Damien Hirst

Damien Hirst
Damien Hirst, arte con el objeto "a"

sábado, 19 de marzo de 2016

Inicio del Seminario del VEL


"Cuerpos violentados"

El próximo lunes 28 de Marzo de 13:30 a 15:00 hs. tendrá lugar la primer clase del Seminario anual,presentando el tema de investigación del próximo año. 
 
 
Lugar: Ancón 5201
C1425FYH CABA

(segunda parte)

La violencia en los estilos de enlaces
Referirnos a los estilos de enlaces  implica partir del real del psicoanálisis: “no hay relación sexual”. La ausencia de esta relación condiciona los estilos. [1] Se trata del síntoma que se inscribe en el ser hablante como suplente de lo que falta.[2]
Las parejas del sujeto se constituyen sobre el fondo de esta inscripción imposible y son la pareja de la demanda, la del amor y la del deseo. Se articulan en el campo del Otro, en tanto estructura del lenguaje,  como lugar de la falta, o por el contrario lugar del valor fálico. Estas parejas no son ni excluyentes, ni superadoras, conforman  recursos teóricos,  que según el caso singular se manifiestan en una mayor o menor evidencia o en una ausencia reveladora.
El partenaire síntoma
La nueva axiomática,[3]  establece  como punto de partida el goce y se trata de saber cómo ese goce encuentra al Otro. El sujeto está  solo con su propio goce bajo la forma del síntoma que ya no es mensaje.   
En el Seminario XX,  ya no se trata del partenaire falicizado sino de la inscripción del sujeto en la función fálica como reguladora de goce, en sus dos vertientes posibles. En este nivel, la función fálica no califica al partenaire sino al sujeto mismo, el partenaire aparece con un estatuto disminuido, degradado, que es el de ser medio de goce. [4]
El goce del síntoma procede de la pulsión pero no es estrictamente la pulsión.
Se hace necesario articular la conjunción entre ese goce del Uno y el Otro. El síntoma lleva implícito su Otro, lo construye.
El partenaire goce encuentra su fundamento en el mismo movimiento circular de la pulsión. En el texto freudiano [5] los pasos que incluyen al otro se encuentran en las torsiones de la pulsión, como transformación en lo contrario  y vuelta hacia la propia persona. El otro es quien  mira  o pega al sujeto.
 Lacan agrega: “… después de haber girado en torno a algo que llamo el objeto “a”.  Yo asevero que así es como el sujeto llega a alcanzar la dimensión propiamente dicha del Otro con mayúscula…”[6]
Para Lacan, la actividad de la pulsión se concentra en ese hacerse: hacerse ver, hacerse pegar.  Miller [7] señala que la inversión freudiana se produce en la relación especular, en la simetría del espejo, mientras que el Otro que se alcanza, según Lacan, no es el doble del yo. En este punto se funda el lazo, no a nivel del espejo sino en el nivel de la pulsión.
Cuando el síntoma de uno se empareja con el síntoma del otro, la pareja permanece adherida a la felicidad de la pulsión de cada uno. La pulsión empuja hacia el campo del Otro, donde encuentra los semblantes necesarios para mantener su autoerotismo.
La disimetría de los goces en los lazos sintomáticos
Hay dos formas de lazos sintomáticos según se parta de las fórmulas de la sexuación del lado masculino o femenino.
Del lado masculino el goce fálico, del lado femenino se agrega un goce suplementario que, al no cerrarse en el conjunto del para todo fálico, conecta con una dimensión infinita, constituyendo  lo imparable de lo femenino.  Las dos formas degradan el partenaire al objeto “a” plus de gozar, pero la forma femenina puede vivir el amor de una manera loca, una entrega infinita.
No es porque son masoquistas, sino porque al no existir el limite, esa barrera de la amenaza de castración, pueden ser mucho más decididas para poner de sí mismas, para poner de su cuerpo y alcanzar el punto en que se aseguran el goce del Otro, en que se aseguran que el “tú me pegas” les vuelve en forma invertida”[8]
 El hombre es para la mujer un estrago. [9] Avenirse a ser objeto de maltrato en nombre del amor es una modalidad de estrago para la mujer. El estrago es exactamente la otra cara del amor....es la faz de goce del amor [10], es el síntoma.
