miércoles, 21 de noviembre de 2018

Psicoanalaisis Lacaniano . Jacques-Alain Miller Niños violentos

https://psicoanalisislacaniano.com/ninos-violentos/

Bassols M. "Acto de violencia" en Rayuela 4, publicación virtual.

ACTO DE VIOLENCIA _Miquel Bassols Tomo el título para este breve texto de una conocida novela de Manuel de Pedrolo[1] escrita en 1961 en pleno franquismo y cuyo argumento es tan simple como efectivo. Toda una ciudad, oprimida desde hace años bajo el poder del dictador, se moviliza para derrocarlo a partir de una simple consigna que ha empezado a circular de mano en mano en un panfleto anónimo: "Es muy sencillo: quedaros todos en casa". Tres días bastan para que el poder cambie de lugar sin verter una sola gota de sangre. La gran "movilización" es pues una detención de todo movimiento, de toda acción, de toda respuesta agresiva, pero el resultado es, en efecto, un verdadero acto de violencia. La novela tenía un primer título, "Rompamos los muros de cristal", que fue desestimado por su autor seguramente porque invocaba, a pesar de la invisibilidad de la fuerza opresiva, una acción agresiva que no quería animar. Sirva esta referencia para señalar de entrada la necesidad de distinguir, a la hora de considerar el tema de los niños violentos, el acto de la acción, y la violencia de la agresión. No toda acción es un acto, no toda violencia implica una agresión. Es la distinción que Lacan subrayó en distintos momentos de su enseñanza y sin la cual, tanto el fenómeno de la violencia, como el de la acción agresiva quedan difuminados en una misma y confusa conducta. Una acción motriz sólo se convierte en un acto si después de ella hay una modificación del sujeto, sujeto que es en realidad el efecto de este acto más que su causa. El ejemplo, tomado por Lacan, de Julio César atravesando el Rubicón no puede entenderse como una simple acción motriz sino como un verdadero acto después del cual el propio sujeto se ha modificado para ser ya Otro en relación a sí mismo, y para modificar a la vez su vínculo con el Otro ante el que sostendrá su acto. Por otro lado, sin ser en sí mismo un acto violento, tampoco podemos decir que sea ésta una acción agresiva. Pero la violencia que implica no deja de ser inherente a la modificación radical del sujeto en el acto de travesar la frontera que el río simboliza. Así, entre acto de violencia y acción agresiva se abre un abanico de singularidades que debemos tener en cuenta a la hora de tratar la violencia, tanto en la infancia como más allá de ella. Tal como señala Jacques-Alain Miller en el texto que preside nuestras elaboraciones sobre el tema[2], el plural de "niños violentos" implica entonces que "el niño violento no es un ideal-tipo", que hay violencias muy distintas y que es preciso distinguirlas según cada caso. Por ejemplo, no tiene nada que ver la violencia del niño autista, pura defensa ante lo real que invade su cuerpo sin sostén alguno en una imagen especular, con la violencia del paranoico, que rompe precisamente esta imagen especular en la que ha encontrado a su Otro perseguidor. Y nada tienen que ver estas dos, en lo que pudieran tener en común, con la del niño neurótico que atraviesa la ventana de su fantasma con un pasaje al acto que realiza la tensión agresiva que ese fantasma mantenía en una escena imaginaria. Y, aún, deberemos distinguir cada una de éstas de la violencia contenida en la misma tensión agresiva que podrá desplazarse a otras acciones, exentas de agresión pero que no dejarán de llevar la marca de aquella violencia inicial. Señalemos por otra parte que no hay nunca un verdadero acto, con la separación que supone necesariamente de su objeto, sin cierto grado de violencia, aunque más no sea la que implica la castración simbólica, aquella que hace posible que "el goce sea rechazado para que pueda ser alcanzado en la escala invertida de la Ley del deseo"[3], según la sentencia de Lacan evocada en ese mismo texto. Si todo acto verdadero tiene siempre un rasgo de automutilación, de separación del objeto que se llevaba, por así decirlo, pegado al cuerpo, no es por la mayor o menor brutalidad de esta separación como podremos medir su carácter de violencia sino por las consecuencias que tenga para el propio sujeto. Volvamos de nuevo al niño autista para encontrarlo preso de una violencia extrema ante la sola separación del objeto