al Edipo freudiano, Lacan también cuestiona lo que, por ejemplo en “Moisés y la religión monoteísta”, aparece como una exaltación de la figura del padre. Entonces, en esta obra, Freud realiza una interpretación desde el judaísmo. Sin embargo también debemos tener en cuenta que en el escrito “Subversión del Sujeto...”, Lacan comenta que el sacrificio de Abraham no liberó su secreto a Freud, ya que en “Tótem y tabú”, para salvar al padre inventó su asesinato, “contraponiéndose a la tradición judaica que apelaba al sacrificio ejemplar del hijo, del hijo de Abraham.”, tal como lo comenta Miller en un Seminario dictado en Brasil en 1991,

Lo cierto es que Lacan pone en cuestión lo que queda de religión en el psicoanálisis, proponiéndose colocarlo con relación a la ciencia por su vía de matemas. Así es cómo, sirviéndose de Freud, el padre del psicoanálisis, pretende ir más allá de él, y lo hace al cuestionar al padre promoviéndolo como un nombre del padre entre otros, y también cuando funda su Escuela y luego cuando presenta su Proposición sobre el analista de la Escuela.

Como no podemos liberarnos de la segregación constitutiva en la etnia judía con consideraciones de Marx o de Sartre, entonces debemos cuestionarnos la religión de los judíos a partir de nuestra propia doctrina y en el interior del trabajo de la Escuela. Ella tiene como corazón de su experiencia ese más allá del análisis o más allá del padre, que se plantea en el procedimiento del Pase, cuando nos permite verificar el advenimiento del deseo del analista. Desde esta perspectiva la segregación constitutiva también puede ser un paradigma de la posición del analista. Miller lo comenta en “El síntoma charlatán”: “El judaísmo es una... ética de la separación. Es la posición de objeto a, rechazado en la historia, por lo menos la occidental. Por esta razón tiene que ver con la posición del analista.” Podemos comprobar una segregación que se constituye para quien, al final de la experiencia, con la caída del sujeto supuesto al saber, quedará reducido a ese puro desecho que es el objeto a. Al mismo tiempo, agregaremos que con ese trabajo de Escuela intentamos tramitar esa otra segregación constitutiva que es inherente a toda formación de grupo, mediante una lógica del uno por uno.

Finalmente, de acuerdo con la enseñanza de Lacan, también podríamos homologar la segregación constitutiva con ese momento de la constitución del sujeto cuando, sustrayéndose al Otro, “se aparta de allí y lo torna incompleto” como lo comenta Miller en “Los signos del goce”. Así probaríamos la segregación constitutiva del sujeto neurótico, quien tendría un lugar en el Otro contándose allí, aunque por más esfuerzos que haga para contarse en ese Otro, éste no podrá “satisfacer lo que es una sustracción subjetiva profunda, de la que la lengua testimonia con el lapsus o el chiste.”

Constatamos que nuestro avance fue lento y que apenas hemos podido esbozar algunas hipótesis como para seguir trabajando, pero Freud nos libera de todo pecado cuando recuerda al poeta: “si no se puede avanzar volando, bueno es progresar cojeando”. Por nuestra parte sabemos que queda aún un camino a recorrer.

(*) -Presentación realizada el 24/8/1998-
       -Libro: "Lecturas de lo nuevo. Una investigación sobre la épica y
                     la pulsión"

Editado por Sandra Pazos, 16/06/12



La ciberguerra se perfecciona

Por Juan Gelman

Cada vez más. “Flame”, el último virus detectado, goza de una complejidad que lo convierte tal vez en el más poderoso del planeta. Sólo puede ser producto de conocimientos tecnológicos muy avanzados de un país. Lo descubrieron por casualidad en el 2011: la Unión Internacional de Telecomunicaciones, organismo de la ONU, solicitó a Karsperski Lab la investigación del gusano que el año anterior había atacado a miles de Macs en diferentes regiones del Medio Oriente –y no sólo–, particularmente en Irán, el blanco preferido, pero también en los territorios palestinos, Siria, Líbano, Sudán, Arabia Saudita y Egipto. El laboratorio Kasperski, con sede central en Moscú, es famoso a nivel mundial por su capacidad de producir antivirus informáticos de gran calidad.

Ver nota completa:
Publicado el 10/6/12 en Diario Página 12 - Contratapa

Editado por Sandra Pazos, 16/06/12.


 

sábado, 31 de marzo de 2012

Nueva iniciativa del VEL


“La violencia en las instituciones. Espacio de debate”

La investigación del departamento sobre los fenómenos de violencia
incluye, a partir de este año, un espacio de debate sobre la violencia en
las instituciones. Nos interrogaremos acerca de cómo se presentan y se
abordan dichos fenómenos, en las diferentes instituciones, jurídicas,
educativas, asistenciales, recreativas, deportivas……
Atenderemos a las respuestas posibles y a los impasses que desafían y
exigen una reinvención del psicoanálisis de aquellos que enfrentan las
dificultades de intervención sobre estos fenómenos.
Aspiramos a saber un poco más, en la Babel en la que estamos inmersos,
acerca de la función de interprete que el analista debe asumir en la discordia
de los lenguajes.