Una mujer es un  sinthome para todo hombre. [11] En los casos de forclusión, la mujer como sinthome puede suplir el desanudamiento del nudo. Por lo tanto, puede suceder  que  la separación de la mujer desencadene una psicosis, con posibles pasajes al acto  que muchas veces se completa con el suicidio melancólico. 
Políticas del psicoanálisis frente a las políticas de género
Ya nos referimos a las políticas del género, ahora abordaremos las políticas del psicoanálisis que, fundadas en las enseñanzas de Lacan, se le contraponen.
La AMP ha sentado una posición al presentarse en 2013 y 2015 ante la ONU como una ONG con estatuto de consultante especial[12].
Género y sexuación
Es habitual oponerle al género los criterios que se deducen de la sexuación. En especial para explicar la violencia hacia las mujeres por el rechazo que produce quien encarne el misterio de la feminidad expresado en el Otro goce.
Si muchas mujeres parecen consentir a ser golpeadas es por su propio rechazo a ese goce enigmático que es el de ellas.
Quienes se apoyan en los Estudios de género suelen definir la violencia de género como la ejercida contra la mujer, por el sólo hecho de ser mujer. Ese es el espíritu del término femicidio.
Nosotros, podemos abordarla como la violencia ejercida hacia quien encarne el goce específicamente femenino, sea hombre o mujer en el sentido biológico.
Una mujer al dirigirse al goce fálico, del lado hombre, también puede ser víctima de violencia al caer en una lucha por ese dominio con su partenaire, o al ocupar el lugar de objeto, en ese caso objeto de rechazo.
Género e identidad sinthomal
Como plantea Miller[13] los Estudios de Género sustituyen identidad por identificación.
En la identificación hay fabricación, artificio, semblante, algo que se construye. En efecto según Butler “los términos femenino o masculino para designar el género, están siempre en un proceso posible de ser rehechos”[14].
Lacan mismo conmueve la cuestión de “la identidad sexual al formular que La mujer no existe”[15],  es decir que no existe esa identidad sexuada. Mientras tanto los Estudios de género sólo extienden esta premisa a todo el dominio de la sexualidad.
Sin embargo en el ultimísimo  Lacan ¡hay una identidad! : laidentidad sinthomal”
Miller dice que Lacan “sugiere que el psicoanálisis se podría definir como el acceso a la identidad sinthomal, es decir… acceder a la consistencia  absolutamente singular del sinthome”.[16]
Debemos vincular esta consistencia singular del sinthome, esta identidad, con esa otra “que es la única consistencia del parlêtre”[17] , la del Un-cuerpo, del que se obtiene el principio de identidad cuando “da una idea de sí mismo”[18] en tanto “mantiene unido al parlêtre”[19]
El Un-cuerpo como única consistencia es lo opuesto de la función $, que es una función variable del significante, que los Estudios de género tomaron como referencia al partir del de-constructivismo y al liberar una suerte de constructivismo generalizado, dando acceso a un sin límite de identificaciones, como así también a diferentes significantes para intentar nombrar otros diversos modos de goce.
Entonces “no hay identidad sexuada”, idea que en parte compartimos con los Estudios de Género pero “hay identidad sinthomal”, lo que nos diferencia de esos Estudios.
Cuando los Estudios de Género abordan la “Identidad de género” se refieren a identidades que nombran, por eso se reducen a identificaciones, mientras que la “identidad sinthomal” no es enunciativa ni se refiere a un saber dominado por lo simbólico, pues apunta al “saber hacer” con el sinthome.



Responsables: Carlos D. García, Ernesto Derezensky, Marcelo Marotta (relator), Graciela Ruiz. Colaboradores: María E. Banzato, Zulema Buendía, Viviana Capisciolto, Ana Cascardo, Rosmary Galvagna, Patricia Gorocito, Marcela Gutman, Norberto Inda, María F. Mina, Cecilia Salvetti, Patricia Sawicke, Daniela Szostak, Gabriela Triveño.