que lo acompaña necesariamente de un lugar a otro, separación que en sí misma no parecerá violenta para aquél que lo esté observando o, incluso, para aquel que esté forzando esta separación. Y, al revés, preguntemos al mismo observador su impresión sobre la violencia que supone la autolesión que otro niño se produce a sí mismo con un daño irreversible pero sin dar señales de dolor alguno. La violencia es cada vez un fenómeno subjetivo que tiene distintas vinculaciones con la acción de agresión efectiva y manifiesta, o con la tensión en la que queda contenida de manera no menos agresiva. Sea en un extremo o en el otro de este amplio abanico clínico, la violencia tiene siempre, sin embargo, un mismo rasgo señalado muy pronto por Lacan: "¿No sabemos acaso que en los confines donde la palabra dimite empieza el dominio de la violencia, y que reina ya allí, incluso sin que se la provoque?"[4] El dominio de la violencia empieza allí donde se rompe el pacto simbólico de la palabra, allí donde la pulsión deja de tener su amarre en el significante para aparecer como lo que es siempre en su límite, pura pulsión de muerte. Pero la frontera entre los dos dominios no es tan nítida y simple como querría la buena voluntad del mediador para rehacer ese pacto roto de la palabra y devolver sus límites al goce de la pulsión. Porque, tal como indica Lacan, la violencia reina también en esos mismos confines, incluso sin que nadie la provoque y la desencadene con cualquier chispa, ya que esa chispa puede ser la palabra misma. Hay pues una violencia inherente a lo simbólico. En realidad, al contrario de lo que se suele pensar, la violencia es un producto, nada natural, de lo simbólico mismo, del malestar en la cultura al que Freud dedicó su texto inaugural para sacar definitivamente al "buen salvaje" de su paraíso. Es por ello que al hablar de niños violentos debemos distinguir —como indica Jacques-Alain Miller— "la violencia como emergencia de una potencia en lo real y la violencia simbólica inherente al significante que cabe en la imposición de un significante-amo"[5]. Incluso podemos llegar a decir que el significante, el significante que es el soporte de la lengua y de sus formas de satisfacción pulsional, es la primera violencia ejercida sobre el cuerpo. Violencia más o menos suave, violencia más o menos dulce según sea una canción de cuna o un feroz imperativo sin nadie todavía que pueda obedecerlo, pero violencia al fin y al cabo. Ya sea en un caso como en otro, la violencia inherente al significante es una violencia que puede ser rechazada por el sujeto, antes mismo de que llegue a obedecer a su sentido. Volvemos por ahí al caso del niño autista que se rehúsa al vínculo que el significante establece con el Otro y que a partir de ahí sentirá como una violencia intolerable. Así los fenómenos de la violencia, y muy especialmente en la infancia, no son separables de la relación que el sujeto mantiene con la pulsión y con aquello que limita el goce pulsional. Este límite, subrayó Lacan, no podemos encontrarlo en la Ley, por muy distinta a la simple norma que la supongamos, no podemos encontrarlo tampoco en la prohibición clásicamente atribuida a la función simbólica del padre. No es la Ley ni la prohibición la que puede poner límite a la violencia y al goce de la pulsión de muerte. Esa Ley, indica Lacan, "hace solamente de una barrera casi natural un sujeto tachado"[6]. Es decir, la ley simbólica, la ley misma de la castración, no tiene en sí misma la posibilidad de limitar el goce, más bien a veces puede empujar al sujeto hacia ese territorio, como bien vemos en el caso de Sade en su relación con la ley kantiana estudiada por Lacan. La ley no hace otra cosa que inscribir eso que Lacan llama ahí "una barrera casi natural" —y todo el problema es ese "casi"— como un sujeto tachado, como un sujeto dividido entre deseo y goce. Ahí donde hay deseo hay siempre una pérdida inevitable de goce. Esa "barrera casi natural" no es otra que lo que Freud llamó "principio del placer" que, lejos de igualarse a una voluntad de goce, lo limita. "Pues es el placer el que aporta al goce sus límites, el placer como nexo de la vida, incoherente", sigue escribiendo Lacan allí. La violencia del goce no sigue pues el principio del placer, como se podría suponerse según una concepción demasiado rápida del "instinto violento", sino que