Damien Hirst

Damien Hirst
Damien Hirst, arte con el objeto "a"

miércoles, 3 de junio de 2015

Comentarios realizados por la coordinadora de la mesa "Ficciones de la época"



                                                                María Elisa Banzato

Ficciones de la época, es el nombre de esta mesa, que reúne tres trabajos bajo dos articuladores: la ficción y la época.
Podemos advertir que la ficción remite a múltiples sentidos; ante todo, el fingir, pero también, el simular, el aparentar, e incluso, el inventar.
Simulación, apariencia, imitación e invención son rasgos que encontramos en estos tres trabajos. Espejos de una época que hoy se quiebran y fragmentan.
De la época, toman, los tres trabajos, un magnífico recurso ficcional, la ficción cinematográfica.
Tres trabajos que nos muestran el estallido de algunas ficciones de la época, o mejor, ficciones que nos atravesaban en el siglo anterior.

Una versión de estas ficciones es la de “Los muchachos no lloran”. Una película que es una ficción de un suceso real. Que, a su vez, en su título mismo, muestra una ficción del siglo anterior, que “los hombres no deben llorar”.
Es la trama de la gran simulación que debe montar Brandon, un joven transexual, a fin de vivir acorde a estas ficciones de la época: más allá de una forma de vestir o de comportarse, los hombres son fuertes, no son cobardes, no pueden llorar.
Como Gabriela Triveño señala, el psicoanálisis ha destacado que el inconsciente no se rige por el dato biológico. Sin embargo, este joven es violado y asesinado al descubrir, sus agresores, que biológicamente era mujer.
Cuando la ficción se quiebra – cuando el semblante falla, dice Gabriela – irrumpe lo real, bajo su dimensión de violencia.
Violencia que introduce la cuestión de la segregación, como rechazo al goce del Otro, ajeno y odiado. Una violencia segregativa de la diferencia.

Otra versión de las ficciones de la época es que “los niños no mienten”.  Esta vez, la película “La caza” nos muestra uno de los excesos de la época – el abuso del abuso.
Como Ricardo Vila señala, también están delimitados los lugares ficcionales, ya asignados para hombres y mujeres, como lugares de oposición: armas versus hijos.
Podría pensarse  que “el excesivo aguante” del protagonista, constituye una falla del semblante, que hace de Lucas, el personaje, “la presa perfecta para ser cazado”.
Que “los niños, a veces, mienten” – como dice Marcus en la  película – produce la falla de esa ficción, desencadenando la irrupción de la violencia.
La película nos muestra el desarrollo de la violencia segregativa, donde Lucas es rechazado y excluido, golpeado y hasta intentado cazar, asesinar.
Cazado al modo del Homo sacer, del que da cuenta Giorgio Agamben, pues parece que no hay delito en flagelar el cuerpo de Lucas.

El tercer caso nos muestra la vía de una invención delirante, que Mónica toma de otra película – “Transformer”.
Nos muestra la falla de otra ficción: la de los vestidos. “Los hombres se visten de hombres; las mujeres, de mujeres.” “Hay cosas de hombres y cosas de mujeres”. Ficción que comienza a quebrarse allá por los ’70, con la ‘moda unisex’.
En Mónica se produce un estallido de esa ficción cuando se encuentra metida en ese “vestido al cuerpo y tacos”. La “parte de mujer” que la hacía “sentir travesti”.
Menos perturbadora es la apariencia de ‘rockero’, aunque lo que no la dejaba en paz son “los abusos” que llevaba “puestos” – casi como un vestido – y a los que define como “lo que hacen los otros, que yo no quiero”.
El título de la película, “Transformer” – al que Mónica le da un valor neológico – le permite una suerte de pacificación, de estabilización, al menos por ahora, de armonía entre  su “sentirse hombre” y esa “parte de mujer” que la llevaba al fracaso constante de una ficción, de un semblante que no puede construir.  
La intervención de la analista, ubicando una “extracción”, posibilita el “transformer” entre ‘el rockero’ y ‘el travesti’, logrando una ‘transformación” entre su “pensar como hombre” metido en una “coraza de mujer”, alcanzando una provisoria “armonía” en su ‘cuerpo propio’.