[1]  Lacan J. Seminario 19, p.19
[2]  Lacan J. Seminario 18 p.155
[3]  Miller. Los signos del goce,p 331
[4]  Miller. El Otro que no existe y sus comités de ética.p.416
[5]  Freud S. Las pulsiones y sus destinos
[6]  Lacan J. Seminario 11, p.201
[7]  Miller. op.cit, p 384
[8] Laurent, Posiciones femeninas del ser, p.70
[9]  Lacan J. Seminario 23. p.99
[10]  Miller J.-A. El partenaire síntoma. p.276
[11]  Lacan J. Seminario 23. p.99
[12]   Blog del VEL: ver artículos y reportaje
[13]   Miller, Piezas Sueltas, p. 410.
[14]   Judith Butler, Deshacer el género.
[15]   Miller, Piezas Sueltas, p. 414.
[16]  Miller, El ultimísimo Lacan, p. 140.
[17]   Idem, Piezas sueltas, p. 417
[18]   Idem nota 6, p. 108
[19]   Idem nota 7, p. 417

Departamento de Estudios Psicoanalíticos sobre Violencia Texto colectivo

Compartimos la elaboración colectiva de un texto que es el resultado de dos años de trabajo del Departamento de Estudios Psicoanalíticos sobre la Violencia (VEL).  En este periodo el Departamento se dedicó a la investigación de “Los lazos sexuales en el siglo XXI. Violencia de género y femicidio”  

(primera parte)

