domingo, 26 de julio de 2009

"Vengo como violento"

J.-A.Miller
Fragmento del Curso 12 de noviembre de 2008

"El discurso del amo supone una identificación del sujeto por un significante. amo.
Este significante amo, puede tomar el valor de ser la cifra, condición de la evaluación, es también la explicación, y es también la categorización. No se conocerá sujeto más que en tanto estará afectado por una categoría, el niño, el adulto, el viejo, por ejemplo, categorías que reparten a la población, y por lo tanto no es el sujeto al que conoceremos, conoceremos un ejemplar de la categoría.
De este modo, el discurso del amo produce un cierto número de categorías y de categorías clínicas. Cuando formulamos. La obesidad es el mal del siglo después de haber formulado La depresión es el mal del siglo – está puesto en juego sucesivamente-, tenemos una clínica del amo en la que estamos evidentemente obligados a alinearnos. Somos llevados a validar estas categorías aportando refuerzos con lo que nosotros, con las reservas o con el saber que nosotros hemos acumulado por otra parte. Hay que decir, este funcionamiento está en vías de darse a pleno. El discurso del amo, especialmente en Europa pero también en los Estados Unidos, es actualmente pródigo en una nueva clínica, una clínica de significantes amo, que nuestros colegas italianos llaman gentilmente monosintomáticos. Para decir que se trata de una clínica organizada por significantes amo.
Sobre la base de estos significantes amo se pone al trabajo el saber, S2:
En particular se pone al trabajo el saber del psicoanálisis, que está allí en posición de esclavo, inscripto en la estructura del discurso del amo. No son abstracciones, son verdaderamente estructuras significantes, en efecto, donde no tenemos dificultad en encontrar el contenido empírico que se nos presenta todos los días y que se ostenta.
El problema, es que hay un elemento en todo caso que queda allí inasimilable, es el factor que tiene virtualmente la posibilidad de desreglar el conjunto, pero se encuentra en el fondo rechazado por este discurso.
Mientras que es precisamente este elemento: a, inasimilable, que ocupa el primer puesto en el discurso del analista que funciona con un saber inexplicable: S2, es decir un saber que no puede encontrar su lugar en el funcionamiento del discurso del amo que exige por el contrario la explicitación y la transparencia. Y el sujeto en función en el discurso del analista: $, es un sujeto que no está allí capturado en tanto que portaría rasgos, en tanto que portaría significantes amo. Esos significantes amo: S1, por el contrario, son rechazados y por el solo hecho de comprometerse en la experiencia analítica, podemos decir que el sujeto está virtualmente despojado de ellos:
Por lo tanto, no es en tanto que ejemplar de una categoría de la población que se hace un análisis. Y cuando uno va a establecimientos que están orgullosamente bautizados con esos significantes amo: Vengo como SDF, vengo como precario, vengo como niño, vengo como obeso, vengo como etc., ya al admitir eso, estamos en el costado del discurso analítico. Entonces, podemos ciertamente introducir una dialéctica, y decir: primero es necesario que el sujeto admita sus significantes amo para poder desembarazarse de ello – el lenguaje permite aquí todos los giros de prestidigitación. No obstante esas estructuras son la inversa una de otra."

sábado, 25 de julio de 2009

Pasantía en la Facultad de Psicología

Nuestra colega Marisa Morao, integrante del Departamento, nos envió esta información para su difusión:

Título de la pasantía: Violencia. Modos de intervención en los dispositivos clínicos y socio-comunitarios

Coordinador general: Lic. Marisa Morao

Colaboradores docentes y tutores: Lic.Diego Díaz, Lic. Virginia Notenson, Lic.Tomás Haas, Dra.Alejandra Zurita, dr.Jorge Blidner, Lic. Pilar Novillo, Lic. Romina Godoy,Lic. Héctor González, Lic. Félix José Chiaramonte, Lic. Sandra Tuccio, Lic. Silvia Brodsky.