Trabajo presentado en la mesa "Ficciones de la época" de las Jornada del VEL

Una respuesta: Transformer”.
                                                                                          María Fernanda Mina
El trabajo que voy a presentar se orienta por una respuesta e invención singular.
La paciente, a quien llamaré Mónica, llega a consultar al equipo de Violencia del Hospital Álvarez, luego de la aparición de alguna sintomatología en el cuerpo. Refiere “calores”, y unas secreciones que comienzan a salir de sus mamas. Manifiesta a los profesionales que la atienden en otro hospital de CABA (ginecólogos y endocrinólogos) que no puede hacerse los estudios ginecológicos que le indican. M. es derivada a este equipo luego de un relato que contempla una sucesión de abusos ocurridos durante su infancia y una historia de violencia en su familia.
Realización de lo imaginario: los “abusos.
Desde las primeras entrevistas, explica que va a la ginecóloga, pero no se atiende. “Mi sexualidad, me siento hombre. Como hombre me sentía abusado. Como mujer, ya había sido abusada”. Dice “Los abusos están metidos, están puestosAl ser interrogada acerca de esto, no puede agregar nada más. A lo largo del trabajo se pondrá de relieve que se trata de un uso particular que M. hace de lo que llama “abusos”. Cabría pensar que se trata del Otro hostil en su cuerpo. Allí donde imaginario y real no se encuentran regulados vía lo simbólico, aparecen los “abusos”.
También agrega, “Me baño y soy agresiva con mi cuerpo… con la esponja… que algo salga de vosNo saber qué hacer con mi parte íntima… eso me da dolor…”
Cuenta un episodio de su adolescencia, que hace pensar que allí se sitúa el desencadenamiento: Su hermana se casaba, ella se pone un “vestido al cuerpo y tacos…” Dice “Aguanté hasta llegar a la iglesia… salí corriendo… Llegar a mi casa, arrancar todo… Me sentí travesti… Empecé a querer decirlo…” Y aclara, además, “la elección es de antes de los abusos”.
Los estudios médicos, finalmente concluyen en un diagnóstico de cáncer de tiroides, por lo que planifican una operación en sus cuerdas vocales.
El trabajo analítico.
Intervengo nombrando la operación como “extracción”. En la misma línea, se trabaja acerca de “sacar de encima” los abusos, mediante la palabra. Comienza a armar algunas diferencias entre el “abrazo”, “lo afectivo o físico”, que dice “sería tapar cosas” y lo que llama la “contención emocional”. Señalo, y sostengo esa disyunción de lo *físico y la *“contención emocional” que comenzará a orientarse del lado de la palabra. “Tengo las cosas separadas”, dice, y continúa concurriendo a distintos Hospitales para tratarse (uno en relación a la “contención emocional”, el otro, a lo físico).
Se pregunta acerca de qué la “afectó tanto” y enseguida agrega, “Por las ausencias… no tener respuesta fue lo que me afectó…” “Querer y no sentir que te quieran… Buscar respuestas…”  Se dispone a “hablar de la sexualidad”. Para esto, se saca una campera y queda con una remera de rock, a la que le dobla las mangas, acentuando su apariencia de “rockero”. Explica, “lo quiero es cuidar mi virginidad, lo único sano, lo único que no abusaron de mí…”. Y manifiesta que “la que no me deja en paz es esa parte de la mujer”.   
Durante el tratamiento, ocurre una contingencia, olvido el delantal. La paciente retoma la entrevista siguiente de esta manera, “Como los superhéroes, sabes que es, pero no tiene el traje… no pude hablar… se que sos vos pero no sabía si podía hablarahí está mi problema.” Me manda un mensaje de texto, diciendo algo acerca del delantal, y le contesto firmando “Lic. Fernanda Mina”. Lo lee, según dice, “Me pusiste un límite… me diste una notificaciónMe aseguraste así…”
Sentí por primera vez en terapia que sí se puede superar los abusos de chica… Resolver y empezar a sacar mierda…
No es una solución estar evitando los médicosEsa sensación de manoseo, salir corriendo, lavarme, la imagen de lo que pasó: el vecino, tu tío, tus hermanas… no existir de repente, desnudarme toda… salir corriendo y estampillarme con algo…” Expresa que lo que la angustia es “lo sexual, mi cuerpo”.
Dice que estuvo pensando lo que le pasa con los médicos. “Cuando hacen algo que yo no quiero, pienso que eso es un abuso… esa es la parte emocional”.
Finalmente atraviesa la operación de los nódulos tiroideos, y según refiere el diagnóstico es que son benignos. “Algo tuyo ya no está…” Comienza a decir “Ahora el dolor sale, no queda como antes…” Sin embargo, luego de los estudios pertinentes, los resultados diagnostican que los nódulos son malignos… “¿Cómo pudieron transformarse?....”, comienza a armar una trama.
Hacia una respuesta.
Llega muy conmovida al Hospital. Dice que tuvo “una sensación de suicidio”. “Lo afectivo, en dos tiempos, el presente y el dolor del pasado…” Y como consecuencia, no recuerda nada de su vida anterior. Piensa “Me causa gracia… no está mal no tener memoria… No tengo sentimientos… Como volver a nacer… Tengo conocimiento de quién es cada uno, pero no siento nada, no lo afectivo… es como estar no dominado sino dominar… total, el otro no sabe cómo me siento yo…
Habla acerca de la película “TRANSFORMERS”, una de sus favoritas  (según leo, se trata de la lucha por la paz definitiva, para lo que uno de los robots se convierte en la última esperanza para su planeta, para lo cual debe tomar una forma humana). Trae un diálogo del robot protagonista con su padre, del que entiende que hablan de “pensar en el valor de vida”.
Hablamos de los transformers, y sostenida desde ahí, casi diría, sostenida en su delirio, en el transcurso de las entrevistas, comienza a recordar algunas cuestiones. Ubica “el abuso”, como lo último que recuerda del día del intento de suicidio. Dirá, “Como que está revertido”. Pregunta por qué arrastró tanto dolor, “llegué a la conclusión de que fue por no haberlo aceptado… Lo que sana el dolor es la aceptación”.
Comienza un rearmado imaginario que se traduce en un cuidado personal: mirarse al espejo, ponerse cremas. Cuenta “surge un amor propio, mi cuerpo es mío, como enamorada de mi cuerpoPoner en armonía la razón y el cuerpo”. En este sentido, recuerdo la cita de Miller que sugiere: “Esta consistencia imaginaria (…) se basa en una relación del parletre con su cuerpo. (…) La relación que Lacan perdió en el nivel sexual, (…) reaparace en el nivel corporal.”[1]
Así, M. ubica la “coraza”, aquel lado de mujer, y su “esencia”: “Pienso como hombre… en las relaciones, llevo la parte del hombre”.
Me pregunto ¿al relato de Mónica lo podemos pensar como una invención hacia la estabilización, un modo de tratar al hombre y la mujer que conviven en su cuerpo?
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[1] Miller, J. A. La relación corporal, en Piezas sueltas. Buenos Aires,  Ed. Paidós, 2013.

