Responsables del VEL: Ernesto Derezensky,Marcelo Marotta y Graciela Ruiz. Gustavo Kroitor, Ernesto Rizzo y Patricia Sawicke.
martes, 9 de junio de 2015
miércoles, 3 de junio de 2015
Comentarios realizados por la coordinadora de la mesa "Ficciones de la época"
María
Elisa Banzato
Ficciones de la época, es el nombre de
esta mesa, que reúne tres trabajos bajo dos articuladores: la ficción y la
época.
Podemos
advertir que la ficción remite a múltiples sentidos; ante todo, el fingir, pero
también, el simular, el aparentar, e incluso, el inventar.
Simulación,
apariencia, imitación e invención son rasgos que encontramos en estos tres
trabajos. Espejos de una época que hoy se quiebran y fragmentan.
De
la época, toman, los tres trabajos, un magnífico recurso ficcional, la ficción
cinematográfica.
Tres
trabajos que nos muestran el estallido de algunas ficciones de la época, o
mejor, ficciones que nos atravesaban en el siglo anterior.
Una
versión de estas ficciones es la de “Los muchachos no lloran”. Una película que
es una ficción de un suceso real. Que, a su vez, en su título mismo, muestra
una ficción del siglo anterior, que “los hombres no deben llorar”.
Es
la trama de la gran simulación que debe montar Brandon, un joven transexual, a
fin de vivir acorde a estas ficciones de la época: más allá de una forma de
vestir o de comportarse, los hombres son fuertes, no son cobardes, no pueden
llorar.
Como
Gabriela Triveño señala, el psicoanálisis ha destacado que el inconsciente no
se rige por el dato biológico. Sin embargo, este joven es violado y asesinado
al descubrir, sus agresores, que biológicamente era mujer.
Cuando
la ficción se quiebra – cuando el semblante falla, dice Gabriela – irrumpe lo
real, bajo su dimensión de violencia.
Violencia
que introduce la cuestión de la segregación, como rechazo al goce del Otro,
ajeno y odiado. Una violencia segregativa de la diferencia.
Otra
versión de las ficciones de la época es que “los niños no mienten”. Esta vez, la película “La caza” nos muestra
uno de los excesos de la época – el abuso del abuso.
Como
Ricardo Vila señala, también están delimitados los lugares ficcionales, ya asignados
para hombres y mujeres, como lugares de oposición: armas versus hijos.
Podría
pensarse que “el excesivo aguante” del protagonista,
constituye una falla del semblante, que hace de Lucas, el personaje, “la presa
perfecta para ser cazado”.
Que
“los niños, a veces, mienten” – como dice Marcus en la película – produce la falla de esa ficción,
desencadenando la irrupción de la violencia.
La
película nos muestra el desarrollo de la violencia segregativa, donde Lucas es
rechazado y excluido, golpeado y hasta intentado cazar, asesinar.
Cazado
al modo del Homo sacer, del que da
cuenta Giorgio Agamben, pues parece que no hay delito en flagelar el cuerpo de
Lucas.
El
tercer caso nos muestra la vía de una invención delirante, que Mónica toma de
otra película – “Transformer”.
Nos
muestra la falla de otra ficción: la de los vestidos. “Los hombres se visten de
hombres; las mujeres, de mujeres.” “Hay cosas de hombres y cosas de mujeres”. Ficción
que comienza a quebrarse allá por los ’70, con la ‘moda unisex’.
En
Mónica se produce un estallido de esa ficción cuando se encuentra metida en ese
“vestido al cuerpo y tacos”. La “parte de mujer” que la hacía “sentir
travesti”.
Menos
perturbadora es la apariencia de ‘rockero’, aunque lo que no la dejaba en paz
son “los abusos” que llevaba “puestos” – casi como un vestido – y a los que
define como “lo que hacen los otros, que yo no quiero”.
El
título de la película, “Transformer” – al que Mónica le da un valor neológico –
le permite una suerte de pacificación, de estabilización, al menos por ahora, de
armonía entre su “sentirse hombre” y esa
“parte de mujer” que la llevaba al fracaso constante de una ficción, de un
semblante que no puede construir.
La
intervención de la analista, ubicando una “extracción”, posibilita el
“transformer” entre ‘el rockero’ y ‘el travesti’, logrando una ‘transformación”
entre su “pensar como hombre” metido en una “coraza de mujer”, alcanzando una provisoria
“armonía” en su ‘cuerpo propio’.
Trabajo presentado en la mesa "Ficciones de la época" de las Jornada del VEL
“Una
respuesta: Transformer”.
María Fernanda
Mina
El
trabajo que voy a presentar se orienta por una respuesta e invención singular.
La
paciente, a quien llamaré Mónica, llega a consultar al equipo de Violencia del
Hospital Álvarez, luego de la aparición de alguna sintomatología en el cuerpo.
Refiere “calores”, y unas secreciones que comienzan a salir de sus mamas.
Manifiesta a los profesionales que la atienden en otro hospital de CABA (ginecólogos
y endocrinólogos) que no puede hacerse los estudios ginecológicos que le
indican. M. es derivada a este equipo luego de un relato que contempla una
sucesión de abusos ocurridos durante su infancia y una historia de violencia en
su familia.
Realización de lo imaginario:
los “abusos”.
Desde
las primeras entrevistas, explica que va a la ginecóloga, pero no se atiende. “Mi sexualidad, me siento hombre. Como hombre
me sentía abusado. Como mujer, ya
había sido abusada”. Dice “Los abusos
están metidos, están puestos”… Al
ser interrogada acerca de esto, no puede agregar nada más. A lo largo del trabajo se pondrá de relieve que se trata de un uso
particular que M. hace de lo que llama “abusos”.