se sitúa más allá de ese principio. Entonces, el principio del placer tiene sus razones para limitar la violencia del goce o el goce de la violencia. No son razones distintas a las que Lacan evoca al final del texto, señalado por Jacques-Alain Miller de nuevo, en la figura de la Ley del deseo, la que implica esa pérdida de goce necesaria para renunciar a la violencia como "emergencia de una potencia en lo real". Creo que podemos encontrar una figura de esta Ley del deseo en una noción que Lacan no indica de forma explícita pero que me parece pertinente señalar en relación a la problemática de los "niños violentos". Es la figura de la autoridad, que no es necesariamente la de la autoridad paterna o la autoridad de la norma legal, incluso puede oponerse a ella. Es la autoridad de la autorización del sujeto en su deseo y en la cesión del poder a la palabra. Encontramos esta referencia en alguien que fue un maestro de Lacan en la lectura de Hegel, el filósofo Alexandre Kojève. Creo que su lectura puede ser de gran actualidad en muchos puntos, especialmente la de su libro "La noción de la autoridad"[7]. Es un libro escrito justo después de la Segunda Guerra Mundial y de la constatación de una crisis generalizada de las formas clásicas de autoridad, crisis a partir de la que se vieron surgir las más siniestras figuras del autoritarismo. Alexandre Kojève, además de señalar que la Legalidad es el cadáver de la Autoridad, sostiene allí lo siguiente: "Ejercer una autoridad no sólo no es lo mismo que emplear la fuerza (la violencia), sino que ambos fenómenos se excluyen mutuamente. De manera general, no hay que hacer nada para ejercer la Autoridad. El hecho de estar obligado a hacer intervenir la fuerza (o la violencia) prueba que no hay Autoridad en juego. A la inversa, no se puede —sino a la fuerza— hacer que la gente haga lo que no haría espontáneamente (por sí misma) sin hacer intervenir a la Autoridad."[8] Se trata aquí de la violencia como un uso de la fuerza que no es necesariamente física, tampoco como una emergencia súbita de lo real. Es más la violencia como un producto de lo simbólico mismo en la imposibilidad de resolver los impasses de lo imaginario, de la rivalidad y de sus tensiones agresivas. Es una violencia correlativa a la pérdida de autoridad del significante amo como tal. Digamos que en la medida que el sujeto no puede autorizarse en la Ley del deseo sostenida en ese significante amo, hay un recurso necesario a la violencia, también a la violencia de lo simbólico que ya reina allí, en los confines de la palabra. Desde esta perspectiva, acoger la división del sujeto en relación al significante amo, obtener esa división que de hecho inscribe, transcribe en lo simbólico la división del sujeto ante la pulsión, es un modo de tratamiento posible de la violencia. En todo caso es el modo que el psicoanálisis puede ofrecer en el polo opuesto en el que se colocaría un "guardián de la realidad". En lugar de pretender tratar la violencia desde el "principio de realidad", posición que encontramos con frecuencia en los modos de tratamiento por adiestramiento o modificación conductual, se trata de hacer al propio sujeto —y ello empezando por el niño considerado como sujeto responsable de sus actos— guardián del principio del placer como verdadero límite del goce de la violencia. No es una tarea fácil ni cómoda pero es la única forma analítica de acoger y tratar el recurso a la violencia para encontrar en ella la división del sujeto, división que implica estar en el mundo como un ser hablante. 6 de mayo de 2018 NOTAS Pedrolo, M. de. Acte de violència. Editorial Sembra, Valencia, 2016. Miller, J.-A. Niños violentos. Conferencia de clausura de las IV Jornadas del Instituto del Niño. París 2017 en Carretel nº 14. Revista de la DHH-NRC. Bilbao. 1917. p. 9-17. Lacan, J. "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano". Escritos, Ed. Siglo XXI, p. 807. Lacan, J. "Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud". Escritos, ed- Siglo XXI, México 1971, p. 360. Miller, J.-A. Opus cit. p. 10. Lacan, J. "Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano". Escritos, Ed. Siglo XXI, p. 801. Kojève, A. La noción de la autoridad. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires 2006. Kojève, A. Opus cit. p. 38.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Seminario 2018