Trabajo presentado en la mesa "Ficciones de la época" de la Jornada del VEL

“Los muchachos no lloran”
Gabriela Triveño
Es el nombre de una película dirigida por Kimberly Peirce en 1999 (“Boys don’t cry”) basada en la historia de Teena Brandon, una muchacha que nació en Lincoln, Nebraska y cuya familia la describía como una “tomboy” (marimacho). Desde la adolescencia Teena salía con mujeres y luego de mudarse a otra ciudad, comenzó a vestirse y comportarse como un hombre, poniendo su apellido como nombre: Brandon. Logrando hacerse pasar por un hombre encuentra amistades y una novia. Dentro del círculo de amigos, estaban dos exconvictos, uno de ellos había sido novio de la actual novia de Brandon y cuando salió a la luz que Brandon era anatómicamente mujer, fue violada por ellos.
Se hizo la denuncia de violación, sin embargo, la policía se centró más en el hecho de que Brandon era mujer pero lucía como varón y no levantaron cargos sobre sus agresores, quienes al enterarse de la denuncia, buscaron y asesinaron a Brandon.
Según la organización TvT (Transrespeto versus transfobia en el mundo) desde el 2008 hasta el 2014 han sido asesinadas 1612 personas transgénero en 62 países, a la cabeza están Brasil y Mexico, luego siguen Colombia, Honduras, EEUU y Venezuela. Actualmente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos está documentando cada vez más casos de violencia contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex (LGBTI) en América. Consideran que es una forma de violencia de género impulsada por el deseo de castigar a los que desobedecen las normas de género. Muchos actos de violencia se registraron contra personas percibidas como gays, lesbianas o trans y otros tantos se registraron cuando se dieron cuenta que lo eran, incluso llevados a cabo por la policía.
¿Cómo se puede pensar esto desde el psicoanálisis? Hoy en día hay muchos casos similares al caso de Brandon, quien es considerado transgénero o transexual desde el discurso del género. Para el psicoanálisis el género tiene una dimensión de semblante. En el Seminario 18, en el capítulo llamado “El hombre y la mujer”, Lacan dice que Freud muestra que el funcionamiento del inconsciente no tiene nada de biológico, que lo que estudia la biología no tiene nada que ver con lo que él llama las relaciones entre el hombre y la mujer. Explica que la identidad de género es el hombre y la mujer porque así se los nombra en el lenguaje. Se reparten a los sujetos entre uno y otro y lo que es necesario percibir es que lo que define al hombre es su relación con la mujer e inversamente.
Para el hombre se trata de hacer de hombre, dar signos a la mujer de que se lo es y que esto forma parte de la dimensión del semblante. En la película se ve constantemente cómo Brandon buscaba estos signos para dar cuenta de su masculinidad ante la gente y sobre todo ante su novia. Incluso se fabrica un pene al estilo de una prótesis casera para simular excitación en el encuentro sexual. En este seminario el falo es un semblante, puesto en el lugar donde la relación sexual no puede escribirse.
El título mismo de la película me hace pensar en el género como semblante, pues se dice que los muchachos, los hombres no lloran. Y antes de este título la directora tenía otro pensado que era: “take it like a man” (tómalo como un hombre), ambos títulos me hacen pensar en un tono irónico y sarcástico del género como semblante en tanto “parecer ser”.
Me surgen entonces las preguntas ¿Qué ocurre entonces cuando el semblante falla? ¿Cómo se puede llegar al punto en que su falla pueda producir violencia o incluso un asesinato?
El personaje de Brandon en la película es bastante exitoso al hacerse pasar como varón, sostiene bien ese semblante pero se topa con un límite. Se sabe que es mujer porque es arrestado por falsificar un cheque y cuando su novia le paga la fianza, lo ve encerrado en la celda de las mujeres. En la película la novia sigue con él, pero en la realidad, la novia hizo un juicio a los productores de la película diciendo que no fue así, que una vez descubierta la verdadera identidad de Brandon, ella no era más su pareja. Lacan también dice en este Seminario que el semblante (simbólico e imaginario) se opone a lo real, en el caso de Brandon esta oposición trae consecuencias.
Miller en “Extimidad” dice que cuando se trata de racismo y odio, lo que se odia en el Otro es en realidad el odio al goce del Otro, a la manera particular en que el Otro goza. La segregación es el rechazo a un goce que no se identifica como el propio o como cada uno identifica como propio, se trata de un goce que es ajeno y que además es ignorado. Por lo tanto, se trata de cancelar esa ajenidad mediante la segregación.
En el texto para la ONU “El empoderamiento de la mujer y el psicoanálisis” escrito por Patricio Álvarez como parte del Comité de Acción Escuela Una, dice que la mujer es un misterio para el hombre y para ella misma. Que con el concepto de sexuación, Lacan atribuye un goce diferente para lo femenino y lo masculino (que no tiene que ver con la anatomía). El goce fálico para lo masculino, que es cuantificable, localizado en una parte del cuerpo, regido por una ley. Y el Otro goce, situado del lado de lo femenino que es opaco, no decible, no cuantificable ni localizable. Lacan dice que lo no entendible del goce es el principio de la segregación y que por eso el misterio de la feminidad que encarna el Otro goce es rechazado en cada sociedad. Y el texto dice: “Esta segregación está el principio de la violencia de género, desde sus formas sociales disimuladas hasta las formas criminales”.
La segregación está presente entonces, en todo fenómeno de violencia, pero no toda violencia de género implica segregación. Sin embargo, concluyo que los fenómenos de violencia como el asesinato de Brandon son fenómenos de segregación y las personas que los cometen les suponen, una vez que han fallado los semblantes del género, un goce que les es ajeno, diferente al suyo y buscan cancelarlo mediante la violencia. Dentro del discurso social, esto sería violencia de género.
Bibliografía
  • ALVAREZ, Patricio “El empoderamiento de la mujer y el psicoanálisis” el Comité de Acción Escuela Una, la AMP en la ONU, 2015 (Inédito).
  • García, Carlos Dante "La violencia: ¡Qué locura!En La violencia síntoma social de la época. Ondina María Rodríguez Machado/Ernesto Derezensky (Orgs).  Belo Horizonte, Scriptum Livros, 2013. 
  • García, Carlos Dante "Los géneros lacanianos y los otros” (Inédito) 2015.
  • LACAN, Jacques (1971) “El Seminario XVIII: De un discurso que no fuera del semblante” Paidós, Buenos Aires, 2003.
  • MILLER, Jacques-Alain “Extimidad”, Paidós, Buenos aires, 2010.