Instituciones donde se desarrollará la actividad:

S.E.N.A.F (Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia) Teniente Gral. J. D. Perón 524 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires

P.A.I.D.A. Programa de asistencia e investigación de las adicciones

-Comunidad terapéutica Tekove-Roga, Isla Silvia. Muelle 3 Río Lujan Tigre.
-Servicio Ambulatorio- Centro de día. Instituto Garrigós- Paz Soldán 5200. Ciudad Autónoma de Buenos Aires

-D.I.N.A.I (Dirección Nacional de jóvenes infractores a la ley penal)

Residencias educativas:
Centro de admisión de residencia “La esquina”.
Curapaligue 783. Ciudad Autónoma de Buenos Aires


CENARESO
Centro Nacional de Reeducación social- Ministerio de Salud
Combate de los Pozos 2133 (C1245AAS) Ciudad Autónoma de Buenos Aires

HOSPITAL GENERAL DE AGUDOS DR. TEODORO ALVAREZ
Aranguren 2701, pabellón I. Ciudad Autónoma de Buenos Aires

HOSPITAL DE NIÑOS RICARDO GUTIERREZ
Gallo 1330 (1425) Ciudad Autónoma de Buenos Aires

CENTRO PERIFERICO RAMON CARRILLO
Avda. Tomkinson 2130
San Isidro
Dependiente de la Municipalidad de San Isidro

Modalidad, día y horario de cursada:

Cuatro horas semanales de práctica en la institución a elegir y dos horas en el espacio de articulación teórico-práctico, los viernes de 18.00 hs. a 19.30 hs. en Hipólito Irigoyen, aula 16.

Inicio: 4 de septiembre

Finalización: 6 de noviembre
Duración: cuatrimestral
Dirigido a: profesionales de la Salud mental

Reunión informativa: Viernes 21 de agosto en H. Irigoyen. Aula 16

Informes: Secretaría de Extensión Universitaria – Facultad de Psicología- Universidad de Buenos Aires
H. Irigoyen 3242


jueves, 16 de julio de 2009

La etica del psicoanálisis II

Las paradojas del goce, entre prohibición y trasgresión.
J. Lacan en El Seminario 7 “La Etica”, en un apartado que denomina “Las paradojas del Goce”, nos aporta importantes consideraciones sobre la prohibición y la trasgresión, nociones afines a la problemática de la violencia.
Lacan sigue la referencia freudiana sobre el mito de Tótem y Tabú y su relación con las religiones monoteístas y resalta el hecho de que es la muerte, el asesinato del padre, del gran hombre lo que está en el origen de la ley y de las religiones.
Refiriéndose al asesinato del padre.
…..Tras lo cual se instaura un consentimiento inaugural que es un tiempo esencial en la institución de esa ley…….Freud la identifica con la ambivalencia….es decir el retorno del amor una vez realizado el acto.”
“….la muerte del padre no solo no abre la vía hacia el goce, sino que refuerza su interdicción”
[1]
La muerte de Dios engendra la vigencia del verbo y de la verdad que de este se deduce. Lacan acentúa la importancia del amor al padre y de su papel en la normalización del deseo. Esta importancia no deja de ser una desmistificación del padre en tanto está del lado del Dios que no existe.[2]
A este acto del asesinato del padre y sus consecuencias, Lacan lo llama, falla interdictiva.
Una de las paradojas se encuentra en los efectos en torno a esta interdicción, si la prohibición se franquea, o sea se produce un ejercicio del goce, se inscribe una deuda en el libro de la ley. Si por el contrario la falla es tomada en el otro sentido, podríamos decir, de obediencia a la interdicción, el goce gira hacia la interdicción y produce su reforzamiento creciente.
“Cualquiera que se dedique a someterse a la ley moral ve siempre reforzarse las exigencias siempre más minuciosas, más crueles, de su superyó.”[3]
Esta paradoja nos hace suponer algo único en la raíz de la interdicción y la trasgresión.
Si una trasgresión es necesaria para acceder al ejercicio del goce, esto nos muestra para que sirve la ley. El goce solo se logra apoyándose sobre las formas de la ley.
El goce al mismo tiempo se amortigua por la interdicción, esta sirve para salir de una satisfacción corta y estancada, para salir de los caminos trillados que dejarían al hombre girando en redondo, dominado solo por el goce autoerótico. Lacan concluye así el estrecho nudo entre deseo y ley. [4]
Nos parece importante confrontar las diferencias y coincidencias entre la ley moral y el principio del placer como dos posibilidades de mantener al sujeto alejado de ese ejercicio del goce que señalamos, con Lacan, como el mal. Debemos considerar, por un lado, el alcance y el límite de la prohibición como modalidad de distanciamiento del sujeto del mal, incluyendo la paradoja antes citada y, por otro, el principio del placer como esa composición significante singular del sujeto que se produce a nivel inconsciente y que no se regula por premisas universales. Y que también tiene el efecto de alejar al sujeto del goce del más allá.
……..Guardemos las leyes con las que sólo podemos encontrar el camino de la Cosa, que son las leyes de la palabra con las que se cierne.[5]