"El orden simbólico en su dimisión y en su eficacia. ¿Qué consecuencias tiene en los fenómenos de violencia?

                                                                                                         Por Graciela Ruiz
                                       
En el 2017, estudiamos los primeros textos de  Lacan, una período de pasaje, denominado pre-estructuralista, del Lacan psiquiatra al  Lacan psicoanalista. También un periodo en el cual los fenómenos de violencia aparecen de una manera muy explícita, articulados a la locura yoica. La violencia contra el orden del mundo, vivido como desorden, como la única salida del encerramiento narcisista. La agresión suicida del narcisismo. Nos detuvimos en los efectos psíquicos del modo imaginario. El cuerpo oscila entre la imagen del estadio del espejo y la pulsión mortífera del narcisismo.

Este año 2018, damos un paso más, los primero textos sugeridos, responden al periodo del goce en lo imaginario, tal como J.-A. Miller lo articuló[1], en el llamado Primer Paradigma del goce.  La diferencia con el momento anterior es que Lacan ya no se centra tanto en el “yo” como sede de ese goce imaginario sino en el registro simbólico que va adquiriendo una gran importancia en su enseñanza. Pero más precisamente, nos centraremos, en el debilitamiento de la cadena simbólica, momento en el cual emerge el goce imaginario, en ocasiones bajo la forma de violencia.

“¿No sabemos acaso que en los confines donde la palabra dimite empieza el dominio de la violencia, y que reina ya allí, incluso sin que se la provoque?” (Introducción al comentario de Jean Hyppolite, Lacan 1954) Escritos 1 pág. 360.

Tal como lo indica J.-A. Miller, Lacan, en este momento de su enseñanza, retoma los términos imaginarios por el registro simbólico, esta operatoria va introduciendo la “significación del goce”. Un goce ligado a articulaciones simbólicas, el fantasma es una expresión paradigmática de esto. “Pegan a un niño” es la expresión fantasmática que concentra un goce íntimo del sujeto que no trasciende necesariamente en fenómenos de violencia. 

Así avanzamos hacia  la significantización del goce,  que nos aleja de las posibilidades de  agresión manifiesta. Aunque es bueno recordar la cualidad del goce, no siempre se sabe exactamente cuándo cesa en su ejercicio, cuando el “suficiente” deja al sujeto en el plano del placer o cuando lo arrastra hasta el más allá.

Son varios las formas de interpretar esta ruptura de la cadena simbólica, por ejemplo, la forclusión….. una desafortunada interpretación analítica, se trata de formas en la que algo se sustrae a la elaboración simbólica.  También son variadas las forma de emergencia de ese goce imaginario: acting out, pasaje al acto, transferencia negativa, alucinación…Es en estas diversas formas de emergencia donde encontraremos los fenómenos de violencia.

Al mismo tiempo que haremos el comentario de estos textos clásicos de la enseñanza de Lacan, sostendremos la pregunta sobre el orden simbólico en el siglo XXI y sus consecuencias en los fenómenos de violencia. Recordemos lo que escribe Marcelo Marotta en ocasión del Congreso de la AMP que convoco sobre este tema.

“Que el psicoanálisis vincule los fenómenos de violencia con las fallas de lo simbólico, con los impasses de la civilización, es que juegue su partida “con relación a los nuevos reales que testimonian el discurso de la civilización hipermoderna”, para ello el analista deberá estar advertido que su intervención no solo podrá tener efectos en la cura, sino también en lo social.”[2]

¿Esos nuevos reales?, ¿como caractrizarlos? Hay algunas respuestas, por ejemplo el papel preponderante de  la femineidad, su protagonismo político y sus efectos subjetivos.
La tecno ciencia,  lo que se mide, lo que se medica, la deriva de las clasificaciones. 






Bibliografía orientativa:
Seminario 1 “Los escritos técnicos de Freud”, capítulos 4, 7, 10 y 11.
“Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud- Escritos 1, pág. 360.
Seminario 4 “Las relaciones de objeto”, capítulo 7.
Seminario 5 “Las formaciones del inconsciente”, capítulo 26, págs. 467 a 469.




[1] Miller J.-A. La experiencia de lo real en la cura analítica. Clase XIII, Paradigmas del goce. pág. 221 Paidós, 2003, Bs. As.  
[2] Marotta Marcelo. El orden simbólico en el siglo XXI. Scilicet. Violencia Pág.360. Ed. Grama. 2011. BS.As. en el párrafo se cita a J.A. Miller “Una fantasía” pág 15.

La imagen que ilustra este espacio es de la artista plástica Patricia Pellegrini.

jueves, 11 de enero de 2018

Nos preparamos así para este año 2018

Departamento de Estudios Psicoanalíticos sobre la Violencia- VEL: Violencia Estudios Lacanianos
Responsables: Ernesto Derezensky, Marcelo Marotta y Graciela Ruiz
Duración anual. Frecuencia quincenal. 2º y 4º lunes de 13:30 a 15 hs.