Trabajo presentado en la mesa "Ficciones de la época" de la Jornada del VEL

MADS MIKKENSEN protagoniza LA CACERIAComentario sobre la película JAGTEN - La caza o la cacería.
De Ricardo Vila.

Es un drama que gira en torno a una denuncia de abuso sexual infantil y las consecuencias de esta acusación en un pequeño pueblo de Dinamarca donde todos se conocen.
El titulo “La caza”, alude a la cacería de venados, tradición de los habitantes de este pueblo y también a lo que ocurre con el protagonista que es “cazado”. En la caza, la presa elegida es Lucas.
Lucas es un profesor que, tras el cierre de la escuela en la que dictaba clases, pasa a trabajar en la guardería infantil. Acaba de ser abandonado por su esposa, quien se llevó a su hijo adolescente Marcus a quien solo se le permite ver una vez cada quince días, no se sabe por qué, aunque la omisión de este dato, contribuye a crear un clima social de desconfianza hacia Lucas.
La película transmite la atmósfera de odio en la sociedad y el miedo de Lucas, que es obligado a pelear por su dignidad y su imagen.
En la guardería los niños juegan a la caza ¿Quién de ellos podrá vencer a ese gigante? Uno de los niños quiere ir al baño, Grethe -directora de la guardería - dice que es Lucas quien debe acompañarlo, Lucas no parece estar muy convencido de realizar esos quehaceres, aún así acompaña al niño y debe limpiarlo.
El director danés Thomas Vinterberg, que junto a Lars von Trier, fundan en 1995 el movimiento cinematográfico Dogma 95, redactando el "Manifiesto del Dogma 95" y el "Voto de Castidad", que reúnen las reglas para hacer un cine basado en valores tradicionales de historia, actuación y tema, y excluyendo el uso de elaborado efectos especiales o tecnología, utiliza este marco para presentar el drama que se desarrolla a partir del decir de una niña enojada, tras lo que siente como el rechazo de sus sentimientos.
Abuso sexual infantil es toda conducta en la que un menor es utilizado como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, sin que importen los medios utilizados para convencer u obligar al menor.
Klara es la hija de Theo amigo de la infancia de Lucas, Klara no puede pisar las líneas del suelo, no tiene permitido pisarlas y por lo tanto al tener que mirar hacia abajo no puede aprenderse el camino y se pierde es la excusa para que Lucas recorra con la niña una y otra vez el camino del colegio a casa con la niña.
Theo aprovecha para charlar con Lucas y preguntarle sobre el divorcio y la relación con Marcus, Lucas contesta que las cosas están bien, pero Theo no le cree, dice saber cuando Lucas miente por que este tiene un tic en el ojo lo delata.
Torsten el hijo mayor de Theo y un amigo entran corriendo con una tablet en las manos, de camino hacia su habitación le muestran a Klara unas fotos pornográficas, entre risas.
Lucas va camino al trabajo nuevamente se encuentra con la niña, esta vez en la puerta de su casa, se escuchan los gritos de los padres de Klara discuten sobre quien debe llevarla a la guardería, Theo sostiene que es deber de la madre. Lucas se ofrece a llevarla, Klara le da la mano.
Los niños varones de la guardería esperan escondidos, el juego de cazar a Lucas se repite, Klara mira no es un juego de niñas, Lucas tirado en el piso se hace el muerto, Klara se abalanza sobre él que mantiene los ojos cerrados y lo besa en los labios, Lucas la reprende pero Klara se muestra enojada.
En la oscuridad espera que sus padres vengan por ella, una vez más se han olvidado de pasar a buscarla. Grethe le pregunta ¿Qué haces allí? Y la niña responde: Odio a Lucas, es tonto y feo, y tiene pito – la mayoría de los hombres tiene - dirá Grethe, mientras Klara agrega “El suyo apunta para arriba”.
Grethe llama a Lucas a su oficina y le dice “He estado dando vuelta a una cosa, no puedo quitármelo de la cabeza”, “un niño me ha dicho que ha pasado algo entre ustedes que solo debería pasar entre adultos, dice que no le gustó, que ha visto tus genitales, no quiero sacar conclusiones precipitadas”
El decir de Klara le permitirá a Grethe concluir un hecho de pedofilia.
Un protocolo municipal para estos temas, hará que  Grethe llame a Ole para consultarlo aunque nada hace pensar que Ole esté mejor preparado que Grethe para estos “temas difíciles”. Juntos interrogan a la niña,  de tal modo que Klara al decir su verdad deja creer que aquello que Grethe y Ole imaginan había ocurrido.
Luego, “todos los niños cuentan la misma historia”. La alarma social toma a la pequeña comunidad, provocando la exclusión de Lucas, y agresiones sobre él, no hay necesidad de juicio, no hay necesidad de demostrar la culpabilidad.
Dinamarca es uno de los países más liberales del mundo en lo referente a la sexualidad. Desde principios de los 70 han legalizado el porno a la vez que hicieron obligatoria la educación sexual en las escuelas.
La característica felicidad de la sociedad danesa tiene bases en la confianza y la sinceridad que se dispensan los daneses, esto hace que un acto de abuso sexual infantil sea un crimen particularmente aberrante.
Solo Bruun padrino de Marcus reconoce que aunque siempre se asume que los niños dicen la verdad, y que por desgracia muy a menudo esta verdad coincide con la realidad, podría no ser así.
Klara le pregunta a su madre, si está enojada con Lucas, la madre intenta cambiar el tema, Klara agrega: “Él no ha hecho nada, solo he dicho una cosa tonta, ahora todos los niños hablan”, aún con su corta edad, la niña puede intuir las consecuencias de sus dichos.
Cuando Klara miente en su enojo Grethe le cree, su familia le cree, la sociedad le cree, pero cuando Klara dice la verdad, la madre no le cree.
El argumento de Jagten muestra con total claridad la inocencia de Lucas y a la vez lo muestra como la presa perfecta, esta allí para ser cazado, por los niños en el juego, por su novia en el sexo, por Grethe en su trabajo.
Se deslizan una tras otra imágenes de una comunidad con tradiciones que dan al hombre y a la mujer, lugares precisos, a ellos le toca la valentía el lago helado, las armas, a ellas los hijos, la cocina.
Lucas no lo sabe pero ya no pertenece a esta comunidad, abandonado por su esposa, preocupado por recuperar la relación con su hijo, trabajando en una guardería, cosa que hasta los niños ven extraña.
Aislado en su casa, sin trabajo, Lucas es agredido una y otra vez, la relación victima - victimario se invierte alcanzando el punto de causar en el espectador el sentimiento de impotencia, propio de la verdad que no se adecua a la realidad.
“Siempre aguantas demasiado, te lo he dicho siempre”, es el reclamo de Bruun a Lucas, quien un año después para la fiesta de iniciación de Marcus, tras la cual se precipita un final totalmente sorpresivo en la soledad de la cacería que muestra como el odio perdura y mantiene las heridas abiertas.