[1] Ibidem, p. 214.
[2] Ibídem., p.220
[3] Ibídem, p.214
[4] Ibídem, p.215.
[5] Lacan Jacques “¿Es el psicoanálisis constituyente de una ética a la medida de nuestro tiempo?” Conferencia de Bruselas, 10 de Marzo de 1960, en Uno por Uno. Revista Mundial de Psicoanálisis, Nº 39
1994, Edición Argentina, p. 16.

martes, 14 de julio de 2009

La Etica del psicoanálisis



Nuestro interés por la violencia puede encontrar respuestas en El Seminario sobre la Etica[1], si nos dejamos orientar por las articulaciones que Lacan hace allí sobre el mal, la prohibición, la ley y la trasgresión.
La maldad
El Seminario de la Etica es el contexto en el cual Lacan precisa una teoría del mal.
El mal queda ubicado en el acceso al das ding, a la Cosa, a la zona pulsional en la que se accede al objeto primordial. Este objeto primordial está dentro del registro de un real que queda excluido de toda operación de significantización.
El Das Ding es el correlato mismo de la ley de la palabra en su origen más primitivo, como la primera Cosa que pudo separase de todo lo que el sujeto comenzó a nombrar y articular.[2]
El acceso a la Cosa es transgresivo y es identificado como un ejercicio de goce que cuando está enlazado al semejante entraña el mal del otro, lo que es reconocido como maldad.
Lacan cita a Freud, en El Malestar en la cultura.
“Quienes prefieren un cuento de hadas hacen oídos sordos cuando se les habla de la tendencia nativa del hombre a la maldad, a la agresión, a la destrucción y también, por ende, a la crueldad…..
El hombre intenta satisfacer su necesidad de agresión a expensas de su prójimo, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente, sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimiento, de martirizarlo y de matarlo.”
[3]
El ejercicio de este goce es más allá del principio del placer.
Así como la palabra funda la Cosa, la palabra también funda la distancia de la Cosa, los mandamientos de la ley moral preservan esa distancia de la Cosa misma. Va en este sentido el comentario que Lacan hace sobre la ley del incesto.
"El deseo de la madre no podría ser satisfecho pues es el fin,…la abolición de todo el mundo de la demanda, que es el que estructura más profundamente el inconsciente del hombre."[4]
Si tomamos el mundo de la demanda, tal como está citado en el párrafo anterior, podemos ubicar la otra versión del das ding que es la de constituirse como el bien para el sujeto.
Es en torno a este das ding que gira todo el movimiento de las representaciones gobernadas por el principio regulador que es el principio del placer. La tendencia a volver a encontrarlo funda la tendencia del sujeto hacia el objeto que encuentra en el fantasma su expresión. El principio del placer gobierna la búsqueda del objeto y le impone sus rodeos, que conserva su distancia en relación a su fin.[5]
" Solo así el sujeto se relaciona con lo que en el horizonte, se presenta para él como su bien. Su propio bien ya está indicado como la resultante significativa de una composición significante que es llamada a nivel inconsciente.."[6]
El moralista usa también el bien para mantenernos alejados de nuestro goce, aunque es una intención difícil de lograr, por la paradoja del goce mismo y porque además la maldad como goce es el núcleo más profundo del hombre. Una maldad que se encuentra muchas veces dirigida hacia si mismo, de ahí la imposibilidad de obedecer el mandamiento, que la naturaleza del bien altruista formula como “Tú amaras a tu prójimo como a ti mismo”.