Cabría pensar que se trata del Otro hostil en su cuerpo. Allí donde imaginario
y real no se encuentran regulados vía lo simbólico, aparecen los “abusos”.
También
agrega, “Me baño y soy agresiva con mi
cuerpo… con la esponja… que algo salga de vos… No saber qué hacer con mi parte íntima… eso me da dolor…”
Cuenta
un episodio de su adolescencia, que hace pensar que allí se sitúa el
desencadenamiento: Su hermana se casaba, ella se pone un “vestido al cuerpo y tacos…” Dice “Aguanté hasta llegar a la iglesia… salí corriendo… Llegar a mi casa,
arrancar todo… Me sentí travesti… Empecé a querer decirlo…” Y aclara,
además, “la elección es de antes de los
abusos”.
Los
estudios médicos, finalmente concluyen en un diagnóstico de cáncer de tiroides,
por lo que planifican una operación en sus cuerdas vocales.
El trabajo analítico.
Intervengo
nombrando la operación como “extracción”. En la misma línea, se trabaja acerca
de “sacar de encima” los abusos, mediante la palabra. Comienza a armar algunas
diferencias entre el “abrazo”, “lo afectivo o físico”, que dice “sería
tapar cosas” y lo que llama la “contención
emocional”. Señalo, y sostengo esa disyunción de lo *físico y la *“contención emocional” que comenzará a
orientarse del lado de la palabra. “Tengo
las cosas separadas”, dice, y continúa concurriendo a distintos Hospitales
para tratarse (uno en relación a la “contención
emocional”, el otro, a lo físico).
Se
pregunta acerca de qué la “afectó tanto”
y enseguida agrega, “Por las ausencias…
no tener respuesta fue lo que me afectó…” “Querer y no sentir que te quieran…
Buscar respuestas…” Se dispone a “hablar de la sexualidad”. Para esto, se
saca una campera y queda con una remera de rock, a la que le dobla las mangas,
acentuando su apariencia de “rockero”. Explica, “lo quiero es cuidar mi virginidad, lo único sano, lo único que no abusaron de mí…”.
Y manifiesta que “la que no me deja en paz
es esa parte de la mujer”.
Durante
el tratamiento, ocurre una contingencia, olvido el delantal. La paciente retoma
la entrevista siguiente de esta manera, “Como
los superhéroes, sabes que es, pero no tiene el traje… no pude hablar… se que
sos vos pero no sabía si podía hablar… ahí
está mi problema.” Me manda un mensaje de texto, diciendo algo acerca del
delantal, y le contesto firmando “Lic. Fernanda Mina”. Lo lee, según dice, “Me pusiste un límite… me diste una
notificación… Me aseguraste así…”
“Sentí por primera vez en terapia que sí se puede
superar los abusos de chica… Resolver y empezar a sacar mierda…”
“No es una solución estar evitando los
médicos… Esa sensación de manoseo,
salir corriendo, lavarme, la imagen de lo que pasó: el vecino, tu tío, tus
hermanas… no existir de repente, desnudarme toda… salir corriendo y
estampillarme con algo…” Expresa que lo que la angustia es “lo sexual, mi cuerpo”.
Dice
que estuvo pensando lo que le pasa con los médicos. “Cuando hacen algo que yo no quiero, pienso que eso es un abuso… esa es la parte emocional”.
Finalmente
atraviesa la operación de los nódulos tiroideos, y según refiere el diagnóstico
es que son benignos. “Algo tuyo ya no
está…” Comienza a decir “Ahora el
dolor sale, no queda como antes…” Sin embargo, luego de los estudios
pertinentes, los resultados diagnostican que los nódulos son malignos… “¿Cómo pudieron transformarse?....”,
comienza a armar una trama.
Hacia una respuesta.
Llega
muy conmovida al Hospital. Dice que tuvo “una
sensación de suicidio”. “Lo afectivo,
en dos tiempos, el presente y el dolor del pasado…” Y como consecuencia, no
recuerda nada de su vida anterior. Piensa “Me
causa gracia… no está mal no tener memoria… No tengo sentimientos… Como volver
a nacer… Tengo conocimiento de quién es cada uno, pero no siento nada, no lo
afectivo… es como estar no dominado sino dominar… total, el otro no sabe cómo
me siento yo…”
Habla
acerca de la película “TRANSFORMERS”,
una de sus favoritas (según leo, se
trata de la lucha por la paz definitiva, para lo que uno de los robots se
convierte en la última esperanza para su planeta, para lo cual debe tomar una
forma humana). Trae un diálogo del robot protagonista con su padre, del que
entiende que hablan de “pensar en el
valor de vida”.
Hablamos
de los transformers, y sostenida desde ahí, casi diría, sostenida en su
delirio, en el transcurso de las entrevistas, comienza a recordar algunas
cuestiones. Ubica “el abuso”, como lo
último que recuerda del día del intento de suicidio. Dirá, “Como que está revertido”. Pregunta por
qué arrastró tanto dolor, “llegué a la
conclusión de que fue por no haberlo aceptado… Lo que sana el dolor es la
aceptación”.
Comienza
un rearmado imaginario que se traduce en un cuidado personal: mirarse al
espejo, ponerse cremas. Cuenta “surge un
amor propio, mi cuerpo es mío, como enamorada de mi cuerpo… Poner en armonía la razón y el cuerpo”. En
este sentido, recuerdo la cita de Miller que sugiere: “Esta consistencia
imaginaria (…) se basa en una relación del parletre con su cuerpo. (…) La
relación que Lacan perdió en el nivel sexual, (…) reaparace en el nivel
corporal.”[1]
Así,
M. ubica la “coraza”, aquel lado de
mujer, y su “esencia”: “Pienso como hombre… en las relaciones, llevo
la parte del hombre”.
