domingo, 19 de julio de 2015

Transexualismo Néstor Yellati


"Por otra parte, quizás en tiempos de Freud el delirio era la única forma en que la posición transexual podía ser dicha, su núcleo de verdad, de la misma manera que las conversiones eran la única manera en que las histéricas podían hablar de sus fantasías sexuales.
El psicoanálisis, al dejarlas hablar, al interpretar el mensaje inconsciente, silenció sus cuerpos. ¿Por qué no pensar que el enunciado transexual no sólo no es psicótico sino que por el contrario evita la construcción delirante?
Por otra parte, la ciencia y sus derivaciones técnicas en la medida que responde a la demanda de transformación ¿no evitaría el desencadenamiento psicótico en lugar de producirlo?
Sólo una abundante casuística, más que una elucubración teórica, permitirá dirimir la cuestión."

http://www.enapol.com/es/template.php?file=Textos/Transexualismo_Nestor-Yellati.html

Elegir el propio sexo: Usos contemporáneos de la diferencia sexual. Francois Ansermet


"Encontrarse frente a la demanda de un paciente que quiere cambiar de sexo puede dejar perplejo al clínico. Tanto más perplejo en la medida en que hoy resulta cada vez más posible intervenir directamente sobre la naturaleza. La demanda transexual se encuentra así con el “deseo de introducir un cambio en lo real actuando sobre la naturaleza, haciéndola obedecer, movilizándola y utilizando potenciándola”. [15] Como quiera que sea, no se puede someter lo formulado por el paciente a los ideales estandarizados del sexo. No se puede decir en su lugar qué es lo que está bien para un sujeto. Es posible, en cambio, ayudarlo para que ponga sus elecciones a prueba de aquello que, tal vez, se juegue en ellas sin que él lo sepa, introducir un cuestionamiento allí donde la certeza ocupa todo el lugar, descubrir con él los aspectos desconocidos de su determinación, de su creencia en esa identidad que quiere alcanzar, en reemplazo de aquélla que el destino anatómico le asignó."

http://virtualia.eol.org.ar/029/Lo-femenino-y-la-sexualidad/PDF/Elegir-el-propio-sexo.pdf

miércoles, 3 de junio de 2015

Comentarios realizados por la coordinadora de la mesa "Ficciones de la época"



                                                                María Elisa Banzato

Ficciones de la época, es el nombre de esta mesa, que reúne tres trabajos bajo dos articuladores: la ficción y la época.
Podemos advertir que la ficción remite a múltiples sentidos; ante todo, el fingir, pero también, el simular, el aparentar, e incluso, el inventar.
Simulación, apariencia, imitación e invención son rasgos que encontramos en estos tres trabajos. Espejos de una época que hoy se quiebran y fragmentan.
De la época, toman, los tres trabajos, un magnífico recurso ficcional, la ficción cinematográfica.
Tres trabajos que nos muestran el estallido de algunas ficciones de la época, o mejor, ficciones que nos atravesaban en el siglo anterior.

Una versión de estas ficciones es la de “Los muchachos no lloran”. Una película que es una ficción de un suceso real. Que, a su vez, en su título mismo, muestra una ficción del siglo anterior, que “los hombres no deben llorar”.
Es la trama de la gran simulación que debe montar Brandon, un joven transexual, a fin de vivir acorde a estas ficciones de la época: más allá de una forma de vestir o de comportarse, los hombres son fuertes, no son cobardes, no pueden llorar.
Como Gabriela Triveño señala, el psicoanálisis ha destacado que el inconsciente no se rige por el dato biológico. Sin embargo, este joven es violado y asesinado al descubrir, sus agresores, que biológicamente era mujer.
Cuando la ficción se quiebra – cuando el semblante falla, dice Gabriela – irrumpe lo real, bajo su dimensión de violencia.
Violencia que introduce la cuestión de la segregación, como rechazo al goce del Otro, ajeno y odiado. Una violencia segregativa de la diferencia.

Otra versión de las ficciones de la época es que “los niños no mienten”.  Esta vez, la película “La caza” nos muestra uno de los excesos de la época – el abuso del abuso.
Como Ricardo Vila señala, también están delimitados los lugares ficcionales, ya asignados para hombres y mujeres, como lugares de oposición: armas versus hijos.
Podría pensarse  que “el excesivo aguante” del protagonista, constituye una falla del semblante, que hace de Lucas, el personaje, “la presa perfecta para ser cazado”.
Que “los niños, a veces, mienten” – como dice Marcus en la  película – produce la falla de esa ficción, desencadenando la irrupción de la violencia.
La película nos muestra el desarrollo de la violencia segregativa, donde Lucas es rechazado y excluido, golpeado y hasta intentado cazar, asesinar.
Cazado al modo del Homo sacer, del que da cuenta Giorgio Agamben, pues parece que no hay delito en flagelar el cuerpo de Lucas.

El tercer caso nos muestra la vía de una invención delirante, que Mónica toma de otra película – “Transformer”.
Nos muestra la falla de otra ficción: la de los vestidos. “Los hombres se visten de hombres; las mujeres, de mujeres.” “Hay cosas de hombres y cosas de mujeres”. Ficción que comienza a quebrarse allá por los ’70, con la ‘moda unisex’.
En Mónica se produce un estallido de esa ficción cuando se encuentra metida en ese “vestido al cuerpo y tacos”. La “parte de mujer” que la hacía “sentir travesti”.
Menos perturbadora es la apariencia de ‘rockero’, aunque lo que no la dejaba en paz son “los abusos” que llevaba “puestos” – casi como un vestido – y a los que define como “lo que hacen los otros, que yo no quiero”.
El título de la película, “Transformer” – al que Mónica le da un valor neológico – le permite una suerte de pacificación, de estabilización, al menos por ahora, de armonía entre  su “sentirse hombre” y esa “parte de mujer” que la llevaba al fracaso constante de una ficción, de un semblante que no puede construir.  
La intervención de la analista, ubicando una “extracción”, posibilita el “transformer” entre ‘el rockero’ y ‘el travesti’, logrando una ‘transformación” entre su “pensar como hombre” metido en una “coraza de mujer”, alcanzando una provisoria “armonía” en su ‘cuerpo propio’.