Violencia de Género
El género y los cuerpos sexuados
Una historia de los “Estudios de Género” ya fue desplegada en varias publicaciones[1], a modo de introducción  sólo puntuaremos algunas nociones de dos de sus representantes más importantes.
Judith Butler, en “El género en disputa”, discute las cuestiones del género alejándose de las posiciones esencialistas y constructivistas.
Buscando un instrumento de deconstrucción del “poder hegemónico heterocentrado” subraya el carácter performativo de la sexualidad y del género, entendido como el poder reiterativo y referencial  del discurso para producir los fenómenos que regula e impone. Este proceso, vinculado con la hegemonía heterosexual, produce cuerpos que importan y cuerpos abyectos, rechazados, impensables, que son invisibilizados y no alcanzan inteligibilidad cultural (gays, lesbianas, transexuales, intersexuales, minorías raciales, etc.)
Beatriz Preciado en “Testo Yonqui” vincula la invención de la categoría de género con lo que denomina el “nuevo régimen fármaco pornográfico”, desarrollando un análisis sexo-político de la economía mundial. 
La desidentificación crítica.
Preciado comunica los efectos de una experiencia que denomina “ensayo corporal” que consiste en la autoadministración de testosterona. Luego de adquirir una serie de caracteres masculinos, pasó a nombrarse Paul.
Siendo crítica al género masculino, justifica este “ensayo” desplegando su goce de la disidencia de género. Nunca se sintió mujer, pero no busca ser hombre, puesto que se postula como una especie de ateo del sistema sexo-género. Lo dice así: “No creo que exista la feminidad ni la masculinidad, sólo son ficciones políticas normativas. (…) Para mí la masculinidad no es un origen; yo no estoy buscando el hombre que yo era (…) esto de la reversibilidad está clarísimo: alguien puede tomar dosis de hormonas seis meses, dejarlas, retomarlas, volver a tener la regla, quedar embarazado… Es decir, en principio, nada impediría que alguien pudiera estar en un proceso de producción y modulación de género”.[2]
Ciencia y Capitalismo
Según Preciado “la era fármaco pornográfica” sitúa a la industria farmacéutica y  la pornografía como los medios a través de los cuales las burocracias gubernamentales desarrollan una nueva gestión política y técnica del cuerpo, del sexo y de la sexualidad.
El dispositivo pornográfico promueve una sexualidad para el espectáculo, donde lo público implica siempre la posibilidad de su comercialización, asegurando un consumo que se encuentra a disposición de cualquiera que tenga acceso a la red a través de múltiples soportes: televisión, computadoras, telefonía celular etc. 
De la industria farmacéutica se destacan los bajos costos de la fabricación y los montos importantes que se dedican a la investigación y desarrollo de nuevos productos, no por necesidades sanitarias sino según los cálculos de rentabilidad. 
La testosterona, junto con la oxitocina, la serotonina, el estrógeno, son un conjunto de moléculas disponibles para fabricar la subjetividad y sus afectos. Por fuera de estas ecologías somatopolíticas que regulan el género y la sexualidad, no hay hombres ni mujeres, del mismo modo que no hay heterosexualidad ni homosexualidad. La biotecnología y las técnicas quirúrgicas intervienen sobre el cuerpo, los órganos, los tejidos y las moléculas, a partir de las que se fabrica una nueva apariencia de naturaleza.
Más allá de sus diferencias, Butler y Preciado, coinciden al criticar a las nominaciones identitarias.  
Los géneros lacanianos
Los psicoanalistas, un poco azorados, asistimos en la actualidad a una especie de pulverización, un estallido del significante “género”.
En este apartado nos ubicaremos en un tiempo anterior y posterior al de la sexuación. Rescataremos algunas elaboraciones de Lacan sobre el género para demostrar que en ellas hay muchos argumentos para responder, antes y ahora, a los “estudios de género y sus políticas.” Con más de veinte referencias, el género en Lacan ha caído en el olvido, perdiéndonos algunas intervenciones significativas que permitirían renovadas respuestas.
Tomemos cuatro indicaciones de manera muy breve.
El género en relación a la histeria
En el Seminario 24, comentando las equivocaciones de género en el lenguaje, Lacan dice: “Pues es mi caso. Yo también, no tengo más que un inconsciente (...) Eso no quiere decir nada más. Yo no consisto más que en un inconsciente en el cual pienso noche y día, lo que hace que l'une-bévue devenga inexacta — ¡hago tan pocas equivocaciones (bévues)!. Por supuesto, las cometo cada tanto, me sucede decir en un restaurante. La señorita está reducido a no comer sino cangrejos a nado. En tanto que llegamos a cometer un error de este género, eso no va lejos. Al fin de cuentas, soy un histérico perfecto, es decir sin síntomas, salvo cada tanto este error de género. De todos modos, hay algo que distingue a la histérica de mí. Voy a tratar de presentárselos”
Esta histeria de Lacan, llamada por él mismo histeria perfecta, es la que no tiene síntomas, por   eso los errores de género que comete no van lejos, es decir, no llaman al sentido, al cuestionamiento por el ser o por el género, al contrario de las histerias de conversión freudianas que llaman a la interpretación, convirtiendo esos “errores” en lapsus que buscan sentido.