martes, 2 de junio de 2015

Intervención de Ernesto Sinatra en la mesa plenaria "El género en cuestión" de la Jornada del VEL

LA IMPLOSIÓN DEL GÉNERO
1 - El empuje al goce: de la cosquilla a la parrilla
            No vamos a hablar del goce así, por las buenas. Ya les he hablado bastante de ello como para que sepan que el goce es el tonel de las Danaides y que, una vez que se entra, no se sabe hasta donde va. Se empieza con las cosquillas y se acaba en la parrilla. Esto también es goce…”
                                                                                                                                      Jacques Lacan
Sigmund Freud interpretó a su época: el malestar era el síntoma que mostraba que la renuncia pulsional -¡hay que dejar de gozar! como mandato paterno de la civilización- no (re)instalaba la felicidad, sino que, por el contrario, reforzaba el circuito infernal del super-yo reintroduciendo la ferocidad del goce por medio de la prohibición.
Si consideramos ahora -siguiendo la orientación de Jacques-Alain Miller- el malestar de la civilización en la época freudiana a partir de las coordenadas de la sexuación, encontramos que ella obedecía a la lógica que Jacques Lacan adjudicó a la posición masculina: el conjunto sostenido en el Todo, a partir de la culpa y el castigo, de los pecados y su expiación: de ese modo el imperativo proscriptivo de la civilización reforzaba el super-yo en el nombre del Buen Padre que vigilaba.
Al respecto, conviene acentuar el modo por el que la iglesia florecía hasta allí con su negocio: ‘¡hay que dejar de gozar!pero si has pecado, puedes expiar tus pecados; pero entonces vuelves a gozar, y entonces vuelves a la Iglesia para volver a expiaretc.
El imperativo actual de la civilización ha devenido “¡hay que gozar!, en una época que sabe demasiado de la inexistencia de la relación sexual. La porno-cultura muestra lo que hasta ayer se velaba: la multiplicación de cuerpos gozando pero incluyendo ahora- el coito exhibido y sus desinencias.
El espectro hiper-moderno del goce renueva sus desplazamientos de la cosquilla a la parrilla. De un lado la cosquilla: el avance mediático del goce sexual el todo para verde la pantalla omnivoyeur recaptura la implosión del género en sus variaciones (gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, inter-sexuales...) transformando en comedia la desigual lucha por los derechos de las minorías sexuales, ridiculizando sus demandas de reconocimiento social, a partir del panóptico chismorreo de la sociedad del espectáculo.
Por el otro, la parrilla: desde la agresividad urbana, cotidiana; el ascenso de la criminalidad; la degradación creciente de los caídos del mercadoY nos interesa especialmente remarcar dos fenómenos: en el primero de ellos comprobamos la mostración estructural de lo insoportable de la diferencia sexual, rechazada de un modo criminal en los fenómenos de la denominada violencia de género’, que evidencian hasta donde puede llegar el rechazo a lo heteros, al Otro sexo. Violencia de género que hace pareja con las cada vez más frecuentes- muertes por sobredosis adictivas de jóvenes  producidas por las más sofisticadas drogas de diseño combinadas con alcohol (producidas hasta en las previas).
Estos acontecimientos son frecuentemente acompañados por la hipocresía del Otro social, que suele ofrecer soluciones cosméticas a un problema que involucra lo real mismo de la política: la disgregación de la autoridad y sus consecuencias.