Me
pregunto ¿al relato de Mónica lo podemos pensar como una invención hacia la
estabilización, un modo de tratar al hombre y la mujer que conviven en su
cuerpo?
.
Trabajo presentado en la mesa "Ficciones de la época" de la Jornada del VEL
“Los muchachos no
lloran”
Gabriela Triveño
Es
el nombre de una película dirigida por Kimberly Peirce en 1999 (“Boys don’t cry”) basada en la historia
de Teena Brandon, una muchacha que nació en Lincoln, Nebraska y cuya familia la
describía como una “tomboy”
(marimacho). Desde la adolescencia Teena salía con mujeres y luego de mudarse a
otra ciudad, comenzó a vestirse y comportarse como un hombre, poniendo su
apellido como nombre: Brandon. Logrando hacerse pasar por un hombre encuentra
amistades y una novia. Dentro del círculo de amigos, estaban dos exconvictos,
uno de ellos había sido novio de la actual novia de Brandon y cuando salió a la
luz que Brandon era anatómicamente mujer, fue violada por ellos.
Se
hizo la denuncia de violación, sin embargo, la policía se centró más en el
hecho de que Brandon era mujer pero lucía como varón y no levantaron cargos
sobre sus agresores, quienes al enterarse de la denuncia, buscaron y asesinaron
a Brandon.
Según
la organización TvT (Transrespeto versus transfobia en el mundo) desde el 2008
hasta el 2014 han sido asesinadas 1612 personas transgénero en 62 países, a la
cabeza están Brasil y Mexico, luego siguen Colombia, Honduras, EEUU y
Venezuela. Actualmente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos está
documentando cada vez más casos de violencia contra personas lesbianas, gays,
bisexuales, trans e intersex (LGBTI) en América. Consideran que es una forma de
violencia de género impulsada por el deseo de castigar a los que desobedecen
las normas de género. Muchos actos de violencia se registraron contra personas
percibidas como gays, lesbianas o trans y otros tantos se registraron cuando se
dieron cuenta que lo eran, incluso llevados a cabo por la policía.
¿Cómo
se puede pensar esto desde el psicoanálisis? Hoy en día hay muchos casos
similares al caso de Brandon, quien es considerado transgénero o transexual desde
el discurso del género. Para el psicoanálisis el género tiene una dimensión de
semblante. En el Seminario 18, en el capítulo llamado “El hombre y la mujer”, Lacan
dice que Freud muestra que el funcionamiento del inconsciente no tiene nada de
biológico, que lo que estudia la biología no tiene nada que ver con lo que él
llama las relaciones entre el hombre y la mujer. Explica que la identidad de
género es el hombre y la mujer porque así se los nombra en el lenguaje. Se
reparten a los sujetos entre uno y otro y lo que es necesario percibir es que
lo que define al hombre es su relación con la mujer e inversamente.
Para
el hombre se trata de hacer de hombre, dar signos a la mujer de que se lo es y
que esto forma parte de la dimensión del semblante. En la película se ve
constantemente cómo Brandon buscaba estos signos para dar cuenta de su
masculinidad ante la gente y sobre todo ante su novia. Incluso se fabrica un pene
al estilo de una prótesis casera para simular excitación en el encuentro
sexual. En este seminario el falo es un semblante, puesto en el lugar donde la
relación sexual no puede escribirse.
El
título mismo de la película me hace pensar en el género como semblante, pues se
dice que los muchachos, los hombres no lloran. Y antes de este título la
directora tenía otro pensado que era: “take
it like a man” (tómalo como un hombre), ambos títulos me hacen pensar en un
tono irónico y sarcástico del género como semblante en tanto “parecer ser”.
Me
surgen entonces las preguntas ¿Qué ocurre entonces cuando el semblante falla? ¿Cómo
se puede llegar al punto en que su falla pueda producir violencia o incluso un
asesinato?
El
personaje de Brandon en la película es bastante exitoso al hacerse pasar como
varón, sostiene bien ese semblante pero se topa con un límite. Se sabe que es
mujer porque es arrestado por falsificar un cheque y cuando su novia le paga la
fianza, lo ve encerrado en la celda de las mujeres. En la película la novia
sigue con él, pero en la realidad, la novia hizo un juicio a los productores de
la película diciendo que no fue así, que una vez descubierta la verdadera
identidad de Brandon, ella no era más su pareja. Lacan también dice en este
Seminario que el semblante (simbólico e imaginario) se opone a lo real, en el caso
de Brandon esta oposición trae consecuencias.
Miller
en “Extimidad” dice que cuando se
trata de racismo y odio, lo que se odia en el Otro es en realidad el odio al
goce del Otro, a la manera particular en que el Otro goza. La segregación es el
rechazo a un goce que no se identifica como el propio o como cada uno
identifica como propio, se trata de un goce que es ajeno y que además es ignorado.
Por lo tanto, se trata de cancelar esa ajenidad mediante la segregación.
En
el texto para la ONU “El empoderamiento
de la mujer y el psicoanálisis” escrito por Patricio Álvarez como parte del
Comité de Acción Escuela Una, dice que la mujer es un misterio para el hombre y
para ella misma. Que con el concepto de sexuación, Lacan atribuye un goce
diferente para lo femenino y lo masculino (que no tiene que ver con la
anatomía). El goce fálico para lo masculino, que es cuantificable, localizado
en una parte del cuerpo, regido por una ley. Y el Otro goce, situado del lado
de lo femenino que es opaco, no decible, no cuantificable ni localizable. Lacan
dice que lo no entendible del goce es el principio de la segregación y que por
eso el misterio de la feminidad que encarna el Otro goce es rechazado en cada sociedad.