La cita será los terceros miércoles de cada mes.

La primera reunión, el 18 de Abril, en la EOL:

El abuso en cuestión
Discurso jurídico-Discurso analítico

Presentan y comentan: Alicia Farinati,
Maria Laura Marandino y Horacio Gargano

(Invitamos a participar a  quienes trabajando en Instituciones enfrentan hechos de violencia)

jueves, 29 de marzo de 2012

Terceras Jornadas del Departamento de Estudios Lacanianos sobre la violencia
VEL
violencia
estudios lacanianos

ICdeBa-CICBA

La violencia: ¿Síntoma social de la época?
2 de Junio de 2012, de 9 a 14 hs.


Escuela de la Orientación Lacaniana
Callao1033, 5º piso. Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Informes, inscripción y entrega de trabajos: vel.trabajos@gmail.com
Requisitos para la presentación de trabajos: la extensión de los trabajos
no deberá exceder la cuatro hojas escritas con doble interlineado.
(8.000 caracteres con espacios)
Fecha limite para la entrega de los trabajos 10 de Mayo

lunes, 5 de marzo de 2012

La violencia: ¿síntoma social de la época?

El lunes 26 de Marzo, comienza el seminario de este año.
El tema: La violencia. ¿Síntoma social de la época?

La primera clase estará a cargo de Carlos García en diálogo con Marcelo Marotta.

El primer paso es la precisión de "síntoma social" en la eseñanza de Lacan. Un tema en el que se avanza articulando Freud con Marx según la orientación lacaniana.

Las clases del Seminario se dictarán en la sede de la EOL, los segundos y cuartos Lunes de cada mes a las 13,30hs.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La violencia en las paredes (un comienzo).

Gabriel Vulpara

Hablando a las paredes, se interesan algunas personas. Es seguro que las paredes, en lo que se llama un asilo, el asilo clínico, las paredes, a pesar de todo, no son poca cosa.
Jacques Lacan – Hablo a las paredes
Hay que forjar lo nuevo, y nos esforzaremos en hacerlo.
Jacques-Alain Miller – El ser y el Uno