[1] Lacan J. El Seminario Libro 7 (1959-1960) Buenos Aires, Paidós, 1988.
[2] Ibídem, p.103.
[3] Ibídem., p.223. (Par la cita de Freud, consultar Obras Completas de S. Freud, Amorrortu Editores, Tomo XXI, p. 107, Buenos Aires, 1979)
[4] Ibídem.,p.85
[5] Ibídem , p.74
[6] Ibídem., p. 90.

viernes, 3 de julio de 2009

"No le digan pasión es asesinato"







"Asesinato, cuchillos, balazos. Sin embargo, como ocurren dentro de una pareja, son llamados "crímenes pasionales". No hay un asesino, hay un apasionado. Vamos de nuevo: ¿Quién no quiere una pasión?Justamente: pasión es algo que va más allá de uno, que te sacude y te hace otro. Un otro romántico, loco por amor, desgarrado, herido, excusable.Vamos despacio: ¿locura de amor? Si de algo es víctima el victimario no será de su gran corazón sino de una larga tradición, ensalzada en el cancionero popular, que indica que las mujeres les pertenecen a los hombres, de una vez y para siempre: cuando están de novias, comprometidas, casadas. Y después, por qué no. Una tradición que indica que el honor de los varones se juega, en parte, en el manejo de esas mujeres. Y que ese honor, esa hombría, esa identidad, se irán al tacho si la mujer "se les retoba". Honor, derecho de propiedad, poder de uno sobre otro. Si no hace falta embellecer un crimen, ¿por qué hablamos de pasión? Porque si de eso se tratara: ¿Será que -como decía la abuela- las mujeres somos menos apasionadas, que nos toca casi siempre morir, casi nunca matar en este contexto? Gracias, de ese pasión, paso."

http://www.clarin.com/diario/2009/07/03/opinion/o-01951505.htm

El cliché "crímenes pasionales" connota una causa subjetiva, la explicación no se agota en un mero impulso criminal. Lacan en su escrito "Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología" (1950) plantea que el psicoanálisis irrealiza el crimen y no deshumaniza al criminal. En el mismo sentido, afirma la inexistencia de los "instintos criminales" por un lado y al crimen como irreductiblemente subjetivo por el otro. Estas reflexiones hechas dentro del discurso analítico lejos están de desresponsabilizar al sujeto de su acto y van más allá de la descripción del nivel fenoménico. Para el psicoanálisis se parte de la evidencia del hecho, pero se interroga al sujeto en cuestión. La nota señalada reniega porque las relaciones entre los sexos estan determinadas por la dominación y el sentimiento de propiedad, del poder de uno sobre otro. Atribuyendo este interés en exclusividad a los hombres, y explicando así el acto de violencia del hombre hacia la mujer "que se retoba". Sabemos sobre las razones de estructura de este sentimiento que no es solo del hombre, ni tampoco de la relación de pareja y que en el caso de la mujer puede encontrar su máxima expresión en la relación madre- hijo. Vale la pregunta ¿Porqué las mujeres mayormente no comenten actos de violencia tan evidentes en las circunstancias de pérdida del objeto de amor?

martes, 30 de junio de 2009

Vergüenza y culpabilidad

NOTA SOBRE LA VERGÜENZA / Jaques-Alain Miller (fragmento)
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¿Qué sucede con el psicoanálisis cuando no hay más vergüenza, cuando la civilización tiende a disolver, a hacer desaparecer la vergüenza? Lo cual no deja de ser paradójico, pues es tradicional plantear que la civilización va aparejada con la instauración de la vergüenza.

Quizás podemos formular que la vergüenza es un afecto primario de la relación al Otro. Decir que este afecto es primario es sin dudas querer diferenciarlo de la culpabilidad. Si quisiésemos adentrarnos en esta vía, diríamos que la culpabilidad es el efecto sobre el sujeto de un Otro que juzga, por lo tanto un Otro que protege los valores que el sujeto habría transgredido. Diríamos de la misma manera que la vergüenza tiene relación con un otro anterior al Otro que juzga, un Otro primordial, no que juzga sino que solamente ve o da a ver. Es por ello que la desnudez puede ser tomada como vergonzosa y ser recubierta -parcialmente si la vergüenza cae sobre uno u otro órgano- independientemente de todo aquello que sería del orden del delito, del daño, de la transgresión, a lo que daría lugar. Es por otra parte de esta manera inmediata como ella es introducida en una de las grandes mitologías religiosas que condiciona el movimiento, o condicionaba, el movimiento de nuestra civilización. Podríamos plantear también que la culpabilidad está en relación con el deseo mientras que la vergüenza está en relación con el goce que toca lo que Lacan llama, en su Kant con Sade, "lo más íntimo del sujeto". Lo enuncia a propósito del goce sadiano en tanto que atravesaría la voluntad del sujeto para instalarse en lo más íntimo de él, lo que le es más íntimo que su voluntad, para provocarlo más allá de su voluntad y más allá del bien y del mal, alcanzando su pudor - término que es el antónimo de la vergüenza -.