Y el texto dice: “Esta segregación está
el principio de la violencia de género, desde sus formas sociales disimuladas
hasta las formas criminales”.
La
segregación está presente entonces, en todo fenómeno de violencia, pero no toda
violencia de género implica segregación. Sin embargo, concluyo que los fenómenos
de violencia como el asesinato de Brandon son fenómenos de segregación y las
personas que los cometen les suponen, una vez que han fallado los semblantes
del género, un goce que les es ajeno, diferente al suyo y buscan cancelarlo
mediante la violencia. Dentro del discurso social, esto sería violencia de
género.
Bibliografía
- ALVAREZ,
Patricio “El empoderamiento de la
mujer y el psicoanálisis” el Comité de Acción Escuela Una, la AMP en
la ONU, 2015 (Inédito).
- García,
Carlos Dante "La violencia:
¡Qué locura!” En La violencia síntoma social de la época. Ondina María
Rodríguez Machado/Ernesto Derezensky (Orgs). Belo Horizonte,
Scriptum Livros, 2013.
- García,
Carlos Dante "Los géneros
lacanianos y los otros” (Inédito) 2015.
- LACAN,
Jacques (1971) “El Seminario XVIII: De
un discurso que no fuera del semblante” Paidós, Buenos Aires, 2003.
- MILLER,
Jacques-Alain “Extimidad”,
Paidós, Buenos aires, 2010.
Trabajo presentado en la mesa "Ficciones de la época" de la Jornada del VEL
De
Ricardo Vila.
Es un drama que gira en torno a una
denuncia de abuso sexual infantil y las consecuencias de esta acusación en un
pequeño pueblo de Dinamarca donde todos se conocen.
El titulo “La caza”, alude a la cacería de
venados, tradición de los habitantes de este pueblo y también a lo que ocurre
con el protagonista que es “cazado”. En la caza, la presa elegida es Lucas.
Lucas es un profesor que, tras el cierre de
la escuela en la que dictaba clases, pasa a trabajar en la guardería infantil.
Acaba de ser abandonado por su esposa, quien se llevó a su hijo adolescente
Marcus a quien solo se le permite ver una vez cada quince días, no se sabe por
qué, aunque la omisión de este dato, contribuye a crear un clima social de
desconfianza hacia Lucas.
La película transmite la atmósfera de odio en
la sociedad y el miedo de Lucas, que es obligado a pelear por su dignidad y su
imagen.
En la guardería los niños juegan a la caza
¿Quién de ellos podrá vencer a ese gigante? Uno de los niños quiere ir al baño,
Grethe -directora de la guardería - dice que es Lucas quien debe acompañarlo,
Lucas no parece estar muy convencido de realizar esos quehaceres, aún así
acompaña al niño y debe limpiarlo.
El director danés Thomas Vinterberg, que
junto a Lars von Trier, fundan en 1995 el movimiento cinematográfico Dogma 95,
redactando el "Manifiesto del Dogma 95" y el "Voto de
Castidad", que reúnen las reglas para hacer un cine basado en valores
tradicionales de historia, actuación y tema, y excluyendo el uso de elaborado
efectos especiales o tecnología, utiliza este marco para presentar el drama que
se desarrolla a partir del decir de una niña enojada, tras lo que siente como
el rechazo de sus sentimientos.
Abuso sexual infantil es toda conducta en
la que un menor es utilizado como objeto sexual por parte de otra persona con
la que mantiene una relación de desigualdad, sin que importen los medios
utilizados para convencer u obligar al menor.
Klara es la hija de Theo amigo de la
infancia de Lucas, Klara no puede pisar las líneas del suelo, no tiene
permitido pisarlas y por lo tanto al tener que mirar hacia abajo no puede
aprenderse el camino y se pierde es la excusa para que Lucas recorra con la
niña una y otra vez el camino del colegio a casa con la niña.
Theo aprovecha para charlar con Lucas y
preguntarle sobre el divorcio y la relación con Marcus, Lucas contesta que las
cosas están bien, pero Theo no le cree, dice saber cuando Lucas miente por que
este tiene un tic en el ojo lo delata.
Torsten el hijo mayor de Theo y un amigo
entran corriendo con una tablet en las manos, de camino hacia su habitación le
muestran a Klara unas fotos pornográficas, entre risas.
Lucas va camino al trabajo nuevamente se
encuentra con la niña, esta vez en la puerta de su casa, se escuchan los gritos
de los padres de Klara discuten sobre quien debe llevarla a la guardería, Theo
sostiene que es deber de la madre. Lucas se ofrece a llevarla, Klara le da la
mano.
Los niños varones de la guardería esperan
escondidos, el juego de cazar a Lucas se repite, Klara mira no es un juego de
niñas, Lucas tirado en el piso se hace el muerto, Klara se abalanza sobre él
que mantiene los ojos cerrados y lo besa en los labios, Lucas la reprende pero
Klara se muestra enojada.
En la oscuridad espera que sus padres
vengan por ella, una vez más se han olvidado de pasar a buscarla. Grethe le
pregunta ¿Qué haces allí? Y la niña responde: Odio a Lucas, es tonto y feo, y
tiene pito – la mayoría de los hombres tiene - dirá Grethe, mientras Klara
agrega “El suyo apunta para arriba”.
Grethe llama a Lucas a su oficina y le dice
“He estado dando vuelta a una cosa, no puedo quitármelo de la cabeza”, “un niño
me ha dicho que ha pasado algo entre ustedes que solo debería pasar entre adultos,
dice que no le gustó, que ha visto tus genitales, no quiero sacar conclusiones
precipitadas”
El decir de Klara le permitirá a Grethe
concluir un hecho de pedofilia.