La violencia y el cuerpo en la enseñanza de Jacques Lacan
Considerando las últimas conceptualizaciones de Lacan acerca del cuerpo, nos hemos propuesto realizar una lectura retroactiva a través de los distintos períodos de su enseñanza para circunscribir y esclarecer la relación entre la violencia y el cuerpo.
Nuestro Seminario además de dedicarse a dilucidar las elaboraciones teóricas y las articulaciones conceptuales, también se orienta hacia las indicaciones clínicas de cada caso y las distintas propuestas que puedan surgir ante los obstáculos que se  presentan cuando la práctica se  ejerce en diferentes ámbitos de la ciudad.
Los períodos de la enseñanza de Lacan la hemos dividido según la propuesta de Jacques- Alain Miller:
1-      Período imaginario: estadio del espejo o período pre-estructuralista.
2-      Período simbólico:
Estructura matemática-significante articulado
Estructura lingüística: Metáfora-grafo-estructura significante.
Estructura lógica: cuatro discursos y fórmulas cuánticas.
3-      Período topológico: nudo borromeo y toro
4-      Período de la “ultimísima enseñanza”: silencio y poesía

Como nuestra propuesta es además y sobre todo una orientación de investigación, excede el marco temporal del Seminario. Por lo tanto, así como el año pasado nos dedicamos al Período Imaginario, en el año 2018 abordaremos el Período Simbólico.

Bibliografía orientativa:
Seminario 1 “Los escritos técnicos de Freud”, capítulos 4, 7, 10 y 11.
“Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud- Escritos 1, pág. 360.
Seminario 4 “Las relaciones de objeto”, capítulo 7.
Seminario 5 “Las formaciones del inconsciente”, capítulo 26, págs. 467 a 469.
“Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache” Escritos 1.
“La subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”- Escritos 2.
Seminario 10 “La angustia” Capítulos 2, pág. 33 y 11 pág. 167.
Seminario 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. Capítulos 14, 16 y 17.
Seminario 17 “El envés del psicoanálisis”, capítulo 9.
Seminario 20 “Aún”, capítulo 7.

“El atolondradicho”- Otros Escritos.

domingo, 22 de octubre de 2017

En la segunda clase dedicada al texto "Acerca de la Causalidad psíquica" abordaremos el segundo punto:
"La causalidad esencial de la locura", contando ya con la diferencia entre psicosis y locura que desarrollamos en la primera clase.
 Para ello retomaremos junto con Lacan: los puntos esenciales del caso Aimée, la referencia de Hegel sobre la "ley del corazón" y el personaje Alcestes de Molière de la obra EL Misantropo.
Trataremos la estructura general del desconocimiento como la causa de la locura, como comprender  y evaluar su posible relación con hechos de violencia.
                                                      La clase estará a cargo de Graciela Ruiz

jueves, 5 de octubre de 2017

Próxima clase


 Les recordamos a los miembros y participantes del Departamento de Estudios Lacanianos sobre la Violencia, que el próximo lunes 9 de Octubre de 13:30 a 15:00 horas, tendrá lugar la trigésima clase del Seminario Anual, respetando la frecuencia de los segundos y cuartos lunes de cada mes.



Lugar: Ancón 5201
C1425FYH CABA



LA VIOLENCIA Y EL CUERPO EN LA ENSEÑANZA DE JACQUES LACAN



"Acerca de la causalidad  psíquica" es un texto en el que Lacan retoma la controversia entre los psicogenéticos y los organicistas. Su critica al organodinamismo resulta totalmente vigente en tiempos de las neurociencias.
Con este texto cerramos el periodo "imaginario" de su enseñanza. Un periodo en el cual Lacan se acerca a los fenómenos de violencia como nunca, de la mano de su interés por la locura y por la maquinaria del pasaje  al acto. 
La vigencia de este periodo se retoma en  la época del Otro que no existe,   J.-A.Miller, lo dice así, si no existe el Otro, existe el Yo. Circunstancia que pone en el centro de la escena al narcisismo y a lo imaginario.

La clase del Seminario estará a cargo de Graciela Ruiz



Responsables:

Ernesto Derezensky,  Marcelo Marotta y Graciela Ruiz.

 Facebook:   Violencia Estudios Lacanianos