Lacan califica este pudor, de manera sorprendente y al mismo tiempo enigmática, de ser "amboceptivo de las coyunturas del ser". Amboceptivo quiere decir que el pudor está atado, que se toma, tanto del lado del sujeto como del lado del Otro. Él está doblemente enganchado en el sujeto y en el Otro. En cuanto a las coyunturas del ser, es la relación al Otro la que hace la coyuntura esencial del ser del sujeto y que como tal se demuestra en la vergüenza. Lacan lo explicita diciendo que "el impudor de uno basta para constituir la violación del pudor del otro".

En esta relación inaugural, no hay vergüenza solamente de lo que soy o de lo que hago, sino que si el otro atraviesa los límites del pudor, es el mío el que por ese mismo hecho se ve alcanzado. Es una manera de dar vergüenza que no es exactamente la que indica Lacan al final de su seminario. La experiencia de la vergüenza descubre aquí una ambocepción o una pseudo-coincidencia del sujeto y del Otro.
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lunes, 29 de junio de 2009

De eso no se habla II


Déborah Fleischer
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2. Abuso sexual y criminalidad infantil
Si bien ya los tribunales victorianos tuvieron bastantes casos de delitos sexuales con niños, la seducción o la violencia no eran catalogadas como crueldad contra los niños. El discurso de la época no ligaba ambos hechos. En 1961-1962, llegó el sintagma “abuso infantil” a EE.UU. Un grupo de pediatras de Denver llamaron la atención sobre reiteradas lesiones en niños pequeños. Lo anunciaron como el síndrome del niño apaleado. Una vez lanzado el grito de alarma, los niños apaleados entraron en un subconjunto de la clase “abuso infantil”, que acogió posteriormente en su seno el “abuso entre hermanos”. Los juegos sexuales entre niños con una diferencia de edad considerable sugirió la violencia entre niños. Otra cara de la cuestión fue el uso que se dio a “tocamientos indecentes” en el centro de rencorosas disputas en procesos de divorcio. Se plantearon cuestiones que llevaron a diferenciar “tocamientos” buenos y malos y cómo enseñar a los niños a diferenciarlos. La prostitución infantil no figuró durante mucho tiempo como abuso infantil. Una de las consecuencias más importantes de sacar a la luz el abuso infantil en la familia es que retroactivamente muchos hombres y mujeres se ven ahora como alguien de quien se ha abusado sexualmente. Se da el fenómeno de ver retrospectivamente como abusos unos sucesos que no fueron conscientemente experimentados como tales. ¿Por qué no fueron denunciados en su momento? ¿Porque se gozó de ellos? Freud en el caso Emma de Estudios sobre la histeria, la pequeña que volvía a la panadería donde le habían tocado los genitales, describe dos momentos del trauma. El momento en que ocurrió realmente y cuando se resignifica posteriormente, siendo este segundo el que desencadena síntomas por episodios que en su momento no fueron “malos” y sólo retroactivamente fueron interpretados así (Hacking, 2001). Goodman en 1990 dirá “Alguien se ve ahora a sí mismo como sometido a abusos porque tiene un nuevo concepto en cuyos términos comprenderse a sí mismo”. Esto inaugura dos perspectivas: una, que los sucesos fueron vividos como “malos” en su momento y reprimidos, otra, que los sucesos no fueron “malos” en su momento, abriendo un interrogante sobre la responsabilidad del sujeto en esos acontecimientos.
El aumento de la violencia ya no de los adultos, sino infantil, se atribuye a los desplazamientos migratorios, primero, a los trabajos urbanos con exigencias extrañas a los ritmos rurales, después, a la incorporación de niños y adolescentes al trabajo extra-doméstico, a la participación de aquellos en episodios transgresores, a la no injerencia del Estado en los asuntos de familia. Los primeros tribunales de menores se crearon en Estados Unidos, en el estado de Illinois, en 1899. Anthony Platt, en su libro Los salvadores del niño o la invención de la delincuencia, afirma que estos tribunales representaban un intento punitivo, romántico e intrusivo de fiscalizar la vida de los adolescentes urbanos de clase baja y mantenerlos en su status de dependencia. Anticipo de lo que actualmente se llama Labelling approach, etiquetamiento. (Ver Intebi, 1998)
Actualmente en Gran Bretaña la quinta parte de los delitos son cometidos por menores. En EE.UU. mueren 16 niños por día por armas de fuego.
La respuesta tradicional por parte de las autoridades americanas ante el incremento de criminalidad ha ido en el sentido de acentuar el rigor del castigo. Luis Seguí (2000) afirma que se está retrocediendo más de un siglo al condenar a niños y adolescentes, pretendiendo bajar la edad penal a los once años en algunos estados, y relaciona esta política con la negativa de los Estados Unidos de suscribir la Convención Internacional sobre los derechos de la infancia.
Hay diversas hipótesis “científicas” sobre el aumento de la criminalidad en los niños difundidas elementalmente por los medios masivos de comunicación:
a) El profesor Brandon Certer Wall de la Escuela de Medicina Comunitaria de Washington dice: “si no hubiera televisión, hoy habría 10.000 asesinatos, 70.000 violaciones y 700.000 asaltos menos en EE.UU
b) Randy Nelson y Edward de Maeyer recurren a factores genéticos para explicar lo que conduciría a la violencia en el hombre. Enunciado de esta manera no explica el aumento. Es una afirmación muy general.
c) El decano del Instituto de Investigaciones Antropológicas de México dice que la violencia corresponde a factores educativos y culturales y no genéticos.
d) El profesor Fabricio Calvano propone como temas de futuro la disciplina y la autoridad. Así planteado no parece ser una causa o explicación de la criminalidad de la niñez –o su aumento.