Un protocolo municipal para estos temas,
hará que Grethe llame a Ole para
consultarlo aunque nada hace pensar que Ole esté mejor preparado que Grethe
para estos “temas difíciles”. Juntos interrogan a la niña, de tal modo que Klara al decir su verdad deja
creer que aquello que Grethe y Ole imaginan había ocurrido.
Luego, “todos los niños cuentan la misma
historia”. La alarma social toma a la pequeña comunidad, provocando la
exclusión de Lucas, y agresiones sobre él, no hay necesidad de juicio, no hay necesidad
de demostrar la culpabilidad.
Dinamarca es uno de los países más
liberales del mundo en lo referente a la sexualidad. Desde principios de los 70
han legalizado el porno a la vez que hicieron obligatoria la educación sexual
en las escuelas.
La característica felicidad de la sociedad
danesa tiene bases en la confianza y la sinceridad que se dispensan los
daneses, esto hace que un acto de abuso sexual infantil sea un crimen
particularmente aberrante.
Solo Bruun padrino de Marcus reconoce que
aunque siempre se asume que los niños dicen la verdad, y que por desgracia muy
a menudo esta verdad coincide con la realidad, podría no ser así.
Klara le pregunta a su madre, si está
enojada con Lucas, la madre intenta cambiar el tema, Klara agrega: “Él no ha
hecho nada, solo he dicho una cosa tonta, ahora todos los niños hablan”, aún
con su corta edad, la niña puede intuir las consecuencias de sus dichos.
Cuando Klara miente en su enojo Grethe le
cree, su familia le cree, la sociedad le cree, pero cuando Klara dice la
verdad, la madre no le cree.
El argumento de Jagten muestra con total
claridad la inocencia de Lucas y a la vez lo muestra como la presa perfecta,
esta allí para ser cazado, por los niños en el juego, por su novia en el sexo,
por Grethe en su trabajo.
Se deslizan una tras otra imágenes de una
comunidad con tradiciones que dan al hombre y a la mujer, lugares precisos, a
ellos le toca la valentía el lago helado, las armas, a ellas los hijos, la
cocina.
Lucas no lo sabe pero ya no pertenece a
esta comunidad, abandonado por su esposa, preocupado por recuperar la relación
con su hijo, trabajando en una guardería, cosa que hasta los niños ven extraña.
Aislado en su casa, sin trabajo, Lucas es
agredido una y otra vez, la relación victima - victimario se invierte
alcanzando el punto de causar en el espectador el sentimiento de impotencia,
propio de la verdad que no se adecua a la realidad.
“Siempre aguantas demasiado, te lo he dicho
siempre”, es el reclamo de Bruun a Lucas, quien un año después para la fiesta
de iniciación de Marcus, tras la cual se precipita un final totalmente
sorpresivo en la soledad de la cacería que muestra como el odio perdura y
mantiene las heridas abiertas.
martes, 2 de junio de 2015
Intervención de Ernesto Sinatra en la mesa plenaria "El género en cuestión" de la Jornada del VEL
LA IMPLOSIÓN
DEL GÉNERO
1 - El empuje al goce: de la cosquilla a la parrilla
“No
vamos a hablar del goce así, por las buenas.
Ya les he hablado bastante de ello como para que sepan que el goce es el tonel
de las Danaides y que, una vez que se entra, no se sabe hasta donde va. Se
empieza con las cosquillas y se acaba en la parrilla. Esto también
es goce…”
Jacques Lacan
Sigmund Freud interpretó a su época: el malestar era el síntoma que
mostraba que la renuncia pulsional -¡hay que dejar de gozar! como mandato
paterno de la civilización- no (re)instalaba la felicidad, sino
que, por el contrario, reforzaba el circuito infernal del super-yo
reintroduciendo la ferocidad del goce por medio de la prohibición.
Si consideramos ahora -siguiendo la orientación de Jacques-Alain Miller- el malestar de la civilización en la época freudiana a partir de las
coordenadas de la sexuación, encontramos que ella obedecía a la lógica que Jacques Lacan adjudicó a la posición masculina: el conjunto sostenido en el
Todo, a partir de la culpa y el castigo, de los pecados y su expiación: de ese modo el imperativo proscriptivo de la civilización reforzaba el super-yo en el nombre del Buen Padre que vigilaba.
Al respecto, conviene acentuar el modo por el que la iglesia
florecía hasta allí con su negocio: ‘¡hay que dejar de gozar!’ pero si has pecado, puedes expiar tus
pecados; pero entonces vuelves a gozar, y entonces vuelves a la Iglesia para
volver a expiar…etc.
El imperativo actual de la civilización ha
devenido “¡hay que gozar!”, en una época que
sabe demasiado de la inexistencia de la relación sexual. La
porno-cultura muestra lo que hasta ayer se velaba: la multiplicación de cuerpos gozando pero incluyendo –ahora- el
coito exhibido y sus desinencias.
El espectro hiper-moderno del goce renueva sus desplazamientos “de la cosquilla a la parrilla”. De un lado
la cosquilla: el avance mediático del goce sexual —el “todo para ver” de la
pantalla omnivoyeur— recaptura la implosión del género en sus variaciones (gays, lesbianas, bisexuales, transexuales,
inter-sexuales...) transformando en comedia la desigual lucha por los derechos
de las minorías sexuales, ridiculizando sus demandas de reconocimiento social,
a partir del panóptico chismorreo de la sociedad del espectáculo.