La violencia, y no la palabra, se muestra una constante en eso que de algún modo se quiere que sea salud mental comunitaria. Y el analista, con semblante de psicólogo y el mandato del Amo insistiendo detrás, se mete en la villa, el campito, la pobreza… Aunque allí las palabras sobran (¡faltan!), y -claro- no hay un Otro: allí -desde adentro y desde afuera- se busca eximir la responsabilidad subjetiva y hacer del pasaje al acto la transacción con la cotidianeidad.
Hace poco más de seis meses, F se presenta en la unidad sanitaria pidiendo ver al “psicólogo petisito, porque me dijeron que ese no es careta”. Situación, entonces, del semblante sin careta. La postura de F es desafiante, su imagen busca la intimidación; entra al consultorio y dice “Me mandan del Esteves, ¿ud. me va a curar?” (“me mandan ¿me cura?”: ¿esa es, de lo simbólico, la función hoy morfoseada?) La mención del neuropsiquiátrico zonal me permite dirigirme a su dicho sin responderle. Y F explica que estuvo internado hasta hace unos días “porque creen que estoy loquito”.
Su internación fue a causa de un episodio del que F puede dar cuenta sólo parcialmente. Cuando mataron a su amigo de la infancia Totó, atacó, golpeó a “dos de los pibes de la otra cuadra”: “me desesperé cuando lo vi muerto, todo ensangrentado, no sé qué pensé, no pensé en nada. Me di vuelta, estaba muy sacado. Dicen que gritaba como loco, pero no se entendía nada lo que decía. La cana me llevó, yo ni sabía dónde estaba. Terminé en el Esteves, dopado, no podía dejar de llorar y temblar, estuve como tres días así”. Salió del hospital con mucho enojo porque, narra, “me dejaron ahí tirado más de un mes y nadie me daba bola, nadie hablaba, siempre había uno distinto, y ni sabían quién era yo”. Cuando lo llevaban a consultorio “parecía que una máquina me hacía las preguntas, si yo preguntaba no me contestaban y eso me ponía loco”. La orden de derivación no abunda en palabras: Diag. DSM IV F23.81 (trastorno psicótico breve con desencadenante grave), se mantiene medicación, se solicita tratamiento psicoterapéutico externo. Dice F que “yo ni sé qué es eso, cuando pregunté, a la salida, me dijeron que era para que lo lea el psicólogo”. Desestimando la clasificación, le digo que es un pedido de tratamiento, pero que me parece mejor ofrecerle un lugar para hablar. Al final de esa primera entrevista pregunta “¿entonces voy a venir a hablar con vos?” Respondo que ya está viniendo, y que lo espero el martes próximo.
Ese amigo, Totó, era, en palabras de F, “un buen pibe, hablaba con todos, él hacía la diferencia porque trabajaba y no se drogaba”. Tenía una novia muy buena, amiga de F, ahora ella vive con la madre de Totó y F indica que se ocupa económicamente de ambas (“¡son buenísimas!”, exclama).
Al promediar tres meses de sesiones dedicados a narrar la vida en la villa (“ya sabés, es cualquiera, todos viven a los tiros, cada uno se la banca solo”), surge que esos chicos que él golpeó quizás no tuvieron relación con la muerte de Totó, sino que eran de un grupito de consumidores que le tenían bronca a su amigo, y envidiaban su grupo, “porque con Totó no se consumía ni se transaba, y al que le gustaba, bien, sino, se pudría todo”. Explica F: “Totó más de una vez me cagó a palos, porque yo fumaba caño, y hasta llegué a vender”, “pero sé que así está todo mal, es para problemas”. F, antes, tenía una regla: “en la villa es así: no hablás, escuchás, estás atento a todo”. Yo intervengo: “en la villa o afuera, para que te escuchen tenés que hablar”. F se ríe “ahora hablo como loco”. Respondo: “como loco no, como cuerdo”. A la siguiente sesión cuenta que le dio vergüenza y no me dijo, pero tuvo que preguntar qué es “cuerdo”, que a él sólo le sonaba a recuerdo, y que el recuerdo de su amigo le vuelve siempre. Pero que está más tranquilo porque ahora sabe que no está loco; que se fue de mambo con lo que hizo. No quiere caer en eso de nuevo, tiene dos personas para cuidar “por Totó”. Respondo exclamando “¡por el recuerdo de él, que estaba re-cuerdo!” Llora, y dice: “¡Yo me porté mal, a mí me tocaba antes que a Totó, y lo mataron a él!”.
Y en ese punto, la irrupción de la dimensión de auto que Miller[1], en 1993, elucida en todo pasaje al acto. Un auto-castigo tan presente en el pasaje al acto como ausente en él el sujeto. Ese auto-castigo que habrá sido fuera de discurso, pero que hoy en la palabra se da lugar. Palabra que la reducción a una tabulación diagnóstica y una siempre dispuesta medicación excluyen, haciendo allí violencia. F en sus golpes ciegos y mudos mató, dejó caer muerto, a ese F que se portaba mal, y al que le tocaba morir. La oportunidad de transitar aquello que de diversa suerte se sustraería en un nuevo salto, la dio lo que del análisis hace un singular en el dispositivo de salud mental universal (cuya única definición seria es la inserción social[2]). En las paredes de ese hospital que codifica sin escuchar el llanto ni el temblor, en las de un consultorio donde la máquina nada sabe del Uno, sino sólo del ser en su semblante, en las de una unidad sanitaria que no se requiere sino psicoterapéutica, el sujeto no tiene palabras ni lugar: queda fuera nuevamente, como en el pasaje al acto. Sin embargo, Lacan ya lo advirtió en su quinto seminario[3]: si no hay palabras, hay violencia. Tal vez por eso F pudo volver al consultorio y decir, en sus términos, minutos después de la segunda entrevista: “Gracias, doc, por escucharme”.
No perpetuar la violencia, sin la conducción a una terapéutica sanitarista del como todo el mundo, sino en la senda hacia lo singular del goce. Esa es la tarea. Y la apuesta. Hoy nos lleva más allá, porque el caso no termina aquí, en las palabras. Aquí empieza.
Al pasaje al acto lo enfrentó la cana; al ser lo codificó el hospital; al sujeto lo hizo surgir la escucha. Pero dice Miller, este año[4]: “ya no podemos decir que la experiencia analítica es a nivel del sujeto de la palabra”, “el sujeto es la hipótesis que se hace sobre el Uno como Real, [el Uno que] se imprime sobre el cuerpo”. Allí, desde ese cuerpo que golpea, ese cuerpo dado vuelta, sacado, dopado, tras lo que hubo de escucha, debe advenir la lectura: allí está el trabajo del analista en el siglo XXI.




[1] Miller, Jacques-Alain (1993) Jacques Lacan: Observaciones sobre su concepto de pasaje al acto, en Infortunios del acto analítico, Bs. As.: Atuel. p.48
[2] Miller, Jacques-Alain (2011) Sutilezas analíticas, Bs. As.: Paidós. P. 63.
[3] Lacan, Jacques (2000) El seminario, libro 5: Las formaciones del inconsciente, Bs.As.: Paidós. p. 228
[4] Miller, Jacques-Alain (2010-2011) El ser y el Uno; curso de la Orientación Lacaniana III, 13. Clase del 30-3-11. Inédito