Como vemos, distintas hipótesis científicas difundidas en forma elemental por los medios masivos de comunicación hacen que por la irrupción del delito en niños y adolescentes quede cuestionada la institución moderna de la infancia inocente, haciendo de ese modo vacilar uno de los supuestos del discurso jurídico: la inimputabilidad del niño. Esta infancia inocente fue cuestionada a principios de siglo por Sigmund Freud cuando introdujo un revulsivo intelectual, develando que existía una sexualidad infantil y que los niños lejos de ser aquellos seres ingenuos y asexuados que los puritanos habían inventado, son sujetos capaces de desear, de erotizarse, de buscar la satisfacción de sus pulsiones, e incluso de hacer el mal.
Estas cuestiones nos llevan a preguntarnos por el secreto profesional
1) Si bien ubicamos al niño como sujeto responsable, ¿desresponzabiliza esto a la familia? Podemos indicar que el eslabón más sufrido de estos fenómenos, el de la infancia, suele volverse inquietante puesto que la falta de coordenadas estables consigue agitar la violencia familiar al afectarse el circuito de los intercambios por la mutación de los lugares asignados.
2)Está comprobado que el Estado interviene cuando el niño es un peligro, pero ¿quién detecta cuando el niño está en peligro?
3)En relación con el secreto profesional, éste no rige cuando el consultante está en un serio riesgo, al punto de que la omisión de la denuncia puede constituir un delito de abandono de persona.
En el abuso sexual, otro nombre de la violencia ejercida sobre los cuerpos, el psicoanálisis se topa con un borde que requiere, como siempre, necesariamente la no neutralidad del analista, quien debe decidir con un acto. La decisión oscila entre, por una parte, el “ya no creo en mi neurótica” freudiano, cuando descubre que muchas veces el padre perverso de la histérica es una versión ligada a la fantasía inconsciente y, por otra parte, las circunstancias de la realidad que pueden poner en riesgo a la persona que consulta.
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