Por el otro, la parrilla: desde la agresividad urbana, cotidiana;
el ascenso de la criminalidad; la degradación creciente de los caídos del mercado…Y nos interesa especialmente remarcar dos fenómenos: en el primero de ellos comprobamos
la mostración estructural de lo
insoportable de la diferencia sexual, rechazada de un modo criminal en los fenómenos de la denominada ‘violencia de género’, que evidencian hasta donde puede
llegar el rechazo a lo heteros, al
Otro sexo. Violencia de género que hace pareja con
las –cada vez más
frecuentes- muertes por sobredosis adictivas de jóvenes producidas por las más sofisticadas drogas de diseño combinadas con alcohol (producidas hasta en las “previas”).
Estos acontecimientos son frecuentemente acompañados por la hipocresía del Otro social, que
suele ofrecer soluciones cosméticas a un problema que involucra lo real
mismo de la política: la disgregación de la autoridad y sus
consecuencias.
2- La implosión del género en la feminización del mundo
En este estado de cosas, el estado debe regular en el campo del
goce, lo que hasta ayer era considerado
un derecho divino, no tan sólo natural: el matrimonio adviene
igualitario y la identidad de género deja de soldar cuerpo y sexo.
Desprendemos así una secuencia que hemos despejado en
otro lugar: de la caída del padre -se sigue- el declive de lo
viril -a lo que responde- la
feminización del mundo.
Se verifica hasta qué punto la época actual --la de
la feminización del mundo que
leemos: No-Todo-- es coherente con un nuevo malestar determinado por el
empuje de la no-relación sexual: la
no-naturalidad de la sexuación se hace evidente
no sólo con la ley del
matrimonio igualitario y la ley de la identidad de género, sino además a partir del estallido de las clasificaciones producido por las
demandas subjetivas de reconocimiento del derecho al goce.
Luego de los homosexuales, ahora van por sus derechos bisexuales;
travestis; transexuales; intersexuales; hasta los metro-sexuales (hombres
heterosexuales que cuidan su imagen, embellecen su figura y producen sus
cuerpos siguiendo métodos que sólo las mujeres utilizaban hasta ayer nomás, inscribiendo una página más en los fenómenos de la ‘feminización del mundo’ para participar en la guerra de los sexos); últimamente han llegado los cross-dresser a las tapas de las revistas —hombres
heterosexuales que gustan del encuentro con otros hombres, trasvestidos como
ellos, simplemente para hacer uso del goce de la palabra vestidos de mujeres,
hablando en armonía y libertad de cosas de mujeres.
Tal vez uno de los casos más
interesantes, por su vinculación directa con el fenómeno de la globalización, y por la argumentación de sus pensadores, la constituye la teoría queer. Pero si bien sus partidarios se encuentran en
torno de la hipótesis que la orientación sexual y la identidad sexual es
resultado de una construcción social, razón por la
cual llegan a rechazar el género como concepto que organice sus
modalidades del ser, existen —a su vez— distintos
sub-conjuntos, los que suelen agruparse en torno de las ‘sexualidades periféricas’ distribuyéndose ¡también ellos! en otras categorías que imponen al conjunto del género una dispersión fenomenal.
Desde esta perspectiva, para nosotros, la teoría Queer es un producto más de la
feminización del mundo, consignando aquí que
feminización no quiere decir ‘atributos
femeninos’ sino No-Todo, lo que indica que el fundamento del Todo: la excepción, ya no cumple su función y que por
ello el conjunto universal masculino-femenino ha estallado en la pluralización del género. ¡A cada uno
su singularidad! ¡A cada uno su modo de gozar!
Es por ello que hemos denominado a este estado de cosas: la implosión del género, pulverización del género en múltiples categorías configurando micro-totalidades[1] que exigen su derecho a ser consideradas en sus particularidades
de goce[2].
Para decirlo de una vez: la implosión del género es una consecuencia mayor de la época del
No-Todo, en su empuje a la proliferación de nuevas
categorías sexuales; mostrando en el estado actual de la civilización hasta qué punto inexiste el Universal que permitiría agrupar al Todo de LA Mujer.
Al respecto, vale considerar como verificación de nuestras hipótesis una nota reciente de un periódico
tradicional —es decir: conservador— de nuestro país, en la que los directivos de Facebook
anuncian que ofrecerán en su portal a sus usuarios, para ser
identificados a partir de…¡cincuenta y cuatro opciones diferentes
de identificación de género! Sí: ¡54!
“Facebook acaba
de anunciar que ofrecerá
a sus usuarios 50 opciones de identificación de género. En la categoría que figura
dentro de Información Básica, el desplegable ahora incluye opciones
personalizadas y no binarias, como intersexo,
neutro, andrógino, sin género, género dudoso,
género fluido, variante de género, queer o ninguno.”
Para agregar, la misma nota, al dar la palabra a uno de los
directivos de Facebook:
“…lamentablemente,
en muchos idiomas no existe
la manera de referirse a un ser humano sin incluir
su género – plantea alex Schultz, vicepresidente de crecimiento de
Facebook, punta de lanza de este emprendimiento–. Pero lo que nosotros
queremos es darle a la gente opciones para expresar quiénes son realmente,
para permitirles ser quienes auténticamente son.”
Curiosa respuesta, para no incluir el género ¡ofrecen más de 50 posibilidades de identificación de género! Ya lejos del binarismo tradicional
que los usuarios del non-gender
rechazan, Facebook se sube a la ola de la desnaturalización del sexo ofreciendo en su portal –más acá
de la cuestión del género- algo que debe ser destacado, el ideal que alberga cada
clasificación: ofrecer un ser que realmente nombre la singularidad de cada
cual.
La sexuación, hueso real de la sexualidad en los
humanos está a la orden del día subida –ella también- al cenit de la civilización emplazando las variaciones de los modos de gozar.