2- La implosión del género en la feminización del mundo
En este estado de cosas, el estado debe regular en el campo del goce, lo que hasta ayer  era considerado un derecho divino, no tan sólo natural: el matrimonio adviene igualitario y la identidad de género deja de soldar cuerpo y sexo.
Desprendemos así una secuencia que hemos despejado en otro lugar: de la caída del padre -se sigue- el declive de lo viril -a lo que responde- la feminización del mundo.
Se verifica hasta qué punto la época actual --la de la feminización del mundo que leemos: No-Todo­­-- es coherente con un nuevo malestar determinado por el empuje de la no-relación sexual: la no-naturalidad de la sexuación se hace evidente no sólo con la ley del matrimonio igualitario y la ley de la identidad de género, sino además a partir del estallido de las clasificaciones producido por las demandas subjetivas de reconocimiento del derecho al goce.
Luego de los homosexuales, ahora van por sus derechos bisexuales; travestis; transexuales; intersexuales; hasta los metro-sexuales (hombres heterosexuales que cuidan su imagen, embellecen su figura y producen sus cuerpos siguiendo métodos que sólo las mujeres utilizaban hasta ayer nomás, inscribiendo una página más en los fenómenos de la feminización del mundopara participar en la guerra de los sexos); últimamente han llegado los cross-dresser a las tapas de las revistas —hombres heterosexuales que gustan del encuentro con otros hombres, trasvestidos como ellos, simplemente para hacer uso del goce de la palabra vestidos de mujeres, hablando en armonía y libertad de cosas de mujeres.
Tal vez uno de los casos más interesantes, por su vinculación directa con el fenómeno de la globalización, y por la argumentación de sus pensadores, la constituye la teoría queer. Pero si bien sus partidarios se encuentran en torno de la hipótesis que la orientación sexual y la identidad sexual es resultado de una construcción social, razón por la cual llegan a rechazar el género como concepto que organice sus modalidades del ser, existen a su vezdistintos sub-conjuntos, los que suelen agruparse en torno de las sexualidades periféricasdistribuyéndose ¡también ellos! en otras categorías que imponen al conjunto del género una dispersión fenomenal.
Desde esta perspectiva, para nosotros, la teoría Queer es un producto más de la feminización del mundo, consignando aquí que feminización no quiere decir atributos femeninossino No-Todo, lo que indica que el fundamento del Todo: la excepción, ya no cumple su función y que por ello el conjunto universal masculino-femenino ha estallado en la pluralización del género. ¡A cada uno su singularidad! ¡A cada uno su modo de gozar!
Es por ello que hemos denominado a este estado de cosas: la implosión del género, pulverización del género en múltiples categorías configurando micro-totalidades[1] que exigen su derecho a ser consideradas en sus particularidades de goce[2]
Para decirlo de una vez: la implosión del género es una consecuencia mayor de la época del No-Todo, en su empuje a la proliferación de nuevas categorías sexuales; mostrando en el estado actual de la civilización hasta qué punto inexiste el Universal que permitiría agrupar al Todo de LA Mujer.
Al respecto, vale considerar como verificación de nuestras hipótesis una nota reciente de un periódico tradicional es decir: conservadorde nuestro país, en la que los directivos de Facebook anuncian que ofrecerán en su portal a sus usuarios, para ser identificados a partir de…¡cincuenta y cuatro opciones diferentes de identificación de género! Sí: ¡54!
Fa­ce­book aca­ba de anun­ciar que ofre­ce­rá a sus usua­rios 50 op­cio­nes de iden­ti­fi­ca­ción de gé­ne­ro. En la ca­te­go­ría que fi­gu­ra den­tro de In­for­ma­ción Bá­si­ca, el des­ple­ga­ble aho­ra in­clu­ye op­cio­nes per­so­na­li­za­das y no bi­na­rias, co­mo in­ter­se­xo, neu­tro, an­dró­gino, sin gé­ne­ro, gé­ne­ro du­do­so, gé­ne­ro flui­do, va­rian­te de gé­ne­ro, queer o nin­guno.”

Para agregar, la misma nota, al dar la palabra a uno de los directivos de Facebook:
“…la­men­ta­ble­men­te, en mu­chos idio­mas no exis­te la ma­ne­ra de re­fe­rir­se a un ser hu­mano sin in­cluir su gé­ne­ro – plan­tea alex Schultz, vi­ce­pre­si­den­te de cre­ci­mien­to de Fa­ce­book, pun­ta de lan­za de es­te em­pren­di­mien­to–. Pe­ro lo que no­so­tros que­re­mos es dar­le a la gen­te op­cio­nes pa­ra ex­pre­sar quié­nes son real­men­te, pa­ra per­mi­tir­les ser quie­nes au­tén­ti­ca­men­te son.”

Curiosa respuesta, para no incluir el género ¡ofrecen más de 50 posibilidades de identificación de género! Ya lejos del binarismo tradicional que los usuarios del non-gender rechazan, Facebook se sube a la ola de la desnaturalización del sexo ofreciendo en su portal más acá de la cuestión del género- algo que debe ser destacado, el ideal que alberga cada clasificación: ofrecer un ser que realmente nombre la singularidad de cada cual. 
La sexuación, hueso real de la sexualidad en los humanos está a la orden del día subida ella también- al cenit de la civilización emplazando las variaciones de los modos de gozar.