La histeria perfecta no está sostenida en el amor al padre, sin embargo, no está libre de los errores del género en el lenguaje.
Constatamos así dos errores de género muy distintos: uno que apunta a la identidad sexual y el otro puramente gramatical.
El género con relación al incauto
En el Seminario 21 Lacan construye la oposición entre incautos y no incautos. El incauto acepta ser tomado por el saber inconsciente, en cambio el no incauto rechaza estar tomado por el inconsciente.
El incauto del inconsciente se ubica del lado del error, de los desechos de la vida anímica situados por Freud. También está del lado de la repetición y de lo imposible.
El no incauto del inconsciente, al no pasar por el significante, su determinación queda del lado de la errancia. Quizás podamos ubicar aquí a los representantes de los Estudios de género, en tanto parecen desconocer al sujeto del inconsciente.
El género con relación al lenguaje
En el Seminario 19 dice: “Ellos (la niña y el niño) no se reconocen como seres hablantes (…) Lógicamente, lo importante es que se distinguen. Yo no lo negaba, pero es un deslizamiento. Lo que yo no negaba no es justamente eso. Se los distingue, no son ellos quienes se distinguen”.
Se los distingue por medio del lenguaje.
Actualmente los teóricos del género y de la teoría queer no sólo inventaron nuevos géneros sino que han creado nuevas formas de nombrar al género o la no identidad con el lenguaje. Por ejemplo se usa la @ en el lugar de la vocal que ubica al género, entonces se escribe: niñ@, tod@s, ell@s, nosotr@s pero existen dificultades para los pronombres singulares (él o ella) y para el lenguaje oral, porque el signo @ no se lo puede decir, entonces inventaron “todes” en lugar de todos. Se intenta romper con las nominaciones identitarias inventando otras formas de nombrar. 
Lacan mantiene la cuestión del género como semblante y no con el reduccionismo nominalista de los estudios de género.
Bassols plantea[3] que lo femenino es neutro y singular, no tiene género y escapa a cualquier intento de simbolización del lenguaje por lo que no se puede pluralizar. Para la teoría del género y la teoría queer la diferencia sexual está en el género como un significante amo, en cambio para Lacan la diferencia sexual es lo que no está en el significante.
La identidad de género
Lacan en el Seminario 18[4] comenta:“La identidad de género no es otra cosa que lo que acabo de expresar con estos términos, el hombre y la mujer…Para comprender el hincapié que se hace a estas cuestiones, en esta instancia debe percibirse que lo que define al hombre es su relación con la mujer, e inversamente. Nada nos permite extraer estas definiciones del hombre y de la mujer de la totalidad de la experiencia hablante…Para el muchacho, se trata en la adultez de hacer de hombre. Esto es lo que constituye la relación con la otra parte”
Constatamos que Lacan define a la identidad de género por el semblante, esto es por “el hacer de”, por el “dar signos de que se lo es”, más allá de toda identificación nominalista.
¿La violencia de género es una epidemia?
La violencia de género puede sostenerse en dos formas de epidemias.
La freudiana, que se contagia por identificación y que, como plantea Bassols, se puede propagar según el tratamiento que se le otorgue (por ej. el mediático).
Otra forma de epidemia es mediante la nominación. Una nominación que en lugar de cumplir una función de anudamiento limitando el goce, por el contrario “esparce goce” [5]
Como lo señala E. Laurent, el soporte del despliegue de las epidemias actuales son las nominaciones sociales. En la época del Otro que no existe el goce ya no es regulado por la nominación simbólica que introduciría únicamente el Nombre del Padre, en su lugar se producen nominaciones contemporáneas como estilo de goces que se juntan en comunidades o agrupamientos más o menos parecidos.[6] Como efecto producen “fabricaciones de clases inestables” cuya función es “etiquetar” el goce del síntoma del sujeto, tal como sucede con el DSM.
Laurent agrega: “La tendencia de este nominalismo contemporáneo sería la de inscribir los cuerpos en un sistema clasificatorio de modo tal que encuentren su lugar, su estilo de goce, dentro de una distribución dispuesta por el sistema del derecho”.[7]
Observemos que muchas mujeres que pasan por distintas situaciones de violencia quedan situadas como “víctimas de la violencia”, nominación imaginaria que resulta una trampa o una limitación de su propia palabra que queda reducida a la denuncia, o sólo como un testimonio que sirva para la verificación de los hechos como mera verdad de lo acontecido.
Hay casos notables en los que el sujeto toma al hecho de violencia como aquel que le da una identidad inmediata. Según la tesis de Pierre Rosanvallon la sociedad no ofrece soportes estables mediante los cuales los individuos puedan construir sus identidades constituyéndose así un vacío que se tiende a completar con nuevos semblantes, bajo la promoción de nuevas identidades. Es lo que se denomina una “demiurgia social”.[8] 




[1] Blog del VEL, ver artículos sobre el tema.
[2] Revista Ñ Nº612.
[3] Bassols Miquel, Lo femenino, entre centro y ausencia
[4] Lacan, J:  Seminario 18, p. 31
[5] Graciela Brodsky, Epidemias contemporáneas Revista Efecto Mariposa p.71
[6] Laurent E: El reverso del síntoma histérico p. 21
[7] Idem: p.22
[8] Mandil, Ram: Las epidemias y la demiurgia de lo social Revista Efecto Mariposa.