3 - Nuestra orientación : lo real de la sexuación vs. la Identidad de género
La ley de identidad de género desde
hace ya tres años está
vigente en la Argentina; antes de su promulgación efectuamos en un espacio del ICDEBA
(Ateneo de Psicoanálisis y Género) algunas puntualizaciones que ahora,
para finalizar, retomaremos.
Ø A
la elección del sexo la llamamos: sexuación
Con una escritura que parodia la lógica matemática, el doctor Lacan indicó que la
sexualidad humana no puede ser reducida a la distribución de los cuerpos entre hombres y mujeres a partir de un binarismo
natural o cultural. Esta inadecuación hombre-mujer la formuló de un modo provocador al afirmar que no hay relación sexual, indicando de este modo la
falta de complementariedad en las formas de gozar de un lado y del otro de –lo que denominó- la sexuación.
En este punto la ley de
identidad del género, al permitir que cada quien
pueda corregir su identidad sexual contrariando a la que recibió en su organismo, se orienta (hasta podríamos decir: ¡se autoriza!) en la
premisa psicoanalítica según la cual hay determinación del sexo, elección sexuada. Más allá de la clasificación de la sexualidad que implosiona en las
variedades del género, se trata de dos y sólo dos
posiciones sexuales, las que localizamos a partir de la barra vertical: lado
macho y lado femenino (o No-Todo). A ellas las caracterizamos con el predominio
del falo en el nombre del padre -del lado macho-; y en el más allá
de los semblantes paternos del Otro lado, el femenino,
el del No-Todo. Es éste el principio que nos rige, nuestra brújula.
Ø La
‘rectificación registral del sexo’ no es equivalente a la elección inconsciente
del sexo
La ‘identidad de género’ permite una
‘reasignación sexual´, una ‘rectificación de género’
mediante operaciones de cambio de sexo. Pero el
debate va más allá
de lo real de la anatomía, ya que introduce
otra cuestión: la nueva identidad sexual puede tramitarse ante el Registro
Nacional de las Personas expresando el sujeto ‘ser de un
sexo diferente del biológico’. De este
modo se separa (se vuelve a separar) el cuerpo del nombre; el sexo de la
identidad, ya que incluso no es necesaria la cirugía para
transformar la identidad sexual sino que basta tan sólo con una
declaración jurada para dejar de ser hombre-mujer.
El aspecto progresivo de esta ley es evidente, en principio porque
implica el reconocimiento de derecho de las minorías sexuales
al ofrecerles un amparo jurídico desde la cuestión identitaria, poniendo un freno legal a la violencia discriminatoria
ejercida sobre transexuales, travestis, gays, lesbianas, etc. –que incluye, especialmente, las asiduas intimidaciones por parte
de personeros de las fuerzas públicas. Pero hay un aspecto
de la ley que es, al menos, inquietante. A partir de la inexistencia de una
bipartición natural, el sexo se construye por una compleja trama de
identificaciones de las que el Otro de la referencia socio-familiar participa
necesariamente, y el psicoanálisis ha descubierto que las coordenadas
significantes de la identificación se hallan siempre encausadas por las
singulares marcas producidas en cada Uno por el traumatismo de la no relación sexual. Es así que las ficciones de los fantasmas hacen
existir ahí mismo (en esas marcas) una relación donde no
la hay (donde no la había), apoyándose en los
bordes del cuerpo para extraer de allí goce. La
paradoja que encuentra el psicoanálisis es que la elección de sexo siempre es inconsciente -determinada por el modo
singular de satisfacción pulsional- pero que requiere del consentimiento
de cada parlêtre para ratificarla o rectificarla.
Llegados a este punto es preciso interrogar las condiciones de
este consentimiento cuando el cambio de la identidad sexual se realiza –sin más soporte- en una oficina administrativa de la burocracia de los
estados con el único requisito de la mayoría de edad y
la manifestación de que la inscripción del ciudadano en el nacimiento no
coincida con “con su identidad de género autopercibida” , lo que “siente en el
cuerpo”.
No se trata de introducir en esta hiancia entre lo natural y lo
real de la sexuación nuestros prejuicios, sino de ofrecer a cada parlêtre el espacio analítico para reconsiderar lo que se ha producido entre su nacimiento
en manos del Otro y la localización inconsciente del sexo, para
reconsiderar a partir de allí su demanda de ‘rectificación registral del sexo’.
Las consecuencias de las transformaciones de la intimidad nunca
son gratuitas y una intervención en el plano simbólico para reasignar el sexo puede producir efectos indelebles y –sobre todos- irreversibles en la subjetividad.
Ø No
ceder en los principios: ni el cuerpo es el organismo, ni el género lo real del
sexo
Revisemos ahora nuestras clasificaciones. Hasta hace muy poco
tiempo una repartición parecía organizar
nuestra casuística: el travesti, considerado como aquel transformista que no
tocaba lo real del organismo, sino que acudía a los
semblantes femeninos para ofrecerse a la mirada del Otro, parodiando a la mujer
fálica para obtener de allí un goce
particular; mientras que por la otra orilla transitaba el transexual, aquél que por haber transformado su cuerpo interviniendo en lo real de
su organismo, se lo pre-clasificaba en el campo de las psicosis. Pero hoy que
los travestis ‘transexualizan’ sus cuerpos
al implantarse prótesis en sus organismos, ¿han devenido
por ello transexuales? ¿O sólo lo serían si se
implantaran genitales (mujeres) o si se los amputaran (hombres)? ¿Deberíamos por ello pre-clasificarlos, entonces, también a ellos de psicóticos?