3 - Nuestra orientación : lo real de la sexuación vs. la Identidad de género 
La ley de identidad de género desde hace ya tres años está vigente en la Argentina; antes de su promulgación efectuamos en un espacio del ICDEBA (Ateneo de Psicoanálisis y Género) algunas puntualizaciones que ahora, para finalizar, retomaremos.
Ø  A la elección del sexo la llamamos: sexuación
Con una escritura que parodia la lógica matemática, el doctor Lacan indicó que la sexualidad humana no puede ser reducida a la distribución de los cuerpos entre hombres y mujeres a partir de un binarismo natural o cultural. Esta inadecuación hombre-mujer la formuló de un modo provocador al afirmar que no hay relación sexual, indicando de este modo la falta de complementariedad en las formas de gozar de un lado y del otro de lo que denominó- la sexuación
En este punto la ley de identidad del género, al permitir que cada quien pueda corregir su identidad sexual contrariando a la que recibió en su organismo, se orienta (hasta podríamos decir: ¡se autoriza!) en la premisa psicoanalítica según la cual hay determinación del sexo, elección sexuada. s allá de la clasificación de la sexualidad que implosiona en las variedades del género, se trata de dos y sólo dos posiciones sexuales, las que localizamos a partir de la barra vertical: lado macho y lado femenino (o No-Todo). A ellas las caracterizamos con el predominio del falo en el nombre del padre -del lado macho-; y en el más allá de los semblantes paternos del Otro lado, el femenino, el del No-Todo. Es éste el principio que nos rige, nuestra brújula.
Ø  La ‘rectificación registral del sexo’ no es equivalente a la elección inconsciente del sexo
La identidad de géneropermite una reasignación sexual´, una rectificación de géneromediante operaciones de cambio de sexo. Pero el debate va más allá de lo real de la anatomía, ya que introduce otra cuestión: la nueva identidad sexual puede tramitarse ante el Registro Nacional de las Personas expresando el sujeto ser de un sexo diferente del biológico. De este modo se separa (se vuelve a separar) el cuerpo del nombre; el sexo de la identidad, ya que incluso no es necesaria la cirugía para transformar la identidad sexual sino que basta tan sólo con una declaración jurada para dejar de ser hombre-mujer.
El aspecto progresivo de esta ley es evidente, en principio porque implica el reconocimiento de derecho de las minorías sexuales al ofrecerles un amparo jurídico desde la cuestión identitaria, poniendo un freno legal a la violencia discriminatoria ejercida sobre transexuales, travestis, gays, lesbianas, etc. que incluye, especialmente, las asiduas intimidaciones por parte de personeros de las fuerzas públicas.  Pero hay un aspecto de la ley que es, al menos, inquietante. A partir de la inexistencia de una bipartición natural, el sexo se construye por una compleja trama de identificaciones de las que el Otro de la referencia socio-familiar participa necesariamente, y el psicoanálisis ha descubierto que las coordenadas significantes de la identificación se hallan siempre encausadas por las singulares marcas producidas en cada Uno por el traumatismo de la no relación sexual. Es así que las ficciones de los fantasmas hacen existir ahí mismo (en esas marcas) una relación donde no la hay (donde no la había), apoyándose en los bordes del cuerpo para extraer de allí goce. La paradoja que encuentra el psicoanálisis es que la elección de sexo siempre es inconsciente -determinada por el modo singular de satisfacción pulsional- pero que requiere del consentimiento de cada parlêtre para ratificarla o rectificarla.
Llegados a este punto es preciso interrogar las condiciones de este consentimiento cuando el cambio de la identidad sexual se realiza sin más soporte- en una oficina administrativa de la burocracia de los estados con el único requisito de la mayoría de edad y la manifestación de que la inscripción del ciudadano en el nacimiento no coincida con con su identidad de género autopercibida” , lo que “siente en el cuerpo”.
No se trata de introducir en esta hiancia entre lo natural y lo real de la sexuación nuestros prejuicios, sino de ofrecer a cada parlêtre el espacio analítico para reconsiderar lo que se ha producido entre su nacimiento en manos del Otro y la localización inconsciente del sexo, para reconsiderar a partir de allí su demanda de rectificación registral del sexo.
Las consecuencias de las transformaciones de la intimidad nunca son gratuitas y una intervención en el plano simbólico para reasignar el sexo puede producir efectos indelebles y sobre todos- irreversibles en la subjetividad.
Ø  No ceder en los principios: ni el cuerpo es el organismo, ni el género lo real del sexo
Revisemos ahora nuestras clasificaciones. Hasta hace muy poco tiempo una repartición parecía organizar nuestra casuística: el travesti, considerado como aquel transformista que no tocaba lo real del organismo, sino que acudía a los semblantes femeninos para ofrecerse a la mirada del Otro, parodiando a la mujer fálica para obtener de allí un goce particular; mientras que por la otra orilla transitaba el transexual, aquél que por haber transformado su cuerpo interviniendo en lo real de su organismo, se lo pre-clasificaba en el campo de las psicosis. Pero hoy que los travestis transexualizansus cuerpos al implantarse prótesis en sus organismos, ¿han devenido por ello transexuales? ¿O sólo lo serían si se implantaran genitales (mujeres) o si se los amputaran (hombres)? ¿Deberíamos por ello pre-clasificarlos, entonces, también a ellos de psicóticos?
De hacerlo así, mecánicamente, inscribiríamos nuestros prejuicios en la nosología, aplastando lo singular de cada caso en la generalidad clasificatoria que ofrecen los fenómenos. Aquí –una vez más- el buen sentido podría perdernos, buscando en las conductas la norma-padre de la desviación: retrocediendo por ejemplo- a los degeneradosfreudianos de 1905 catalogados todos de perversos. De hecho, se trata de leer de otro modo la casuística a partir de la apertura de los modos de goce que la época promueve, modos de goce que determinan formas de vida e impregnan con sus vestimentas la variedad de los fenómenos del género. 
Hoy -más que nunca- debemos estar advertidos de que los síntomas contemporáneos responden a las manipulaciones realizadas sobre el organismo: en ellos el cuerpo se muestra como superficie de inscripción de sucesivos goces (en cortes, tatuajes, piercings, ablaciones, implantes, intervenciones).
Por ello es preciso inventariar las consecuencias que las tecno-ciencias producen de la mano del mercado: Impossible is nothing!- al ofrecer el sueño de hacer posible lo imposible. Aclaremos: esas transformaciones operan sobre lo real de los organismos (implantes, ablaciones), pero nada asegura que con la manipulación realizada se produzca la modificación concomitante en los cuerpos (al menos no en la dirección pretendida). Que los organismos se conviertan según lo esperado por medio de la cirugía, no implica que los cuerpos respondan satisfactoriamentea esa transformación.
La delicada cuestión que aquí nos interpela es que además de respetar los derechos a la elección de una identidad sexual se abre la responsabilidad ética de ofrecer a la comunidad nuestra práctica para que aquél o aquella- que así lo deseare reflexione sobre la rectificación sexual que ha decidido, evaluando sus posibilidades reales de efectuación y advertir sobre lo que se pone en juego en tal decisión y los riesgos reales que se corren en cada caso.
No es poca cosa ofrecerle al sujeto transexual un tiempo de comprender -el tiempo de poner a prueba los fundamentos y consecuencias de su decisión- que le permita aliviar la urgencia que se instauró entre la angustia del instante de ver -cuando tempranamente comprobó que su sexo no se correspondía con su nombre- y la presión del momento de concluir -que lo empuja a consumar la decisión cuanto antes, sin ningún tipo de consideración, en ocasiones, acerca de lo irreversible de tal decisión.
La cuestión es muy compleja, pues, por ejemplo, el empuje a la mujer’ (irrupción deslocalizada del goce en el cuerpo que -para ser nombrada, situada- impulsa a un hombre a transformarse en mujer) ya se tramita por la vía quirúrgica y existen casos comprobados de desencadenamientos de psicosis producidos luego de la intervención ablativa. Se constata que no es lo mismo el anudamiento que podría producir en ciertos casos el sentimiento del empuje a la mujer, que el desanudamiento desencadenado por su realización efectiva.
Por lo pronto no se trata de producir una intervención clasificatoria de los trastornos y desviaciones de conductas a partir de una supuesta norma sexual que habría sido transgredida[3], sino de intentar un uso lógico del síntomaque nos permita evaluar en cada caso cómo se ha producido la pura percusión del significante en el cuerpo.  Y es en tanto que el psicoanálisis comprueba que no hay una justicia distributiva en relación con los sexos, que nos corresponde advertir a la comunidad y al Estado sobre los riesgos de impulsar una justicia compensatoria que pudiera transformarse en un (nuevo) empuje generalizado  al goce.
Y para dejar este punto, respecto de la práctica analítica que sostenemos, restan al menos- dos verificaciones por efectuar, las que declinan en interrogaciones:
La primera, ¿cuál será el destino del amor en el siglo XXI a partir de las transformaciones del género y de la intimidad? La segunda, un problema crucial para nuestras Escuelas: ¿hasta qué punto sostenemos nuestros principios, más acá del empuje del mercado de consumo hípermoderno? 