De hacerlo así, mecánicamente,
inscribiríamos nuestros prejuicios en la nosología,
aplastando lo singular de cada caso en la generalidad clasificatoria que
ofrecen los fenómenos. Aquí –una vez más- el buen sentido podría perdernos, buscando en las conductas la
norma-padre de la desviación: retrocediendo –por ejemplo- a los ‘degenerados’ freudianos de 1905 catalogados todos de ‘perversos’. De hecho,
se trata de leer de otro modo la casuística a
partir de la apertura de los modos de goce que la época
promueve, modos de goce que determinan formas de vida e impregnan con sus
vestimentas la variedad de los fenómenos del género.
Hoy -más que nunca- debemos estar advertidos de que los síntomas contemporáneos
responden a las manipulaciones realizadas sobre el organismo: en ellos el
cuerpo se muestra como superficie de inscripción de
sucesivos goces (en cortes, tatuajes, piercings, ablaciones, implantes, intervenciones…).
Por ello es preciso inventariar las consecuencias que
las tecno-ciencias producen –de la mano del
mercado: Impossible is nothing!- al
ofrecer el sueño de hacer posible lo imposible. Aclaremos: esas transformaciones
operan sobre lo real de los organismos
(implantes, ablaciones), pero nada asegura que con la manipulación realizada se produzca la modificación concomitante
en los cuerpos (al menos no en la
dirección pretendida). Que los organismos se conviertan según lo esperado por medio de la cirugía, no
implica que los cuerpos respondan ‘satisfactoriamente’ a esa transformación.
La delicada cuestión que aquí nos interpela
es que además de respetar los derechos a la elección de una
identidad sexual se abre la responsabilidad ética de
ofrecer a la comunidad nuestra práctica para que aquél –o aquella- que así lo deseare reflexione sobre la
rectificación sexual que ha decidido, evaluando sus posibilidades reales de
efectuación y advertir sobre lo que se pone en juego en tal decisión y los riesgos reales que se corren en cada caso.
No es poca cosa ofrecerle al sujeto transexual un tiempo de comprender -el tiempo de poner
a prueba los fundamentos y consecuencias de su decisión- que le
permita aliviar la urgencia que se instauró entre la
angustia del instante de ver -cuando
tempranamente comprobó que su sexo no se correspondía con su nombre- y la presión del momento de concluir -que lo empuja a
consumar la decisión ‘cuanto antes’, sin ningún tipo de
consideración, en ocasiones, acerca de lo irreversible de tal decisión.
La cuestión es muy compleja, pues, por ejemplo, el ‘empuje a la mujer’ (irrupción deslocalizada
del goce en el cuerpo que -para ser nombrada, situada- impulsa a un hombre a
transformarse en mujer) ya se tramita por la vía quirúrgica y existen casos comprobados de desencadenamientos de
psicosis producidos luego de la intervención ablativa. Se
constata que no es lo mismo el anudamiento que podría producir
en ciertos casos el sentimiento del ‘empuje a la mujer’, que el desanudamiento desencadenado por
su realización efectiva.
Por lo pronto no se trata de producir una intervención clasificatoria de los trastornos y
desviaciones de conductas a partir de una supuesta norma sexual que habría sido transgredida[3],
sino de intentar un ‘uso lógico del síntoma’ que nos
permita evaluar en cada caso cómo se ha producido ‘la pura percusión del significante en el cuerpo’. Y es en tanto que el
psicoanálisis comprueba que no hay una justicia distributiva en relación con los sexos, que nos corresponde advertir a la comunidad y al
Estado sobre los riesgos de impulsar una justicia compensatoria que pudiera
transformarse en un (nuevo) empuje generalizado
al goce.
Y para dejar este punto, respecto de la práctica analítica que sostenemos, restan –al menos- dos verificaciones por efectuar, las que declinan en
interrogaciones:
La primera, ¿cuál será el destino del amor en el siglo XXI a partir de las
transformaciones del género y de la intimidad? La segunda, un
problema crucial para nuestras Escuelas: ¿hasta qué punto sostenemos nuestros principios, más acá del empuje del mercado de consumo hípermoderno?
[1]“Siempre se puede explicar que la estructura del no-todo es
abstracta y que, de hecho, en la realidad las cosas no funcionan así. Y es que esta máquina
implica la constitución insistente de micro-totalidades que, al ofrecer nichos,
abrigos, cierto grado de sistematicidad, estabilidad, codificación, permiten restituir cierto dominio. Sin embargo, esto es
a costa de una especialización extrema de los sujetos allí atrapados, que traduce
la presencia de dicha máquina.
Así para
restituir un dominio, es preciso elegir un campo muy restringido de
significantes, un campo muy restringido de saber”.
[2] Las
micro-totalidades encuentran en las tribus urbanas una modalidad paradigmática de su manifestación.
Ellas, desde la coalescencia saber + goce, anudan a sus integrantes en torno de
un rasgo diferencial; se nombra un goce, se lo aísla,
se lo asocia con un saber bien delimitado, se inventa una clase a partir de
destacar esa coalescencia goce/saber ¡y
ya está!, se ha constituido una
micro-totalidad: Skaters; Grunges; Góticos; Heavies; Hard Cores; Skin
Heads; Emos; Raperos,Floggers...la lista no cierra, mostrando su inconsistencia
estructural. El elemento aglutinante de las tribus parece ser –lo que llamaré- un goce éxtimo: exclusión del universo
social con inclusión solidaria en la banda; marginación de las leyes del Otro con inserción fuertemente normativa en su micro-totalidad. Las
substancias tóxicas suelen ser coadyuvantes del lazo
asociativo, y en ocasiones advienen rasgos determinantes del accionar
compartido, como sucede en una modalidad de ciertas tribus urbanas: el rito del
botellón.
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