[1]Siempre se puede explicar que la estructura del no-todo es abstracta y que, de hecho, en la realidad las cosas no funcionan así. Y es que esta máquina implica la constitución insistente  de micro-totalidades que, al ofrecer nichos, abrigos, cierto grado de sistematicidad, estabilidad, codificación, permiten restituir cierto dominio. Sin embargo, esto es a costa de una especialización extrema de los sujetos allí atrapados, que traduce la presencia de dicha máquina.  Así para restituir un dominio, es preciso elegir un campo muy restringido de significantes, un campo muy restringido de saber
[2] Las micro-totalidades encuentran en las tribus urbanas una modalidad paradigmática de su manifestación. Ellas, desde la coalescencia saber + goce, anudan a sus integrantes en torno de un rasgo diferencial; se nombra un goce, se lo aísla, se lo asocia con un saber bien delimitado, se inventa una clase a partir de destacar esa coalescencia goce/saber ¡y ya está!, se ha constituido una micro-totalidad: Skaters; Grunges; Góticos; Heavies; Hard Cores; Skin Heads; Emos; Raperos,Floggers...la lista no cierra, mostrando su inconsistencia estructural. El elemento aglutinante de las tribus parece ser lo que llamaré- un goce éxtimo: exclusión del universo social con inclusión solidaria en la banda; marginación de las leyes del Otro con inserción fuertemente normativa en su micro-totalidad. Las substancias tóxicas suelen ser coadyuvantes del lazo asociativo, y en ocasiones advienen rasgos determinantes del accionar compartido, como sucede en una modalidad de ciertas tribus urbanas: el rito del botellón.
[3] Realizada, siempre, en el nombre del padre